*** Enero 2018 ***

Entradas etiquetadas como ‘Oscar Giménez’

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Melancólica juventud

Madre amadísima8

Con un título denso, en sentido estricto, nos adentramos en la vida de un hombre llamado Alfredito. Él será el encargado de aventurarse en un pasado atroz, en el que conseguirá -de manera excepcional- oscilar entre el llanto desgarrador, la angustia, el dolor, el sufrimiento, el amor, la tenacidad y la alegría. Porque si hay algo que aprendió es a brotar como flor en medio del desierto. Cada relato es narrado como un retazo artesanal y muy bien seleccionado. Parecieran, entonces, formar un vestuario fino y transparente como su ser. No podría decir que se trata de anécdotas porque le quitaría poder y fuerza. Son partecitas de su pasado tan profundo e íntimo que consigue tocar nuestros puntos débiles también.

Madre amadísima”, surge en el 2006 como obra de teatro en España, de la mano del escritor Santiago Escalante. Luego de llenar sus funciones con cientos de espectadores, tres años después es llevada a la pantalla grande y recién en el año 2009 Escalante decide convertir en novela su tesoro.

Con acento andaluz, nuestro actor Oscar Gimenez, se encarna en la piel de este niño-adulto. Y digo así porque Alfredito tiene mucho de su infancia en un cuerpo ya maduro. Se emociona al rememorar su primera vez, sus temores, su miedo a la tormenta y sus desilusiones. ¿Quién no las ha tenido? ¿Quién no las tiene?

Vivir, de eso se trata. Y eso lo hizo como pudo. No como hubiera querido en realidad, porque su gran amor se guardó en un placard de confort y se maquilló de hipocresía por el qué dirán.

El protagonista data de 1954, en una España dominada por Franco, con todo lo que eso implica.

Resulta atractivo el personaje, atrapante la puesta en escena (con el mobiliario justo y preciso, al igual que los objetos ornamentales), la fragancia del texto y su puntillosa dirección a cargo de Daniel Cinelli. Quizás la fragancia no puedan olerla pero sí sentirla porque cuando se cuenta con las palabras exactas y una interpretación grandiosa, resulta imposible no sentir con el olfato. Como si acaso les describiera un plato de comida sin imaginar su aroma.

Alfredito no es un niño pero allí se quedó detenido. Allí sintió todo y tanto. Amó. Amó con el alma y el corazón sin cuidarse, por si acaso. Todo lo dio. Con nada se quedó. Solo con esas sensaciones de antaño, con su descubrimiento sexual, con esas reminisencias que se contemplan en un momento, en ese instante en que se sabe qué deparará el futuro.

Un futuro impensado por un lado y conocido por otro.

Juega un papel muy importante la iluminación, que enfatiza cada hito del relato. Un relato que no se siente como monólogo sino como un diálogo con su público espectador. A modo de confesionario él se zambulle en el antes y ahora.

La relación cercana con su madre, sus cuidados, los miedos, la nobleza, la compasión y la fidelidad.

Mientras tanto una virgen negra es vestida con un atuendo por él confeccionado, con el más mínimo detalle y la Ley de vagos y maleantes prohíbe la homosexualidad. El Ejército, el paso firme y rígido versus la delicadeza y la amplitud mental. Una vida a puertas cerradas y otra explorada en sociedad, juzgada inescrupulosamente.

¿Cómo se pudo castigar el sentir?

El amor puesto en tela de juicio, servido como un plato que huele a podrido y aniquilado como mierda.

Porque, ¿el amor heterosexual es de otra categoría?

No hubo momento para planteárselo. Mejor eliminar lo diferente y seguir con el un, dos camuflado.

“A los homosexuales, rufianes y proxenetas, a los mendigos profesionales y a los que vivan de la mendicidad ajena, exploten menores de edad, enfermos mentales o lisiados, se les aplicarán para que cumplan todas sucesivamente, las medidas siguientes: a) Internado en un establecimiento de trabajo o colonia agrícola. Los homosexuales sometidos a esta medida de seguridad deberán ser internados en instituciones especiales, y en todo caso, con absoluta separación de los demás. b) Prohibición de residir en determinado lugar o territorio y obligación de declarar su domicilio. c) Sumisión a la vigilancia de los delegados”.

Una historia como tantas hubo y habrá. Quizás en la actualidad no sean considerados delincuentes pero sí siguen siendo señalados como degenerados y enfermos por parte de un Estado que se quedó en la época prehistórica. Que jamás aprehendió que para vivir hay que dejar vivir y para usar el dedo índice hay que saber qué señalar y por qué. ¿Acaso alguien podría ser ejemplo de algo en este mundo?

Funciones: Miércoles 20.30 hs. Teatro Buenos Aires (Rodríguez Peña 411 – C.A.B.A.)

Mariela Verónica Gagliardi

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“Madre amadísima”, de Santiago Escalante

1Madre amadisima - Prensa 2

Llega a la Argentina la exitosa obra de Santiago Escalante

Madre amadísima

“Todos tenemos derecho
a nuestra parcela de felicidad”

Sinopsis
Alfredito viste a la figura de la virgen en la capilla de su pueblo, al sur de España.
Por primera vez, a solas con ella, se anima a desnudar su vida, con tal gracejo andaluz
que convierte en emoción profunda los recuerdos tristes y los penosos en jocosa alegría.

