*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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La imposibilidad de decir te amo

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Jules Massenet (1842-1912) es un compositor francés muy distinguido, del Siglo XIX, pero que no contó en su momento -como solía ocurrir en aquella época- con la aprobación del público, a nivel masivo.

Sus piezas musicales denotan una sensibilidad extrema, que lo exhiben como una figura romántica de antes y de ahora.

En cuanto a sus óperas, algunas de las que ha escrito son: La coupe du roi de Thulé (1866), Le Grand-Tante (1867), Manon (1884), Le Cid (1885), Esclarmonde (1889), Werther (1892) y Thaïs (1894).

La presente pieza artística, que abre sus puertas en el Teatro Avenida, es Werther. Una historia que se basa en el amor, en el suicidio y en las familias conservadoras.

Inspirada en la novela epistolar de Johann Wolfgang von Goethe, titulada Los sufrimientos del joven Werther (basada en la desventura sufrida por el autor, cuando en 1772 conoció a Charlotte Buff, casada con un funcionario de apellido Kestner, y se enamoró de ella. Si bien al tiempo formó pareja con otra mujer, sus penas fueron puestas en páginas), permitió que Édouard Blau, Paul Millet y Georges Hartmann le otorguen un vuelo diferente (aunque conservando sus principios y esencia original) ya que cuando Massenet decidió sumergirse en las páginas de Goethe, habían transcurrido alrededor de cien años desde su escritura.

Este drama lírico en cuatro actos, describe una época en que la Iglesia, la sociedad burguesa y el amor imposible; se cruzaban para enfrentarse, diluirse y traicionarse. El romanticismo como camino, como ruta a seguir, a transitar en el 1800 trayendo al joven Werther para demostrar cómo la rigidez de las instituciones (Iglesia Católica, Familia) permitían el descontento de personas como él, no siempre hallando un final feliz.

¿Por qué es imprescindible la vida de este enamoradizo y utópico hombre?

Justamente porque sin llegar a ser un “rebelde” se deja guiar por su corazón, persiguiendo a Charlotte quien está por casarse con Albert, aún sin amarlo. Los matrimonios por conveniencia, las promesas, el sufrimiento y las condenas propias e impuestas, son algunos de los rasgos que delineaban la vida tradicional del romanticismo. Trasladado de Alemania a Francia, el escenario se vuelve aún más conmovedor, tierno y con la ilusión de que la tragedia no sea como la versión alemana. Si bien, sabemos que los dramas pincelados por franceses son indispensables al momento de narrar una pieza lírica.

No existen demasiadas vueltas en esta historia. El argumento gira entorno a este amor no correspondido socialmente (ya que ellos se aman) y a los mandatos familiares que se imponen sobre cualquier sentimiento noble.

La sencillez de la trama es lo que permite que disfrutemos de las voces tan bien proyectadas por sus protagonistas, por el coro de Buenos Aires Lírica y el acompañamiento imprescindible de la Orquesta (dirigida en esta oportunidad por Pedro Pablo Prudencio).

Como suelo decir, humildemente, ingresar a una ópera es sumergirse en un universo completo en que se fusionan, a la perfección, las artes escogidas para desplegar en escena. Por tres horas, el mundo externo para borrarse para darle lugar a un cuento en que el vestuario, la música, el canto y las actuaciones nos harán vivir un momento único.

En cuanto a la difusión de la obra de Goethe, los jóvenes europeos solían vestirse como el personaje, copiarlo (lamentablemente en cuanto a su última acción) y ser considerada por Napoleón Bonaparte como uno de los trabajos más importantes en el continente (de hecho solía llevar siempre una copia consigo).

Durante el Primer Acto, que tiene lugar en la casa del Burgomaestre (Cristian De Marco), quien comienza a deleitar con la introducción de la historia -la cual es cedidad después de la gran apertura a cargo de la orquesta-. Este Bajo realmente es excelente y su interpretación y vestuario lo convierten en verdadero anciano que le enseña a los niños unos villancicos para la Navidad que está pronta a llegar. La alegría de estos pequeños se reluce en sus rostros que alegran, una y otra vez, las situaciones dramáticas.

