*** Septiembre 2019 ***

Entradas etiquetadas como ‘Sofía González’

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Besame mucho, de Javier Daulte

Besame muchoUn grupo de uniformados se entrena y prepara para hacer frente a lo inesperado. Se trata, claro, de una tarea de éxito improbable ya que lo inesperado tiene la cualidad de tomarnos siempre por sorpresa.

Todo comienza cuando una de las agentes, Costa , llevada por los celos, monta (en complicidad con otros agentes) un operativo clandestino para investigar la vida privada de una de sus compañeras de trabajo, Paluzzi , quien poco después desaparece. A partir de aquí todos se involucran en el despliegue de una investigación que tiene por objeto saber qué pasó con la agente desaparecida. Las pistas se contradicen y cada deducción lleva a un nuevo callejón sin salida. Así es como paradójicamente la búsqueda de la verdad los aleja más y más de los hechos. Y es justamente eso lo que les impedirá ver la amenaza que ha venido deslizándose invisible y que se cierne sobre todos. 

Autoría: Javier Daulte

Actúan: Laura Accetta, Germán Bua, Gustavo Castellano, Sebastián Dartayete, Guillermina de Zabaleta, Federico Donofrio, Diego Gallardo, Sofía González, Jimena Grandinetti, Marisa Pucheta, Juan Manuel Rotz

Diseño de vestuario: Carolina Boverini

Diseño de escenografía: Sabrina López Hovhannessian

Diseño De Sonido: Matías Noguera

Edición de sonido: Juan Pablo Gugliara

Video: Cristian Holzmann

Efectos Sonoros: Juan Pablo Gugliara, Matías Noguera

Fotografía: Cristian Holzmann, Lucas Suryano

Asistencia de escenografía: Lucía De La Cuesta

Asistencia de dirección: Florencia Laval

Producción ejecutiva: Federico Donofrio, Norberto Leandro Echarri

Producción general: El Tío Caracoles, Covello Producciones, Federico Donofrio, Norberto Leandro Echarri 

Dirección: Gonzalo Urtizberea

Duración: 60 minutos

Clasificaciones: Teatro, Adultos

ESPACIO CALLEJÓN

Humahuaca 3759 – CABA

Teléfonos: 4862-1167

Web: http://espaciocallejon.com/

Entrada: $ 400,00 – Lunes – 20:30 hs – Del 02/09/2019 al 28/10/2019

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Danzando hasta morir

Azucena en partes1

Y como si el mundo pudiera acabarse por completo o darle una sorpresa, ella (Gimena Gutiérrez) baila.

Azucena es su nombre, como la flor tan bella que perfuma hasta un ambiente frío de hospital. Ella, tiene la peculiaridad de desdoblarse en dos personas: la que sufre y la que sueña. O en dos personajes: el que encarna y el que recuerda.

Los tiempos van y vienen. Pasado y presente se fusionan como una misma historia, su historia. La historia de una mujer que sufre, que está devastada por la soledad, por no tener un hombro sobre el cual llorar, desahogarse, refugiarse. Ni siquiera un par de brazos que la contengan ante tremenda noticia.

Sus días no está contados, y esto es sumamente importante resaltar.

Azucena, todo lo expresa con su cuerpo. Con su gran altura, consigue representar corporalmente sus andanzas, sus tristezas y pesares, como si midiera un metro cincuenta.

Increíblemente, podemos observar -durante unos cuantos minutos- cómo su cuerpo se mimetiza con cada uno de sus sentires sin haber pronunciado palabra alguna. Y esta es la magia del teatro físico: el poder representar sin hablar. Pero, cuando lo requiera, poder decir, verbalmente, sin mover sus extremidades del espacio escénico.

Un gran trabajo en equipo demuestra que tanto la iluminación, como el vestuario, la dramaturgia y dirección; se complementan para tener una “Azucena en partes” (escrita y dirigida por Ana González Seligra) realmente grandiosa.

El drama está presente de principio a fin, no pudiendo ignorar el tema argumental presente. Una enfermedad que parece ser la muerte, por la falta de información, por la infelicidad, por dolor no cicatrizado, por los sueños abandonados.

Un público atento, quieto, que no esboza más que un dolor aguantado, una angustia difícil de soportar. Un público que, al terminar la función, espera para felicitar a los artistas. Yo, como parte del público, con un nudo y una nebulosa en mis ojos como si lograra vislumbrar un hálito de paz.

Finamente escogidos, aquellos detalles ornamentales que forman e integran las escenas de la obra unipersonal. Objetos que no solo son preciosos sino que cumplen varias funciones. Un ramo de flores rojas, un perchero, varios estilos de ropa, de zapatos y otras herramientas fundamentales que le permiten a la artista componer sus personajes -tan difíciles pero excelentemente resueltos-.

Su corazón hecho pedazos, sus partecitas que no logran unirse, su sonrisa desdibujada como cuando se tira al piso -hundida en llanto-. Una etapa que quisiera borrarla de su mente, de su espacio, de su vida y que, sin embargo, debe atravesarla para estar sana y más fuerte.

La parte descriptiva del relato es la que permite que nos imaginemos -como espectadores- toda la desdicha de esta pobre mujer. Pero Azucena no es frágil. Está sensibilizada, apabullada, fuera de sí. Mientras tanto, deja que su cuerpo hable, que sus pechos consigan formas diferentes, que el sentido de su vida sea el que añore y que, jamás, se de por vencida.

Esta pieza artística debe formar parte de todo festival y movida cultural relacionada con el universo femenino, con la lucha contra el cáncer, contra la violencia de género y con todo enlace que permita que nosotras -las mujeres- nos sintamos identificadas, valoradas y resignificadas.

No hace falta pasar por la enfermedad para tener humanidad por las que sí.

Las mamas, que tanto amor deberían tener, que tantas caricias poseer… están enfermas. Solo el amor puede curarlas.

ficha Azucena en partesMariela Verónica Gagliardi

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