*** Junio 2019 ***

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Perder lo que más se ama

La espera20

El FITLA (Festival Itinerante de Teatro Latinoamericano Âmbar) pisó fuerte en Buenos Aires, con propuestas muy controversiales y un abanico enorme de géneros para todo tipo de gustos.

Una de las obras elegidas para presenciar fue La espera (con dramaturgia y dirección de Conchi León), una propuesta triste, conmovedora, fuerte, pero -por sobre todas las cosas- valiente.

Cien funciones, con la de hoy, transmitiendo sus delitos. Pero, ojo, no solamente incriminando y culpándose, sino abriendo sus corazones. Demostrando que, detrás de un homicidio o de un robo también existen hombres capaces de amar.

La espera (es una obra de teatro creada por La compañía de teatro penitenciario de de Santa Martha Acatitla – México) es algo desgarrador. No existen demasiadas palabras para transmitir lo que se siente estando ahí, como público-espectador.

Me sentí mal, muy mal. Tuve ganas de irme, de abandonar la sala, de decirles a cada uno de ellos que no se victimicen, que está bien que hayan pagado por lo que hicieron. Y creo que esta es la gran contradicción que puede vislumbrarse en nosotros los humanos: saber que alguien cometió un error (a veces irreparable) pero que como ser imperfecto hay que perdonarlo.

No salí corriendo, me y les permití escucharlos. Saber de ellos, qué era lo que tenían que comunicar a través de la ficción y realidad. Porque se trataba de sus vidas antes, durante y después de la prisión, no de mariposas de colores.

Tres hombres, entonces, narrando los momentos más trágicos y maravillosos de sus días. Y suena también contradictorio porque se presupone que el drama no puede contener sueños, lo cual es mentira.

Vestidos de negro, representando situaciones violentas -tan reales que producen escalofríos-, utilizando diferentes objetos para que podamos contextualizar lo ocurrido entre las paredes más frías y desoladas del mundo. De un momento a otro, la vida cambia.

¿Por elección?

No todo es decisión nuestra. A veces es el entorno, la sociedad, la vulnerabilidad, la poca confianza, la falta de amor, de dinero, de oportunidades. La desintegración de una persona como si se tratara de papel picado; pero no. Es su interior que ya no interesa, que a nadie le interesa y por eso delinque. Quizás si supiera, de verdad, las consecuencias, no lo haría.

¿Existe, acaso, manera de imaginar a ciencia cierta cómo podría ocurrir algo?

La imaginación traiciona a la realidad. Es como un juego de buscaminas en el que puede estallar todo por el aire en cuestión de milésimas de segundos. Eso es la vida. Todo está “bien” hasta que ya no lo está.

“Quise correr antes de caminar”, dice uno de los actores, refiriéndose a cómo la inexperiencia lo hundió por completo. A cómo su deseo de ser militar lo llevó a la peor desgracia.

Escenas que transcurren a lo largo de la dramaturgia, que se encargan de conmovernos, de acercarnos diferentes momentos en que cada uno puede hablar en primera persona o como personaje secundario.

“Esas son las consecuencias de delinquir: perder lo que quieres y perder lo que tienes”, esboza otro de los actores. Y su rostro rememora la pérdida de su hijo.

“Nadie deja de pecar, todos quieren tener dinero, nadie quiere trabajar. Todo tiene una razón, todo tiene un por qué”; canta el tercero (el tema Todo tiene una razón, de Alex Lora, cantautor mexicano) mientras es torturado.

Así desfilan las diversas canciones del género del rock and roll a lo largo de estas historias que consiguen llegar a lo más profundo de quien esté abierto a recibir lo duro y romántico que puede convivir en el cuerpo de un mortal. Acompañan las secuencias, las luces en diversas tonalidades que logran crear clímax muy íntimos.

El amor existió y existe en sus vidas, como en la de cada uno de nosotros. Sus miradas son miradas de dolor, de mucho sufrimiento y, por más que ríen, lo hacen desde un lugar diferente.

Al terminar la función tuve la necesidad de abrazarlos y así lo hice. De felicitarlos pero no por lo artístico sino por sus valentías.

Nadie honra a un delincuente pero sí a un humano que cambia de tal manera que sabe lo que hizo y que jamás lo repetirá. Que el ahora es una oportunidad para trazar un nuevo rumbo.

