*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Entradas etiquetadas como ‘Paula Morales’

Minientrada

«Me amarás por siempre jamás», sobre Welded de Eugene O´Neill

img_20160913_104148_753

 

Leonora y Marcos viven hace cinco años juntos. Ellos se atraen y se repelen, se buscan y se rechazan, se aman y se odian. Necesitan hacerse sufrir para amarse con más pasión. Lo que los une es algo mas poderoso que ellos mismos, algo penoso y terrible que les duele reconocer y confesarse. «Me amarás por siempre jamás» es un torturante estudio del amor, que resume el drama de la pareja.

Concepto artístico de “Me amarás por siempre jamás».

Algo llamado amor se ha unido, entrelazado, y finalmente amalgamado. Una soldadura final que desdibuja las dos vidas en una sola. La misma metafísica, como en el Big Bang, aclama despedazar todo para empezar una nueva era. Adán y Eva muerden la manzana prohibida y el gran pecado dividido en siete estalla en constantes fuerzas opuestas. Dos imanes que se repelen, dos imanes que se unen con una fuerza inseparable. Y mientras tanto la vida cotidiana de una pareja. ¿No es acaso eso el amor?

Ficha Técnica:

Adaptación, puesta en escena y dirección: Dalia Elnecavé.

Elenco: Paula Morales y Sergio Griffo.

Diseño de iluminación: Leandra Rodriguez.

Diseño de escenografía: Nadina Fushimi.

Vestuario: Corine Fonrouge.

Música: Gabriel Magni.

Fotografía: Gabriel Machado.

Asesoría artística: Laura Cerati.

Producción ejecutiva: Vanina Fabrica.

Asistente de iluminación: Damián Monzón.

Asistente de dirección: Pablo Cusenza.
Prensa & Difusión: Mariano Casas Di Nardo –mcasasdinardo@speedy.com.ar

Teatro: El Método Kairós, El Salvador 4530, C.A.B.A., Argentina.

Funciones: Jueves a las 21hs. Costo de entrada: $170 (Descuentos para estudiantes y jubilados $150).

Reservas: 4831 9663 – http://www.elmetodokairos.com.ar

Estreno: 1 de Septiembre

Finalización: 27 de octubre.

Minientrada

Amar como animales y pelear como tales

Hay una canción muy conocida de Bersuit Vergarabat que dice así: «coger no es amor, es mucho mejor».

Los humanos estamos acostumbrados a separar el acto sexual del amor, cuando en realidad no hay motivo para hacerlo. Se puede coger sin amar a la persona o, también, amándola. No es condición sine qua non.

Vos, ¿disfrutás carnalmente como una fiera?

¿Puede un animal ser egoísta, provocador, perverso y disfrutarlo? ¿Puede un humano sentir y dejarse llevar sin evaluar en todo momento si conviene o no lo que su instinto le dicta?

La piedad y los animales nos presenta a una pareja conformada por: Marisa (Paula Morales)  – una actriz en ascenso – y Roy (William Prociuk) – un pintor muy apasionado por su carrera -. Si bien están casados, no son muy felices que digamos. Él necesita satisfacer sus deseos sexuales con otra mujer y comienza a tener encuentros ocasionales con Laura (Thelma Fardín), – una modelo muy sexy y que sabe lo que quiere -. Sus dos amores, son totalmente opuestos y complementarios en su vida. Cabe entonces preguntarse si está mal lo que él hace.

Pero, ¿qué relación guarda la piedad con esta obra de teatro? Miguel Ángel, en el siglo XV, realizó una escultura llamada la Piedad florentina, la cual consta de cuatro personajes: el Cristo muerto, sostenido por la Virgen, María Magdalena y Nicodemo. Si bien no se toca el tema religioso en ningún momento, está claro que la piedad se observa y se siente como la compasión que un humano puede sentir por otro.

