*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Entradas etiquetadas como ‘Patricio Contreras’

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Negar la realidad no la vuelve diferente

Tribus

Los argumentos sobre conflictos familiares suelen tener bastante protagonismo en las dramaturgias teatrales, así como la manera en que se resuelven dichos problemas en tono de comedia dramática.

En este caso, Tribus (escrita por Nina Raine y dirigida por Claudio Tolcachir) expone a una familia tradicional, pero con cuestiones pasadas que realmente no han quedado en el pasado. Como si hubieran pretendido olvidar las voces que pedían auxilio o las problemáticas de ciertos miembros de la familia o, aún más profundo, el poder de unos sobre otros, los mandatos que se repiten, se internalizan y continúan sin siquiera replantearse su eficacia.

Dentro de esta casa se pueden observar muchos libros y espacio para moverse, trasladarse y debatir acerca de quién es cada uno.

Tribus que admiran a oriente u occidente, que pretenden copiar culturas totalmente opuestas, y adaptar modelos a personas sin debatir acerca de su lugar en el mundo.

Lo que más llama la atención es la ceguera y sordera para asimilar lo que le ocurre al “otro”, la necesidad y simpleza con que la mayoría prosigue su rutina evadiendo el dolor ajeno.

Podrá hablarse mucho de integración, de discapacidades, de capacidades diferentes y de inclusión; olvidando que cada uno es diferente y cada uno tiene propósitos determinados, siendo en general el más frecuente: la felicidad.

Disimular un problema no lo hace disolver, sino que en algún momento se convierte en un fantasma demasiado poderoso como para combatirlo sin secuelas. Un joven que es sordo y que es tratado como si no lo fuera es la mayor evidencia de la problemática que sufre esta familia, de todo lo que pretenden esconder sin importar cuan sometida se pueda sentir la víctima.

La frase tan famosa que dice “hicimos lo mejor” se torna fundamental para el argumento de la obra, y el roce entre uno y otro resulta ser el modo que encuentran de que todo explote y pueda tomar el rumbo más adecuado y sano.

En verdad, existe un desgaste de hace tiempo al que se someten, incansablemente, sin siempre darse cuenta de ello. El factor que hace detonar la situación reinante es la aparición de un tercero que inculcara otra mirada respecto de la vida.

Tribus, clanes, estilos, formas, similitudes, modelos a seguir; terminan siendo sinónimos en algún punto.

El elenco es muy bueno y talentoso, consiguiendo interpretar personajes encantadores con los que podremos identificarnos como público. En cuanto al argumento, no resulta novedoso aunque si se vuelve atractivo el recurso del lenguaje sordomudo que va ganando territorio en la historia. Cuando esto ocurre, cada persona y situación se va acomodando sin tener que discutir demasiado -con en ciertas oportunidades- pero si buscando explicaciones y respuestas para saber que hicieron mal.

Respecto de la palabra, esta se vuelve obsoleta y demuestra que para comunicarse, simplemente, hay que tener ganas de abrirse, de conocer, de aceptar y no siempre contrariar egoístamente.

Como quien aprende de pequeño a hablar, a establecer vínculos, a perseguir sus sueños y a luchar por lo que se quiere; así es la pieza artística. Un espacio por el que desfilan resentimientos, encuentros y desencuentros, rencores, broncas, culpas no sanadas, rutinas escalofriantes y la oportunidad de cambiar cuando se tiene un rumbo.

Mientras se desarrolla la obra, el recuento de votos se está realizando entre los dos candidatos a Presidente de la Nación. Dos tribus se enfrentarán, dos ideologías completamente diferentes se harán sonar y cada segmento apoyara a quien más lo represente. Como una familia de millones de habitantes que nacen, mueren, renacen y se diluyen, como la ambición que no siempre triunfa. Porque ganar no siempre significa tener la razón y el triunfo quizás venga tanto en la dramaturgia como en el resultado electoral, de las convicciones, de la fuerza que tiene cada individuo y la perseverancia -desde el amor- para alcanzar objetivos que puedan hacer evolucionar y no aniquilar por “perder”.

Mariela Verónica Gagliardi

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La patria se siente en el alma

Made in Lanús1

A tres años de la llegada de la democracia a nuestro país, se estrena la obra de teatro “Made in Lanús” (escrita por Nelly Fernández Tiscornia). Esta primera puesta en escena tuvo como protagonistas a cuatro grandes actores: Leonor Manso, Luis Brandoni, Marta Bianchi y Patricio Contreras.

Son muchas las versiones que se han hecho sobre esta pieza artística y, hace unas semanas, los directores Fernando Crisci Munz y María Eugenia Heyaca; le dieron su sello a una nueva adaptación.