Mientras el Tenor que encarna a Werther (Gustavo López Manzitti) comienza a contar sus vivencias y augurios, deseamos que Charlotte le sea correspondida al menos un momento. No existen demasiadas palabras para describir a este artista que se lleva la ovación del público y la compasión por su nostalgia en carne viva. Una verdadera obra maestra se produce y las melodías ayudan a nuestra imaginación, a una imaginación que conoce cada situación venidera y que no puede hacer absolutamente nada para evitarla más que desearla.

Al ingresar Charlotte, se produce un quiebre importante entre las canciones navideñas y la melancolía de Werther. La mezzosoprano hace su aparición y la femineidad que la caracteriza, le permite desplegar desde su ternura absoluta hasta su vocalización que consigue crear diversos climax a lo largo de la dramaturgia.

También ingresan a la casa, Sophie, (la Soprano Laura Sangiorgio, quien generó momentos inolvidables y con una magia escénica increíble) y, al instante, el prometido de Charlotte, Albert, (el Barítono Norberto Marcos Barítono). Ya están todos los protagonistas juntos como para hacer rodar la historia. Una historia que tendrá un final diferente a la original escrita por Goethe y que, seguramente, le gustará más a los espectadores.

Un despliegue conmovedor, una puesta en escena a cargo de Crystal Manich, increíblemente pintada de diversos colores según la escena a desarrollarse (gracias a la iluminación de Rubén Conde y la escenografía de Noelía González Svoboda), el vestuario épico dotado hasta con el mínimo detalle (diseñado por Lucía Marmorek) y un grupo de talentosos cantantes que saben vocalizar no solo con sus cuerdas vocales sino con sus cuerpos, unos cuerpos que hablan, que silencian miedos, que callan verdades y que cuando llega el desenlace ya no pueden evitar.

Dirección musical: Pedro-Pablo Prudencio. Puesta en escena: Crystal Manich. Diseño de escenografía: Noelia González Svoboda. Diseño de vestuario: Lucía Marmorek. Diseño de iluminación: Rubén Conde. Dirección de coro: Juan Casasbellas. Dirección de coro de niños Petites Coeurs: Rosana Bravo. Funciones: 31 de julio, 2 6 y 8 de agosto.

Mariela Verónica Gagliardi

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Pintando una realidad soñada

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17 de junio de 1800, Roma (Italia).

Napoleón Bonaparte está luchando contra el Austria y su triunfo es tergiversado (erróneamente), motivo por el cual los romanos creen que ha sido derrotado en vez de haber vencido. Tiempo después se conoce la verdadera historia.

En 1800, invade Italia, a pesar del patrullaje austríaco, el Gran San Bernardo y ocupa Milán. Gana la batalla de Marengo y expulsa a los austríacos de Italia.

Dentro de este contexto político en el que primaba el poder del más poderoso por encima de cualquier acto humanitario y de una religión católica que, si bien predominaba, iba perdiendo peso por culpa de Napoleón (quien invadía incansablemente el imperio romano), Giacomo Puccini junto a Luigi Illica y Giuseppe Giacosa (basados en la novela original de Victorien Sardou) delinean una de las óperas más importantes y trascendentes tanto de dicho país, como del teatro musical y del mundo: «Tosca» (dirigida musicalmente por Javier Logioia Orbe).

La estructura de la ópera está dividida en tres actos que, excelentemente, ambientados, caracterizados e interpretados; nos sumergen tanto en el Siglo XIX como en la intimidad de una pareja que, pretende ser, el puntapié inicial para desarrollar simbolismos relevantes de aquel entonces. Tan reales como insospechados, tan justificados como irascibles.

Dentro de la Iglesia Sant´ Andrea della Valle, se refugia César Angelotti -ex cónsul de la República Romana-, quien desea escapar con la ayuda de su hermana la Marquesa Attavanti, la cual le facilita una llave para lograr su cometido. Ya desde el comienzo, la acción se apodera de la historia, otorgando una adrenalina difícil de frenar.

Angelotti, tiene la suerte de contar con su amigo Mario Cavaradossi (interpretado por el tenor Enrique Folger), un gran pintor en ascenso, que lo ayuda y alimenta, arriesgando su propia vida.

A partir de aquí, todas las desgracias, malos entendidos, ocultamientos, hipocresías, celosos, egoísmos y maldades se desatan como piezas de dominó sin importar quién precisa ayuda, quien está en peligro ni quien es el causante de tanto horror.

