*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Entradas etiquetadas como ‘Susana Brussa’

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La Señorita Julia, dirigida por Cristina Banegas

La señorita Julia

Adaptación de Alberto Ure y José Tcherkaski
sobre el original de August Strindberg

Dirección: Cristina Banegas

Con Belén Blanco, Gustavo Suárez y Susana Brussa

Producción General: Fernando Madedo & Nacho Fumero
Co-producción argentino-uruguaya con el apoyo de Iberescena

Sociedad, sexo y poder a través de salvajes actuaciones de Belén Blanco, Gustavo Suárez y Susana Brussa bajo la dirección de Cristina Banegas en una co-producción sin precedentes entre Argentina y Uruguay.

Estreno en el Río de la Plata de la adaptación de Alberto Ure y José Tcherkaski de la célebre obra de August Strindberg. La señorita Julia reflexiona sobre las relaciones de poder, las políticas sobre la sexualidad, los vínculos sociales, como así también sobre las condiciones y las posiciones de clase.

La prestigiosa actriz y directora  Cristina Banegas vuelve a poner en escena un texto de Ure luego del gran éxito de La familia argentina y que reencuentra en los escenarios rioplatenses a Strindberg y al trío Banegas – Ure – Belén Blanco a más de 20 años de las recordadas El Padre (1989) y Los invertidos (1995).

Alberto Ure y José Tcherkaski realizan esta adaptación al Río de la Plata de una de las obras más emblemáticas del teatro moderno en el año 1978 mientras en Argentina y Uruguay gobiernan de facto Videla y Aparicio Méndez. En este contexto dictatorial Ure y Tcherkaski se apoyan en la ruina del drama strindberiano profundizando el desgarrado y destructivo universo del autor.

Esta obra, coproducción argentino-uruguaya que cuenta con el apoyo de Iberescena, fue estrenada en Uruguay, en el Teatro Solís de Montevideo, desde el 5 al 21 de febrero de este año. Once funciones con localidades agotadas y elogiosas críticas de la prensa uruguaya y argentina.

Asimismo,  formará parte del Festival Santiago a Mil de Chile, y realizará giras al interior de Argentina y Uruguay.

Belén Blanco (Julia)
Gustavo Suárez (Juan)
Susana Brussa (Cristina)

Dirección: Cristina Banegas
Producción general: Fernando Madedo & Nacho Fumero

Iluminación: Sebastián Marrero
Escenografía y vestuario: Magda Banach
Diseño y composición musical: Carmen Baliero

Producción ejecutiva: Ivana Nebuloni

Asistencia de dirección: Betty Couceiro

Asistencia de producción: Agustina Márquez Merlin

Asesoramiento coreográfico: Virginia Leanza

Realización de vestuario: Camila Orsi

Diseño gráfico: Ivanna Locmanidis

Fotografías de escena: Juan Pablo Viera

Prensa: Valeria Piana (Uruguay) Carolina Alfonso (Argentina)

 

Funciones: sábados y domingos 20 hs.

Duración:   70  minutos.

Centro Cultural de la Cooperación

Sala Solidaridad, Corrientes 1543.

Informes: (011) 5077-8000 – Boletería: (011) 5077-8077

Compra telefónica: http://www.centrocultural.coop/boleteria.html

Entradas: $ 200 y $ 160 (descuentos a estudiantes y jubilados).

http://www.centrocultural.coop/

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Imprevisiblemente poética

Constanza muere

Hay títulos que sintetizan el argumento, otros que sugieren ideas, algunos caprichosos y solo pocos que permiten hacernos volar antes de tiempo.

Constanza muere (escrita y dirigida por Ariel Farace) forma parte del último tipo y tiene la particularidad de atraer al público, función tras función.

Sabemos que Constanza (Analía Couceyro) muere y, sin embargo, somos conscientes de que el argumento es mucho más que un fallecimiento. Que el folleto dice: Es difícil dejarlo todo, y resulta angustiante imaginarlo.

Una puesta en escena excelente que compone la casa de esta mujer con tantas cosas por decir. Un recorrido por el que se pueden ver todo tipo de objetos, aparatos y accesorios acumulados a lo largo de los años. ¿Acumular para qué?

Constanza es visitada por la muerte (Matías Vértiz) y alguien más que bien podría ser ella de más joven (Florencia Sgandurra). Es entonces cuando los sonidos y acciones guturales se combinan para el desenlace final. Para una muerte convincente y lenta en la que se pueda observar cada detalle corporal.

Y una vez muerta -o habiendo al menos intentado morir- se reúne con ellos y surge un realismo mágico muy atractivo. Disfrutar de una merienda, de un té calentito, de unas macitas y del placer que encierra algo tan tradicional, del poder compartir recuerdos y volver a vivirlos.

Ella está en todo, como toda persona mayor que suele no descuidar el orden ni las plantas ni su memoria ancestral. Entonces cuenta anécdotas de pequeña como una de sus once años en que jugaba a morir.

¿Se pueden ensayar formas de muerte?

¿Se puede preparar una persona para ese momento sin saber cuándo le va a tocar?

Como escenas que se suceden unas a otras éstas son separadas por una luz sepia. No son muchos los colores que aparecen en las vestimentas ya que los diálogos y discursos poéticos ilustran demasiado.

Todo, todo, todo, todo repite la protagonista; y, tiempo después lo hace con nada, nada, nada, nada. Estas dos palabras opuestas -pero complementarias- evocan un universo paralelo en el que es posible la convivencia de antagonismos. Como parte de la contrariedad de la vida, de sus pasos, del olvido y el recuerdo.

Zapatillas de baile que solo darán un impulso y no serán jamás usadas, posturas copiadas de una parca un tanto particular, conversaciones sensatas, sentidas y conmovedoras.

Ver a quien fallece no resulta del todo ameno, pero en esta historia se puede disfrutar el desenlace gracias a la presencia del séptimo arte artesanalmente. No precisa de una pantalla audiovisual ni de aparatos electrónicos, sino que con detalles específicos Ariel Farace consigue fusionar cine con teatro. La guadaña pasa a reemplazar a una cámara filmadora y con las sombras y luces conseguir el efecto deseado.

A su vez, las melodías suenan a cargo de una intérprete-actriz que consigue ambientar las escenas sin pronunciar palabra alguna, pero formando parte de todos los rituales necesarios para que la nueva muerta se sienta a gusto.

Como quien está leyendo un libro habitualmente y, de repente, siento cambios en su cuerpo imposibles de evitar. Como quien pensara toda su vida en ese día oscuro o como quien pretendiera continuar haciendo lo mismo que cuando respiraba. Y, de alguna manera, ¿cómo saber que la muerte no es una continuación de la vida? ¿Cómo comprender lo que se puede sentir segundos antes del adiós definitivo?

Quizás, después de todo, no sea demasiado malo y la oscuridad exista más en vida que fuera de la misma.

Una anciana que habla con un tono de voz impostado y que, recién llegando al final, va entremezclando su propia voz -como si su juventud y adultez se enfrentaran al igual que la figura de la pianista a quien contempla de una manera muy especial-.

Constanza muere es una obra para sentir con el corazón abierto y los sentidos a flor de piel. En definitiva, las interpretaciones en los textos de Farace pueden ser infinitas, motivo por el cual es tan valiosa su escritura y modo de percibir la vida.

ficha Constanza muere

Mariela Verónica Gagliardi