La directora, asombrosamente, actúa y se destaca con el personaje, quizás, más repudiado por todos: el de Mabel. Ella interpreta a una mujer egoísta que tomó y toma, actualmente, decisiones por su marido y familia. Mabel es la tradicional esposa que se cree dueña de su pareja, que no tiene ningún pudor en expresar lo que piensa y se mueve de una manera firme y tajante.

En contraposición a ella, se encuentra la adorable Yoly (Belén Penesi), la ama de casa, la madre, la esposa, la trabajadora y, en verdad, laburante. La que rema contra viento y marea para sostener su lugar y posición en la vida.

Mientras tanto, los hombres de esta dramaturgia no tienen demasiado espacio como para plantarse y decir lo que quieren, a no ser que esto coincida con lo que anhelan sus esposas.

La historia, básicamente, se centra en una visita por parte de Mabel y Osvaldo (Ramiro Calero) a la Argentina, a su país natal. Ellos tuvieron que huír durante la última dictadura militar y, si bien podrían haber vuelto a mudarse hace rato, eligieron quedarse en Estados Unidos. Durante la visita, a casa de El Negro (Sergio Ubalde), quien es hermano de Mabel; saldrán a la luz una serie de verdades y realidades nunca dichas.

Dos mundos opuestos, dos miradas opuestas, dos realidades opuestas. Todo el universo yanqui versus el argentino, lo descartable en contraposición a lo reciclado, el dinero como símbolo de poder versus el amor de la familia. Estas cuestiones se ven plasmadas a lo largo de Made in lanus, una obra en la que se destaca tanto la palabra como la actuación.

Una humilde casa de barrio alojará a estos cuatro seres que pasaron muchos años juntos, los cuales recuerdan con cariño y pasión. Rescatando ese dejo de melancolía cuando se cuentan que tales personas aún siguen vivas, que el almacenero sigue siendo el mismo de siempre, que todo está como antes, sin evolución.

Una tierra que sufrió por la necedad de los poderosos, que contuvo cadáveres, que tuvo a un líder -orgulloso de su batalla- y, como si fuera poco; la contextualización proyectada en imágenes que se encargan de narrar lo tan difícil y angustiante de los años setenta en que tantos jóvenes creyeron ser libres.

Un dictador que disolvió sueños adolescentes, que los acribilló y privó de aquello que tanto perseguían. Un país nórdico que representa dictaduras lingüísticas, deseos americanos, progresos medidos en objetivos en lugar de en arte.

Mundos que crecieron y crecen paralelamente y que, jamás, se pertenecerán el uno al otro: como las vidas de estos dos matrimonios.

¿Cuántas personas siguen abandonando su país para trabajar de aquello que jamás harían en su lugar? ¿Cuántas personas creen que allí se pueden conseguir cosas diferentes y mejores? ¿Por qué la historia estadounidense sigue flameando su bandera como símbolo de heroicidad y grandeza, mientras la nuestra cuesta que se impregne en nuestros corazones?

El nacionalismo, ese amor por lo propio es lo que le falta a nuestra querida Argentina, un país que tiene tuvo y tiene todo. Del que muchos se seguirán yendo, por obligación o decisión propia.

Quienes se marchen demostrarán que sus ideales son otros, diferentes. Ni mejores ni peores.

La patria se lleva en el alma, no puede cambiarse ni bautizarse. Se nace y muere con los colores del mar y ese sol gigante.

La Yoly y El Negro así lo sintieron, así lo transmitieron y nadie los pudo convencer de ir al país snob.

Planchando aquello que cose con el mayor placer de los dioses, hecho por sus propias manos, cocinando sus alimentos, amando a sus hijos y no teniendo ninguna intención de ser lo que no es.

Lanús es un barrio, aún en estos tiempos, que tiene mucha pasión entre sus vecinos: por su historia, por su fútbol y por ese aroma que jamás podrá sentirse en una plástico perfecto.

Hecho en Lanús, por un equipo que, enérgicamente, está atento de todo detalle, de la ambientación ochentosa -la cual se ve plasmada en el mobiliario, vestuario y peinados- y esto es lo que produce una versión divina, punzante, precisa, llena de sentimientos diferentes, con cuatro actores que dan lo mejor de sí, que encarnan muy bien a sus personajes y que mantienen a la historia argentina bien en alto.

Las melodías, en vivo, encadenan escenas, situaciones y un sinfín de momentos espléndidos para disfrutar. Como toque final, una canción que logrará más despertares.

Si después de tanto sufrimiento, abandonáramos todos nuestra tierra; ¿qué nos quedaría como futuro?

ficha Made in Lanús

 Mariela Verónica Gagliardi