*** Noviembre 2018 ***

Entradas etiquetadas como ‘Patricia Zangaro’

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El aire es el mismo

Creo en un solo Dios6

Tradiciones, religiones, guerras desmedidas, tierras en puja, poder, poder y poder.

Hay cosas que se enseñan desde la cuna y otras que se maman, podría decir.

¿Cómo le podríamos decir a un israelí que su país no es suyo del todo o a un palestino que carece de todo?

¿Quién tiene la certeza o el derecho de pronunciar que un territorio es suyo o de su eterno enemigo?

¿Las guerras, probablemente, sean eternas porque la religión es su intermediaria. Entonces, cómo conciliar a dos países que se odian sin saber por qué o para qué?

¿Quién es culpable o inocente?

“Creo en un solo Dios” (con dramaturgia del italiano Stéfano Massini, traducción de Patricia Zángaro y dirección de Edgardo Millán) es una obra de teatro dramática, ¡excelente!

Resulta impecable cada uno de sus detalles, desde la puesta en escena, hasta las interpretaciones, el vestuario característico de cada actriz, la dramaturgia y su dirección. Sucede que cuando se ingresa a la sala, ya notamos una impronta escénica. Una decoración blanca que nos marca un espacio surrealista. Podría tratarse del cielo o de la tierra. No tiene por qué colorearse del  tono más conocido, ¿no?

Tuve la sensación de estar entre algodones, de que cuando cayeran esos cuerpos no se dañarían del todo.

Creo en un solo Dios es una manera de despertar a quienes se encuentran dormidos o pereciendo en el olvido.

Un Dios por religión o uno para todos. Qué difícil resulta.

En cuanto a la dinámica que ocurre a lo largo de la historia, cautiva, emociona y nos hace reflexionar con el paso del tiempo. Porque es un tiempo no lineal sino que toma diversas formas para contar qué sienten: una soldado norteamericana (Estela Garelli), una profesora de historia (Noemí Morelli) y una estudiante palestina (Antonia Bengoechea). Pareciera ser irreconciliable por lo antagónico, pero funciona como anzuelo perfecto para que ningún espectador pueda sentirse descalificado, burlado, ironizado o calumniado.

Estos exquisitos personajes son humanos. Trascienden la cuarta pared, la impregnan de sensibilidad y consiguen salirse de todo tipo de estereotipos que obstruyan su credibilidad.

Por momentos me olvidé que eran actrices. Era tan real lo que ocurría que disfruté y sufrí (al mismo tiempo) cada retazo de la obra.

Si se creyera en un solo Dios, quizás los enfrentamientos y las guerras ya no tendrían sentido de ser. Tal vez quienes comandan cada operativo no podrían seguir llevando sus caretas y no tendrían la oportunidad de hacer inmolar o explotar por los aires a jóvenes que “creen” en que eso es defender a su Patria y hacer justicia.

No existe aquello que corresponde, en una guerra.

No hay peor cosa para el ser humano que combatir y eliminar a un “otro”, matándolo. Quitándole su vida. ¡Su vida!

No concibo este mundo en paz.

Mientras la cronología parte de una fecha específica por el 2003, las vivencias, anécdotas y situaciones no paran dejan de continuarse. Temer por la muerte a cada instante porque una vez se zafó pero, luego, quizás, ya no. Pensar que se sigue viva de milagro porque Dios existe. Pero, entonces, ese superhéroe permite que unos vivan y otros mueran. No, no.

La decisión de la soldado de defender, ¿defender?, de intermediar entre esas dos naciones que no le dan libertad a sus habitantes, será lo que permita hacer un click al público. Es fuerte, muy fuerte lo que presenciamos, no el final, sino todo.

El monólogo de una se entrelaza con el de la otra, y el de la otra con el de la otra. Pero, en un momento se unen como un ovillo. ¿Son las tres una misma? ¿Qué hubiera ocurrido si la norteamericana era palestina o si la palestina era israelí o?

Todo tipo de especulación no hará más que angustiarnos. Sí, el corazón se me salió por la boca, pasé un momento de shock. Soy consciente, soy judía pero no israelí. Pienso como humana y no como guerrera. No creo que la vida de una valga más que la de la otra ni que una deba morir para que la valoren más. No estigmatizo, no juzgo, no creo más que en un Dios. Por eso esta dramaturgia es poesía que se escabulle en el corazón. Por eso es que no puedo más que recomendarle a todo ser humano que, obligatoriamente, asista mínimo a una función en el Teatro Payró.

Quizás podrán pensar qué habrá de nuevo para contar sobre esta guerra incesante. Les puedo asegurar que no es un juego de Teg sino la manera de narrar, de poner en movimiento un texto, de escuchar lo que a veces leemos, de abrazarnos sin importar cuál sea nuestro origen, religión, raza o condición.