Mariela Verónica Gagliardi

Sábado 20/4: 19 hs y 21 hs.
Centro Cultural 25 de Mayo (Av Triunvirato 4444 - Villa Urquiza).
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Una medida contra el narcotráfico

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Las drogas son, sin lugar a dudas, portadoras de uno de los negocios más grandes del mundo: el narcotráfico. Este negocio que recluta, actualmente, alrededor de 50 mil menores de edad en México, que los obliga a dejar la infancia, repentinamente, para convertirse en adultos, en sicarios, en vigiladores, en cárteles y, lo más penoso, en criminales.

Al igual que ocurre en nuestro país, los menores son inimputables y, por ello, los “salvadores” en cierta forma del universo delectivo. Estos niños que tienen 17 años los más grandes, y que llevan a cabo operativos inentendibles para su corta edad, que su grado alto de analfabetismo es manipulado por los superiores para hacerles hacer cosas que, quizás, si fueran concientes y contaran con las herramientas necesarias para analizar, no harían.

Dentro de este panorama -que ocurre no solo en el país mexicano sino en otros territorios de latinoamérica- surge la obra Anna (escrita, protagonizada y dirigida por Tania Mayrén), con una puesta en escena sencilla y contundente a la vez. La actriz interpreta a una joven que, junto a una cámara filmadora, recorre kilómetros y kilómetros en busca de su hermano menor. Esta búsqueda nos llega al alma de una manera tan cruda como real, permitiendo que conozcamos una historia ficcionada pero repetida diariamente en diferentes hogares.

Un día como cualquier otro, el adolescente desaparece de su casa y, sin imaginarlo, es secuestrado por una banda de narcotraficantes. Anna solamente cuenta con una foto de él que irá mostrando a cuanto desconocido se cruce para aunar fuerzas y seguir adelante. Ella, en algún lugar de su corazón, sabe que probablemente nunca vuelva a reunirse con él, pero la esperanza es lo último que abandona.

Como un camino sinuoso y empantanado, Anna atravesará momentos trágicos, delicados y desesperantes. Se quedará sin dinero, sin el poco que tenía, pero dormirá en las calles, dejará de comer y respirará para ganar aliento y continuar.

Este gran unitario es un mensaje explícito a toda la sociedad, al mundo entero, es un grito desgarrador en el que se pide paz, serenidad y una mente fría. Amor, unión y conciencia. Conciencia para respetar a los niños, a su infancia, a las familias que menos dinero tienen y que por eso se convierten, muchas veces, en vulnerables y en focos para que hagan con ellas cualquier cosa.

Pero Anna no solo tendrá como objetivo encontrar a su hermano sino narrar una biografía llena de personajes que irá conociendo a lo largo de esta travesía, personas que le irán aportando fe y dolor, cosas buenas y cosas malas para convertirla en una mujer cada vez más íntegra y bondadosa.

Ella sola, en el espacio escénico del Teatro Corrientes Azul, hará las voces de cada personaje, haciendo que la dramaturgia cobre un valor cada más alto. Convirtiendo a Tania en la portadora de un mensaje difícil de pronunciar y no sentir miedo. Sin trastabillar en ningún momento, con una prolijidad extenuante y una mirada profunda; convence con sus argumentos, con cada palabra, con cada mirada y esa valija llena de nostalgia.

Atravesando también temas como la prostitución y la trata de blanca -solo como una ráfaga- Anna se convierte en una pieza teatral que debe ser vista. Y lo digo como obligación hacia la moral de cada uno. Desde su país ha llegado a la Argentina para decir lo que siente, cómo se vive, cuáles son sus preocupaciones y compartir con nosotros su talento actoral. El drama real y el ficticio, nos abrazan y los escalofríos nos escoltan imperiosamente.

Mientras mis lágrimas se apoderan de todo mi cuerpo no paro de reflexionar sobre la temática, una temática que no siempre se tiene presente pero en cuanto alguien la menciona es imposible no comprometerse.

Vino a ofrecer su obra unipersonal y -convertida en una andrajosa, con botas de lluvia, ropa así nomás y un bolso de tela-; se llevó aliados pero aliados en este caso para una buena causa, aliados informados que solo desean convertirse en parte de una búsqueda mundial: el hallazgo de cada niño perdido que está muy lejos de su familia.

Mariela Verónica Gagliardi

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