*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Bretón envuelto en la tormenta de Santa Rosa

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ficha-traslasierraEn un pueblo perdido, en la provincia de Córdoba, es que se encuentran dos hermanas a la espera, mientras su madre viene y va, deambulando por doquier. Ellas aguardan que el viento tome otra dirección más conveniente para sus vidas, se toman el tiempo para imaginar qué pudo haber sido de la vida de su padre y, mientras tanto, quisieran casarse y huir de la casa que habitan en pos de algo mejor y progresar.

No solo que el progreso que buscan no llegará sino que se irán sucediendo una serie de atrocidades que (acompañadas por efectos sonoros en vivo) nos irán llevando por un recorrido poco visto en el teatro contemporáneo.

Y, de repente, podemos observar una excelente escenografía que nos da cuenta del lugar que el autor/director pretende recrear: una cómoda que sostiene el portarretrato de un hombre, posiblemente del padre que ha dejado todo. Un rostro que bien podría ser -por el carácter de la dramaturgia- André Bretón. Sumado a este detalle, se une una cama con sábanas añejas y diferentes vestuarios que lucen las actrices y otros colgados en el patio de la casa, intentando secarse antes de que ocurra lo peor.

Entonces, retomando el hilo conductor de la historia, Bretón podría ser el progenitor de estas dos jóvenes ya que sus historias coinciden a la perfección: la ubicación geográfica (Francia) y la tinte surrealista que lo caracterizó. Es así como Traslasierra (escrita y dirigida por Gabriel Cosoy) se abre a dos lecturas: la tradicional que nos invita a seguir, cronológicamente, el relato; y la surrealista que nos lleva de la mano por un universo colmado de historia, de guerras, de literatura, de simbolismos y de, al parecer, un discurso que podría (incluso al terminar) volver a reciclarse.

Esta obra es una maravilla y así nos deja a los espectadores. No hay quien no salga de Silencio de Negras con una sonrisa de satisfacción porque se trata de un producto artístico muy bien logrado, con eximias sobre actuaciones, con un espacio escénico que parece ser el ideal y todo el aspecto sonoro que acompaña, deleitosamente, a la narración. No nos tenemos que imaginar que se desata la tormenta de Santa Rosa porque la sentimos, la escuchamos, la tememos y añoramos que no se cobre víctimas.

Por momentos las hermanas, con su aspecto campestre, se animan a contar sus desgracias, sus penas, sus esperanzas y a creer que lo que vendrá será mejor. Es tanto el delirio que se vive a lo largo de esta historia, pero tan bien interpretado, que no podríamos cuestionar absolutamente nada de lo que ocurre. Todo lo improbable se vuelve real y no existe momento para negar que una novia de su padre pudiera aparecer de la nada, pretendiendo y orando por su vida.

En lo personal considero que tener en cuenta sabores, aromas, fragancias, sonidos y silencios ayudan a que tanto los artistas como el público puedan/podamos meternos de lleno en la obra, ser parte, trasladarnos a un espacio en que bebíamos esta infusión o recordar tal o cual cosa por el cesar de una ráfaga de viento. La memoria emotiva es fundamental para que sellemos en nuestro cuerpo un momento determinado. Este es el caso y quizás por ello pueda ser tan complejo escribir sin que una frase quede redundante o demasiado pegajosa.

Cada partecita de Traslasierra es un recorte de los escritos de Bretón. Por esto y mucho más, se puede disfrutar y rememorar “En la infancia la ausencia de toda norma conocida ofrece al hombre la perspectiva de múltiples vidas vividas al mismo tiempo”. Pareciera ser que la imaginación cumple con todos los requisitos para que el surrealismo llegue al objetivo de plagarnos de herramientas y deseos, sin límite, soñando despiertos: “Amada imaginación, lo que más amo en vos es que jamás perdonás”.

La razón se hace a un lado para que lo más puro e innato del ser humano cobre protagonismo. Es momento de dejar relucir aquello que asombra, que sorprende. Es el instante en que podremos tomar con las manos a nuestra niñez y abrigarla de tal modo que no se escurra jamás.

Cada una de las ocurrencias de esta magnífica dramaturgia sorprende, llena y otorga una luz que solo será interrumpida por esos rayos que anuncian la tormenta del año o, por qué no, del siglo. Toda preocupación podrá ser soslayada y las plegarias reunidas para que tengan su momento de lucidez.