Funciones: Jueves 20.30 hs.
Teatro Payró.

Mariela Verónica Gagliardi

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“Auto de fe… entre bambalinas”, de Patricia Zangaro

Auto de fe

 

Una puesta desprendida de temporalidades actualiza el conflicto existencial entre el arte y el poder al que se enfrentan tres actores en algún virreinato sudamericano.

La toma de posición al oponerse o no al poder real -y el precio que se paga por esta decisión- es la elección que deberán realizar los personajes.

Este conflicto atraviesa el tiempo, el espacio y las culturas desafiando  a la ficción y a la realidad, al teatro y a la vida y nos interpela acerca de en qué lugar nos ubicamos como actores sociales en este presente.

“El teatro es sólo un espejo del gran teatro del mundo”

Ficha técnica

Elenco: Inés Caccavo, Guadalupe Farina, Jorge Ojeda – Diseño lumínico: David Rosso – Diseño sonoro: Lucas Jaque – Diseño gráfico: Lucas Di Silvestro – Asistente de dirección: Gastón Giunta – Dirección general y puesta en escena: Gustavo Armas

Localidades: $180

Todos los sábados a las 20 hs.

Teatro Buenas Artes Social Club

Guatemala 4484 – C.A.B.A.

Teléfono : 35 31 21 93

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Objeto de caprichos ajenos

Casandra iluminada4

Los mitos y leyendas son apasionantes y permiten que quien no conocía sobre una historia, pueda inmiscuirse de a poquito. Escuchando o leyendo, vamos recreando ese mágico universo sobre un hito real o ficticio.

En esta oportunidad, Casandra es la elegida para narrar sus propias vicisitudes, karmas, fatalidades y desilusiones, desde su propia voz, intentando desahogarse de algún modo.

Noemí Frenkel, escribe y protagoniza este unipersonal con un tema emblemático y vigente como lo es la violencia de género.

Es que aún la sociedad no logra entender qué es la violencia, siquiera, como para asumir que las mujeres somos más maltratadas que los hombres y que, además, existen diferentes tipos de agresiones para llevar adelante.

Esta versión de Casandra (titulada Casandra iluminada), además de contar a grandes rasgos el contexto de su vida y entorno, se centra en lo que siente. Desde su humilde posición, habiendo sido manipulada por varios hombres que pretendían diferentes cosas de ella; decide romper el silencio. Decide hablar para que no se repitan sus calamidades, para que la violencia se erradique -ya que de nada sirve-.

Vestida de blanco, como símbolo de pureza, con una muñequita igual a ella, se mueve, se desplaza. De repente, cae, exterioriza su sentir, se toma el tiempo que precise para -desde ahí- continuar su relato.

Los sonidos y la iluminación cambian, constantemente, para que la artista pueda focalizar en un tema u otro. Así es como se vuelven imprescindibles y, juntos, transitan momentos tristes y desesperanzadores.

Apolo es quien tortura a Casandra, maldiciéndola de tal manera que le quita poder a su don. Sin que nadie crea en sus predicciones, ella se sumerge en un mar de lágrimas -el mismo que la acompaña en una de las últimas escenas de la obra-. Esas aguas calmas y turbias, celestes como el cielo y frías como el desarraigo.

Casandra, abusada por su padre (el Rey Príamo) cuando, seguramente, ni se sabía el significado real de la palabra. Casandra que por no amar a quien la amaba fue maldecida. Casandra que fue entregada por su propio padre como trofeo a Agamenón. Casandra que, hoy, tiene la oportunidad de decir qué sintió antes de perder la vida o de quitársela.

No solo la dramaturgia es excelente sino el desenvolvimiento de su cuerpo en escena, teniendo un dominio total de cada extremidad y de su respiración. Podríamos no mirarla con los ojos para comprobar que en ningún momento exige a su respiración algo de aire para continuar. Sus posturas son perfectas y el entrenamiento que hace función tras función la dotará de avidez y militancia. Esta lucha que día tras día se lleva a tantas mujeres inocentes incapaces, a veces, de defenderse.

Esta combatiente, encerrada en un espacio que podrá ser abierto o cerrado según el momento a narrar; le permite a Frenkel doblegarse a su criterio. Parece no tener inconvenientes para tomar la forma que quiera, posicionar la mirada en un punto fijo, ser niña y adulta a la vez. Tomar conciencia de que su fin está por llegar y que ni siquiera haber predicho el sentido del viento o la misma Guerra de Troya, la eximieron de tanto dolor.

Sumisión, obediencia y maltrato fueron los sentimientos que invadieron a lo largo de su existencia a la desdichada princesa, quien con su hermosura despertó la ira de más de un hombre, despojándolos de sus pasiones y extirpándole verdades anticipadas.