Floria Tosca, cantante lírica, (interpretada por la soprano Mónica Ferracani) es la amante del artista y en ella se pueden ver reflejados tantos sentimientos antagónicos, difíciles de convivir en un solo cuerpo. Si bien lo ama, se debate entre sus propios deseos y el peligro que conlleva tomar determinadas decisiones que no podrá volver hacia atrás. Es ella quien toma la determinación del destino de Mario, a quien llama con sus cantos y de quien pretende total atención y admiración. Sus celos no solo son enfermizos sino imposibles de cambiar. Ya es así su personalidad, tal cual lo indica su nombre el cual es atriubuido a la grosería y poca sabiduría.

Dios y la Iglesia no merecen el respeto de estos hombres que son capaces de hacer cualquier cosa con tal de salirse con la suya.

La mismísima María Magdalena, pincelada por esos trazos de pasión que siente el pintor por una mujer tan distinta a su amada, debatiéndose entre el deseo y el amor. Sin poder explicar una sensación tan bonita a su celosa mujer que intenta conquistar y convencer a todo momento: “Quale occhio al mondo può star di paro all’ardente occhio tuo nero? È qui che l’esser mio s’affissa intero. Occhio all’amor soave, all’ira fiero! Qual altro al mondo può star di paro all’occhio tuo nero!… (¿Qué ojos pueden compararse a tus ardientes ojos negros? Es en ellos donde mi ser se mira. ¡Ojos de tierno amor, de ira fieros…! ¿Qué ojos pueden compararse a tus ojos negros…?)”.

En un segundo acto, es el Palazzo Farnese aquel lugar que será testigo de las atrocidades llevadas a cabo por los protagonistas reales y ficticios de la dramaturgia.

El Barón Scarpia, jefe de la policía, está enamorado de Tosca, aunque sabe que su amor no es correspondido ni mucho menos. Este temerario hombre pretende convencerla, utilizando a Mario como anzuelo -haciéndole pensar que lo liberará a cambio de tenerla en sus brazos-. Ilusa y soñadora, cae en su trampa más mortal que ninguna y antes de acceder a su propuesta le hace firmar el salvoconducto en el que, supuestamente, debe figurar su promesa de liberarlo.

Este segundo acto se ve plagado no solamente de torturas físicas sino psicológicas, además de traiciones innegables. Pensar en el otro o por el otro podría ser un lema a seguir durante las escenas de esta intrincada historia. Mario siente la traición de Floria y, posiblemente, ésta reciba lo que se merece -si bien él no es culpable de la elección de su amada “heroína”-.

El nivel de esta versión es sumamente alto, permitiendo que tanto la Orquesta de Buenos Aires Lírica, su coro como los protagonistas de la puesta en escena se vean tan reales como la tragedia desplegada a lo largo de casi tres horas.

Esas tonalidades vocales que suenan al unísono, que tienen sus espacios de solos y que precisan de las melodías para conformarse como una pieza artística tan elevada como el Ángel y el Cristo que pueden disfrutarse en las composiciones escénicas, como los colores que van marcando el paso del tiempo y que exaltan -junto a la iluminación- aquello que merece la atención de los espectadores.

Cabe resaltar que la figura de Tosca, a pesar de ser la protagonista de la ópera, no se erige como tal. Lo más relevante es lo que ocurre a nivel territorial en aquel 17 de junio , una jornada plagada de tantas atrocidades, engaños y mala fe; difíciles de pasar por alto. Tosca es una figura femenina que existe para disimular la guerra entre religión y usurpación, entre el poder de la policía y el de Dios, entre las pinceladas que pretenden dibujar bellezas estáticas y cambiar la realidad triste y tirante que les toca vivir.

Como desenlace, el Castel Sant´Angelo abre sus puertas para, en tonos rojizos y de anochecer, dar pie al tercer y último acto. Un acto en que toda la angustia de Tosca por lo acontecido se disuelve cuando se quita la vida antes que entregarse a los brazos de aquel tirano: O Mario… morto… tu.. così… Finire così!! Così?… povera Floria tua! (¡Oh Mario!¿Muerto? ¿Tú…? ¿Así? ¿Terminar así…? ¿Tu pobre Floria!)”.

ficha Tosca

 

Mariela Verónica Gagliardi