Mariela Verónica Gagliardi

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Musicalmente aprenderás

NoAvestruz, nos abrió las puertas para disfrutar del espectáculo «Lalá y el toque toque», el cual además de convocar a muchos niños, llevó de cola a los adultos. ¿Como acompañantes de los más pequeños? Dejemos abierto el interrogante porque, a decir verdad, los grandes sabían a la perfección todas las letras de las canciones, aplaudían en el momento preciso, jugaban cuando los artistas lo proponían…

Y claro, «Lalá» se recomienda a partir de los 3 años, así que función a función, debe ocurrir que los padres les propongan a sus hijos, ir a ver la obra, y no a la inversa.

Pero, comencemos el itinerario musical: Osvaldo Belmonte (Piano y Dirección Musical), Juan Martín Damiani (Percusión), Roberto Seitz (Contrabajo), María Florencia Prieto (Violín) Jorge Caruso (Banjo); hicieron sonar de a poco sus instrumentos. De repente, las partituras empezaron a volar, como por una fuerte ráfaga de «El viento» (Pepe Iglesias «El Zorro») y allí Karina Antonelli (Voz), apareció.

El repertorio de las canciones es para infantes ya que les enseña a rimar, a deducir antónimos de determinadas palabras, mezclan música clásica, tango y rumba con ritmos más pegadizos para niños.

Mientras Osvaldo, hacía sonar el teclado, le pedía a su musa inspiradora «Esmeralda rascame la espalda»utilizando distintas frases pegadizas, entrenidas y que rimaban entre sí como para ser asimiladas al instante. También disfrutamos «Toque toque», el tema que nos dice que si no queremos bailarlo no lo hagamos.

Uno de los momentos más lindos fue cuando Karina, invitó a los niños a hacer una ronda, mientras recitaban las melodías, como para lograr empatía con el público.

A través, entonces, de distintos matices musicales, nos fueron transmitiendo una historia de amor, en la cual ella y el pianista se enamoraron.

Con respecto a la puesta en escena, fue sencilla y delicada. Uno de los objetos a los que más se remitieró la pareja fue, en distintas ocasiones, a una antigua radio. ¿Qué sonaba? Una voz (a modo de estrategia publicitaria) para entusiasmar a los niños a que compren los discos del grupo. Fue una buena forma de hacerles conocer que a la salida de la sala podrían adquirirlo si así lo deseaban.

«Lalá» es un producto perfecto, trabajado, seleccionado en cada uno de sus temas y canciones. Eso es lo que atrae también al público. No hay dubitaciones ni improvisación. ¿Esto es positivo o negativo? Depende del gusto de cada uno, muy en particular. A decir verdad, «Lalá y el toque toque», parece un espectáculo trasladado de la televisión a las tablas. Solamente le faltarían algunos muñecos o personas disfrazadas y estaríamos en presencia de un programa de la pantalla chica.

Cuando tocaron «La bailarina», Karina le cantó a una marioneta blanca y a nosotros, muy dulcemente. Dicha bailarina, en manos de su ama, fue mostrando los pasos de ballet e introduciéndonos en un mundo de fantasía.

Pero, otra gran instancia de la tarde surgió cuando llegó la canción «El monito» (Pepe Iglesias «El Zorro») ya que en diversas estrofas tuvieron que niños y grandes, hacer estatuas y movimientos, guiados por la cantante. Si te equivocabas, eras reprendido por ella, así que no fue tarea sencilla copiar paso a paso.

Uno de los chicos, casi desde el principio de la función quería la canción de la polenta, pero con el calor que hacía, la banda no tenía demasiadas ganas de interpretarla. Finalmente, le dieron el gusto y por más gotas de sudor que tuvieron, entonaron «Y la fuerza que tiene» (Pepe Iglesias «El Zorro»).

Nadie pudo quejarse de nada, ya que complacieron los caprichos de cada uno. Hasta uno de los niños, en un momento corrió a tocar el piano de Osvaldo.

Hubo entusiasmo, alegría y ganas de volver por segunda, tercera o vaya a saber uno, quizás cuarta vez.

Quedan cuatro funciones más, para que aprendas las canciones y conozcas a este gran grupo de concertistas. ¿Te lo vas a perder?

Equipo

Escenografía: Valeria Abuin

Diseño sonoro: Nicolás Diab

Voz para locución de radio: Eugenia Alonso

Vestuario: Ana Algranatti

Iluminación: David Seiras

Coreografía: Ana Padilla

Dirección de títeres: Daniela Calbi

Diseño gráfico: Eduardo «Bochi» Tunni

Prensa: Luciana Zylberberg

Producción: Lalá y Gonzalo Guevara

Asistencia General: Graciela Gallelli

Dirección: Karina Antonelli y Luciana Zylberberg

Mariela Verónica Gagliardi