Desprovista de esa fortaleza y suspicacia como para escudarse ante cualquier agravio, siente que ni siquiera sirve para cortarse tan bien la lengua y, así, quitarse el habla: (…) creí que iba a hacerlo tan bien tan bien que iba a estar liberada de hablar por el resto de mi asquerosa vida… qué fea palabra ¿no? ¿Asquerosa vida? (…).

Casandra iluminada ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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La humanización romana

El luto le sienta a Electra10

Siempre hemos escuchado hablar sobre el complejo de Edipo y, en menor medida, del de Electra. Llegada cierta edad o, prolongada la misma, un hombre se enamora de su madre y una mujer de su padre. Tan enfermizamente como puedas imaginarte.

“El luto le sienta a Electra” (escrita por Eugene O´ Neill y dirigida por Robert Sturua) junta ambos complejos -traumas-, los naturaliza y explota al máximo produciendo una tragicomedia con tintes de ironía y extravagancia.

Paola Krum es aquella muchacha que siente tanto amor por su padre, defendiéndolo hasta de lo indefendible. Ella es dulce, tierna pero con un alma un tanto venenosa. No solo es afín a su progenitor, sino que odia a su madre Clitemnestra (Leonor Manso). La detesta y todo lo que ella piensa, sienta o haga será condenado por su hija.

El personaje de Paola es, realmente, atípico y forma parte de una historia contemporánea, saliendo un poco del El luto le sienta a Electra13clasicismo -el cual tantas veces resulta monótono-.

Pero, ¿de qué se trata esta dramaturgia?

Justamente de muertes, venganzas, odios, problemas sin resolver y conflictos que quedarán como tales hasta que la parca se haga presente.

Electra no es una mujer ingenua sino todo lo contrario. Está ciega por el amor incondicional que siente y éste le hará cometer un crimen que si tuviera conciencia, no se lo perdonaría a ella misma.

Toda la historia gira entorno a esta situación, a su nulidad como persona y al bloqueo que tiene su mente para avanzar y procurar ser feliz o salir, al menos, al exterior.

A su vez, amenizan la narrativa unos coros personificados que -de a poco- se inmiscuyen en la obra de teatro, interviniendo de modo espontáneo.

Los diálogos mezclan un lenguaje épico y a la vez vulgar, mostrando un paralelismo entre dos épocas tan diferentes
como similares.

Por un lado los tabúes al estilo FreudEl luto le sienta a Electra7, siguen hasta la actualidad y la implantación de verdades absolutas que en cierto momento se afirmaron y de allí en más se repiten como intocables.

Con respecto a otro punto importante, en cualquier familia, las traiciones no suelen ser perdonadas y las venganzas llevadas a la práctica. Ambas cosas, antes y ahora operan de la misma forma y podrá cambiar alguna sutileza pero no su esencia.

Electra es la heroína, la que defenderá los valores de su destruido clan y su sonrisa resplandecerá -malvadamente- dándonos el mensaje de que es feliz así. Ella eliminará lo que no sea de su agrado y tomará lo poco que le quede como éxtasis para seguir viviendo.

Su hermano Orestes (Diego Velázquez), quien interpretará a un devastado Edipo, tendrá un retorno atroz de la guerra junto al padre (Héctor Bidonde). Esta unión como soldados despertará los celos de la hermana y la libertad de su madre -quien aprovechará para divertirse junto a otro hombre-.

Es una buena elección la de modificar y adaptar la Guerra de Troya a un formato más cotidiano, fresco y de telenovela.

El luto le sienta a Electra12

La guerra no tiene demasiada repercusión, solo la de traer al padre como triunfador, sano y salvo, demostrando cuán ridícula pueda ser la vida y en qué poco tiempo se puede ser velado.

También, esta adaptación le dará más humanidad y sentimientos a los personajes quienes no tendrán vergüenza de ser cobardes, de mostrarse como tales y de que lo que se supone de una forma termine llevándose a la práctica de otra.

Toda la trama es muy llevadera y un presentador -que interviene también en la historia- tiene un rol realmente para destacar ya que da el pié para cada fragmento como para que nadie se pierda ningún detalle importante.

El elenco es fantástico porque existe mucha heterogeneidad de edades, estilos y formaciones, lo cual hace que esta pieza teatral sea una puesta diferente y atractiva, combinando una escenografía lúgubre y conservando objetos que serán utilizados para hacer entretenida la obra.

De esta manera, la sala Casacuberta del Teatro San Martín, estrenó un clásico totalmente renovado y apostando a captar gustosamente a quien desee abrir su mente y corazón.

¿Te animás a viajar sin juzgar, solo observando y conociendo una nueva óptica?

ficha artístico-técnica El luto le sienta a Electra

Mariela Verónica Gagliardi

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