Su director Fernando Ferrer, recrea, de esta forma, un conflicto relacionado con el amor y con la soledad, más allá de estar acompañados. Es muy interesante escuchar los diálogos entre los protagonistas, totalmente reales y abrumadores. Da la sensación de estar mirando una serie de televisión, donde cada movimiento sutil significa un todo.

Si tenemos en cuenta, la idea principal de la obra, nos refleja cómo Marisa, por hacerse la open mind, termina bebiendo de su propia medicina. Ella, un día, tiene la idea de que su marido tenga una amante, pero no se da cuenta que esa idea no es la indicada para su vida. A partir de ese momento, sus celos irán aumentando hasta un punto ya enfermizo.

Pero, ella, opta por no quedarse atrás y también tener una relación ocasional con otro hombre que termina siendo el mejor amigo de su marido, Fred (Ezequiel Tronconi) – su socio y representante -. Esta situación parece no afectarle al pintor famoso ya que por lo que más se preocupa es por estar bien. Él siente con el corazón, con su cuerpo, con su piel y sus órganos, como los animales. No siente remordimiento por nada y placer por todo, desde su amante hasta de beber un buen vino tinto.

En una oportunidad, se le ocurre a Roy, hacer una reunión con los cuatro integrantes. Cree que de esa manera se va a poder sacar alguna conclusión positiva con respecto a los vínculos establecidos por ellos de forma natural, pero no se imagina que la catástrofe está por avecinarse.

Durante el encuentro, los cuatro comienzan a mostrar su intimidad al desnudo y eso provoca choques entre unos y otros, a nivel dialéctico y físico. Lo burdo, lo versátil y lo fugaz comienzan a tomar las riendas en el escenario. Lo que en un principio fue importante, deja de serlo. Lo no valorado, surge como valorado. Lo central en la vida de estos personajes se extingue de un minuto para otro y cobra importancia aquello más simple, llamado cariño.

Aunque la trama tenga gags para hacernos reír, lo fundamental en La piedad y los animales es acompañar los vaivenes de los personajes de una manera entretenida pero con una visión específica sobre las relaciones entre hombres y mujeres. Podrán tener la profesión que sea, pero lo que vale en la vida de ellos es el amor, desde sus cimientos.

¿Se tratará de humanizarse un poco más o de ser más animales cuando lo sintamos? Si el humano surgió del animal, ¿por qué no puede conservar ese instinto en todo momento? ¿Puede ser el animal más humano que el hombre?

Los amantes de esta obra que parecen ser desvalorizados, justamente por su condición, demuestran su excelente profesionalismo y talento a lo largo de la puesta en escena. Sus actuaciones nos dejan boquiabiertos, tienen muchas técnicas de teatro como mirar al público, hacer ademanes, gestualizar, proyectar la voz para que se entienda lo que dicen, entre otras cosas.

Una felicitación muy especial para Thelma Fardín y Ezequiel Tronconi, quienes dejaron sus huellas en el escenario.

Por el lado de los protagonistas, también se esmeraron mucho y se nota que tuvieron un gran proceso de aprendizaje. Pudimos ver a una Paula Morales haciendo un papel muy diferente a los que le tocaban, generalmente, en la televisión. Y, William Prociuk, se podría resumir que fue el hilo conductor de cada pasaje y cambio de rumbo en las escenas.

Con respecto a la iluminación del espectáculo, cumplió un rol importante ya que al descender la misma, marcaba una separación entre un acto y otro.

Esta obra nos hace reflexionar, muy intensa y minuciosamente, en nuestro interior, qué es lo que anhelamos y cómo conseguirlo, tratando de no dañar a quien queremos o sabiendo disculparnos si nos es imposible evitarlo.

Por último, les haré una pregunta profunda: ¿tienen piedad los animales o tienen piedad los humanos?

Descubrílo junto a ellos, en El Camarín de las Musas (Mario Bravo 960 – C.A.B.A).

Mariela Verónica Gagliardi