En un ir y venir, entre alfileres y costuras, pasan por su memoria
los descubrimientos de su infancia en el pueblo, la adolescencia con el despertar
de los sentidos, la hipocresía de su sociedad, sus desventuras en el servicio militar,
los afectos perdidos y encontrados, y esa búsqueda constante del amor.

Madre Amadísima pone en el centro de la escena a una “mariquita de pueblo”
que lucha por ser feliz, que vive, sufre y ríe con las mismas emociones
que cualquier otro ser humano, en cualquier tiempo y geografía.

Elenco:
OSCAR GIMENEZ

Equipo
Autor: Santiago Escalante
Voz femenina: Pepa Luna
Voz Girasol: Santiago Escalante
Vestuario Virgen: Paula Molina
Fotografía: David Rosso
Operación de luces: Matias Canony – Mario Gómez
Operación de sonido: Alejandro Piar
Diseño gráfico: conamor.org
Prensa: Alfredo Monserrat

Puesta en escena y dirección:
Daniel Cinelli

Funciones:
Todos los lunes 21hs

en

Teatro Buenos Aires.
Rodriguez Peña 411
(esquina Corrientes)
Tel. (011) 5218-5214

Entradas por Plateanet, Atrápalo y en el teatro.

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Manipulación rebelde

Hablemos a calzón quitado16

La década del setenta, sin lugar a dudas, fue una de las más emblemáticas en Argentina. Ese aire brumoso por el que se cruzaban civiles y armados, disputándose unos ideologías y otros el poder; queriendo adueñarse de un país que no era de un bando u otro, sino de todos. Absolutamente todos.

En un clima convulsionado por los militares que golpeaban (en todo sentido) a todo aquel que pensara y actuara diferente a lo pretendido, en un clima hostil y que dañaba a todo idealista, en un clima que no fue soportado por todos y en el que perecieron o hicieron perecer a los más débiles (a esos soñadores empedernidos, tildados de golpistas) es que se ubica esta historia titulada Hablemos a calzón quitado (escrita por Guillermo Gentile y dirigida por Nicolás Dominici).

La presente obra es un tesoro realmente que une y reúne a tres seres completamente diferentes pero que, sin embargo, necesitan retroalimentarse de algún modo. Así es como un padre (Oscar Giménez) vive junto a su hijo (Ulises Pafundi), aunque es un error decir que viven, mejor dicho habitan bajo el mismo techo. Uno se sirve del otro, mientras este otro se apoya en el primero. Así es como la dupla pasa sus días con una rutina exactamente idéntica y que no sufre ningún tipo de transformación, hasta que un tercero cae como gota de lluvia para refrescar. La llegada de este extraño representará a la sabiduría, a la importancia del pensamiento, de saber argumentar y de lograr tener convicciones sin temer a los demás.

Claro que cuando existe un dominador, necesariamente tiene que haber un dominado; así como la existencia de oprimidores y oprimidos. Como un rayo que se posiciona sobre el más vulnerable, convenciéndolo de que su “vida” es la que le toca y sus días deben ser miserables.

La dificultad de uno deja en evidencia la del otro y todo lo que se suponga deba ser de una manera, podría convertirse en lo contrario e incluso opuesto.

Este tercer cuerpo que recibe el nombre de Martín (Emiliano Marino) que llega para importunar a la pequeña familia conservadora que está acostumbrada y arraigada a determinadas creencias. Pareciera ser que el tercero es “discordia” se cumple a raja tabla y es que no siembra justamente discordia sino dudas existencias y muy profundas. En verdad se trata de conocer el todo para elegir algo determinado. Si el Nene hubiera sabido y entendido quién es quién podría haber cambiado su suerte, podría haber desplegado sus alas en busca de la libertad y el placer que tanto anhelaba. Su Papi se encargó de mantenerlo guardado, oculto, reprimido como un paria que no tiene voz ni voto, que solo debe obedecer y callar.

Un silencio que se rompe y que es interrumpido es el puntapie inicial en esta dramaturgia que tiene tintes dramáticos y humorísticos, que permite hacer soportable la bruma espesa sin oxígeno. Que en medio de tanto odio plantea un escenario alternativo para desdramatizar la realidad.

Los libros serán los enemigos incansables del padre que luchará para volver atrás el tiempo, un tiempo que ya no tiene retorno.

Mientras tanto, la necesidad es la encargada de crear determinados lazos que irán surgiendo -momento a momento- hasta plasmar la bipolaridad que tiene cada uno de estos entrañables personajes, consiguiendo empatía con el público, haciéndose más o menos cercano según los rasgos que los caracterizan y permitiendo que la revolución tenga lugar en la vida de quien así desea que sea.

Desde ya que el personaje de Ulises Pafundi es el que más repercusión tiene no solo por su interpretación sino por quien es en escena. Sus compañeros de obra tienen un gran desempeño también y consiguen enriquecer la trama con la tensión necesaria para que solo podamos relajarnos en los momentos que la historia lo permite.

Hablemos a calzón quitado es la fórmula perfecta para quitarse la máscara y decir lo que se piensa, haciéndose cargo de las consecuencias.

Mariela Verónica Gagliardi

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