*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Se murió mi esperanza

Mariana, mujer de Lorca2

Mariana, mujer de Lorca (escrita por Federico García Lorca, interpretada por Patricia Tiscornia y dirigida por Santiago De Los Reyes) es un unipersonal que nos translada a Granada para recrear la atmosfera de una época que, sin lugar a dudas, fue triste y conmovedora a la vez.

En primer lugar, una actriz que no es española, resulta difícil de imaginar en dicho contexto (más allá de la vestimenta y accesorios que utiliza la artista para lograr un mayor acercamiento con el público). Es que lograr el acento, la pronunciación y veracidad de las palabras, no es tarea sencilla. Como homenaje a esta luchadora, el objetivo se cumple, pero si de representar se trata, la versión de Susana Hornos y Zaida Rico, quienes recorren la vida de Mariana Pineda -comparándola con la de muchas mujeres, de diferentes épocas, que lucharon hasta el cansancio por sus convicciones e ideales político-sociales-humanos- es un ejemplo de excelencia y enaltecimiento, motivo por el cual es difícil de juzgar la presente dramaturgia.

Patricia Tiscornia, sin embargo, recita los poemas de amor de Lorca, acercando lo más importante de la historia. Ella canta, recita, cuenta su vida y le narra a su único amor Pedro. Quizás una buena forma de desarrollar la historia pueda ser no querer interpretar a una española sino al sentimiento que perpetúa con el correr del tiempo, a esa sensación en que una meta se desdibuja como nebulosa, apostándolo todo.

La interpretación oscila entre los versos del autor y su deseo inagotable.

El hombre es un cautivo y no puede liberarse – le dice Mariana a Pedrosa, a quien no considera valiente en absoluto.

La noche no quiere venir para que tú no vengas ni yo pueda ir.

Pero yo iré aunque un sol de alacranes me coma la sien. Pero tú vendrás con la lengua quemada por la lluvia de sal.

El día no quiere venir para que tú no vengas ni yo pueda ir.

Pero yo iré entregando a los sapos mi mordido clavel. Pero tú vendrás por las turbias cloacas de la oscuridad.

Ni la noche ni el día quieren venir para que por ti muera y tú mueras por mí.

(Federico García Lorca)

Ella no se agota por su lucha, por más utópica que se vuelva, por más peligro que corra o sin sentido se convierta. Mariana dice: Yo bordé la bandera con mis manos y su rostro se ilumina por completo. Un rostro cansado, padeciente pero lleno de vida viva.

¿Y si estoy presa? Estoy presa.

Ella se siente la libertad, y desde ese lugar recita sus días, para transmitir su militancia individual, sin anexarse a organismos políticos sino a cultivar su bondad, su compromiso y su deseo por un país más justo y equitativo donde no se condene al que piensa y acciona diferente al modelo vigente.

Ella dice que va a morir por lo que él no se anima, lo increpa a Pedrosa (alcalde que ordenó su pena de muerte por despecho), juzgándolo por su quietud ante la tormenta. ¿Un crimen pasional? Un cobarde que utilizó la violencia para terminar con el corazón de la mujer que amaba. Esa es la esencia de esta obra, además de la bandera bordada por Mariana en homenaje a la libertad.

Teatro Botica del Ángel. Función estreno: jueves 20 de agosto 2015.

Mariela Verónica Gagliardi

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No te irrite el espejo si es el jarro el que está torcido

El inspector1

El ucraniano, Nikolái Gógol, por el año 1834 escribe “El inspector del gobierno” -una obra que le daría la fama y por la que debería alejarse de su país-.

La corrupción es el tema principal que se trata en la dramaturgia y, a partir del cual, se puede notar en que se utiliza el dinero de un Estado. Antes y ahora, y en cualquier país del mundo; siempre va a existir corrupción. En esta ocasión,

Daniel Suárez Marzal adapta la historia original (dirigida por Roberto Aguirre y Omar Saravia) y la convierte en una pieza artística muy entretenida, con unas actuaciones asombrosas y muchas escenas de adrenalina.

Tomando parte del título original, este Inspector demuestra que quien se crea más vivo será sorprendido por alguien más sagaz.

El argumento gira en torno a la llegada de dicho inspector, el cual será anunciado por el correo. Sin constatar dato alguno, él (Alejandro Rattoni) y su asistente (Gabriel Dopchiz) llegarán a la mansión del Alcalde (Alejandro Zanga) y su familia. Allí, comerá como los dioses, descansará y, como si fuera poco, ganará varios billetes -aquellos que pretenderán comprar su silencio-. Este hábil mentiroso y fabulador, logrará llegar al corazón de la alcaldesa y su hija, diciéndoles tantas palabras bonitas como sean posibles.

Los diálogos justificarán ese universo femenino que tantas veces pretende oír frases dichas, compromisos supuestos y desenlaces evitados.

Por el gran sillón de época desfilarán las diferentes figuras del Gobierno, quienes estará ansiosas de conocer a este hombre que no será quienes supongan.

Mientras tanto, la música los hará bailar, haciendo primar el deseo de disfrutar cada momento -olvidándose de qué cargos ocupan y qué trabajo hacen-. Lo único que se verá es derroche de dinero y alegría, combinado con ganas de hacer lo indebido. Ocultándose de una figura que podría quitarles todo, se unirán para crear un plan.

Recién en 1835, Gógol logra estrenar su obra (después de haber sido censurado). Fue el zar Nicolás I quien autorizó su representación, la cual tuvo lugar en el Teatro Imperial de Moscú el 19 de abril de 1836.

En el epílogo de su libro escribe lo siguiente: no te irrite el espejo si es el jarro el que está torcido, dando evidencia de los pretextos que se buscan para tranquilidad propia.

Pero, ¿quién es el impostor? Iván Alejandrovic, un jugador que se quedó sin dinero y que, de casualidad, va a parar a la casa del Alcalde. De allí en más las situaciones disparatadas se apoderarán de la puesta en escena, convirtiendo la rigidez de las palabras en parafernalias humorísticas.

La ministra de salud, de educación, el juez y tantos otros ministros combinarán sus conocimientos con delirios para estafar a quien pretende fiscalizarlos.

Así como el autor de la obra no quedó satisfecho con la primera función que consideró muy sobreactuada, seguramente, estos hábiles cazadores tampoco terminarán felices con el desenlace.

Desde ya que merecen destacarse las actuaciones del Alcalde, su esposa (Celina Tellería) e hija Mashenka (Yili Di Lauro); quienes consiguen desenvolverse de forma extraordinaria entremezclando el género clown con el grotesco. También, existen otras interpretaciones muy bien logradas que hacen de la historia una entretenida denuncia.

El Alcalde bien podría ser Nicolás I, quien estuvo en su cargo durante treinta años. Parece algo inadmisible para nuestro países, aunque muchos, posiblemente, lo desearían.

Otros estilos de vida, otras épocas pero una misma historia que se impregna a lo largo de una dinastía.

La ambición y derroche pueden más que la nobleza y solidaridad. Una hija que pretende pasar por idiota cuando es más viva que su madre y un marido quizás engañado que solo quiere guardar las apariencias y nadar entre billetes.

¿Sobornar?

Eso y mucho más, pero que siga la fiesta…

ficha El inspector

Mariela Verónica Gagliardi