*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Entradas etiquetadas como ‘Mariela Verónica Gagliardi’

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Tan superficial como el maquillaje

la-vida-feliz1

ficha-la-vida-felizLa imagen principal de la obra es una pareja de futuros esposos. Como la tradicional que solemos llamar “muñecos de torta”, por su perfección innata. Claro que al conocer los pormenores, sabremos detalles tan profundos como el amor y el desengaño.

Resulta increíble aceptar que la alegría de uno puede resultar la envidia del otro, que el sueño más grande de uno podría opacar el anhelo del otro y que, en definitiva, los humanos somos tan extraños y complejos que pareciera imposible tomarse una fotografía que transmita el sentir más angustiante.

¿Qué es lo más trascendente de La vida feliz ()? Absolutamente todo. Y por más exagerado que parezca, les aseguro que no lo es. Se parte de una premisa: el síndrome de Estocolmo, pero se utiliza, hábilmente, el engaño, la manipulación, la esquizofrenia, la paranoia, la inseguridad y todo mecanismo que se cruce por sus mentes para transformar el caos en quietud. Para que todo lo establecido por alguien externo, pueda delinear un film perfecto, una foto bien tomada y la felicidad no conseguida.

Es entonces cuando como público nos disponemos a observar a una pareja que está a punto de celebrar su matrimonio con una gran fiesta en medio del campo. Pero, antes de que la misma pueda llevarse a cabo, los dos jóvenes tendrán algunos encuentros y desencuentros dentro de una única habitación: el baño. Allí dentro estarán cerrados y agobiados, sintiendo la insatisfacción que les produciría hacer lo que en verdad no desean. Todo lo que algunos tildan de ridículo e hipócrita (acerca del matrimonio), estará representado al máximo en esta puesta en escena.

Verdaderamente una dramaturgia bien interpretada, que nos lleva hacia los años cincuenta, o al menos así lo percibo por las tonalidades en blanco y negro que se utilizan, con una iluminación blanca que los enfoca en todo momento, de la que no podrán escapar al igual que de esas miradas por parte de las familias y amigos (que no vemos) pero que podemos vibrar por la congoja que ambos sienten.

Existen muchísimos simbolismos y metáforas que surgen desde los primeros instantes en que se inicia la historia. Una historia que no se puede decir que es trágica, sino dramática. Que incluye al amor en todas sus formas y que si juzgáramos sus agresiones nos convertiríamos en seres desconocidos para nosotros mismos.

No existen parejas perfectas como el diseño del flyer, no existe la paz absoluta más que en la muerte, no existe la elección personal cuando se toma la ajena, no existe el poder llenar un vacío de amor con celebridades y lujos. Todo se construye de a dos, y cuando esto no ocurre aparecen los famosos reproches, las culpas, la discordia, el olor a podrido y todo lo que podría inspirarse en un toilette. Quizás por eso el cuarto escogido para la representación sea un baño: porque una relación que no tiene futuro y no piensa ser deshecha caerá en el mismo tacho en que caen los papeles higiénicos y la misma pileta que gotearán las lágrimas de bronca y dolor.

La vida feliz plantea lo que significa estar encerrado en sí mismo, en una pareja que enferma más de lo que reconforta, en la locura por calmar la desesperación y en el olvido de que es posible sentir alegría en vez de compasión por uno mismo.

Todas las miserias quedarán en la bañera en que se suceden algunas de las acciones, en el agua que corre sin sentido, en los mosaicos que escuchan los golpes y en la voz femenina que va contribuyendo en la extinción de lo poco bueno que podía quedar.

¿Salir de la mano o quedarse a perecer?

Quizás sea parte de lo mismo, de una “aventura” que podría conducir al suicidio en vida y al odio tan recalcitrante como el secuestro de la nada misma y del todo buscado en lo más hondo de un inodoro.

Mariela Verónica Gagliardi

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Entrevista a Ana Padilla

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La vagina enlutada es un libro escrito en el 2010 por Walter Hugo Ghedin.

En la sinopsis del mismo se hace alusión al duelo, a la muerte de algo importante, a la soledad, a la desesperanza y al amor fundamentalmente.

Gastón Marioni, toma el argumento original y lo convierte en movimiento, llevando a escena a cinco actrices de renombre y muy talentosas. Ana Padilla es la elegida para esta breve entrevista.

Ella tiene una larga trayectoria en las artes escénicas, tanto como intérprete, coreógrafa y directora, en televisión y en teatro. Ha actuado en televisión: Amas de casas desesperadas, Locas de amor, Los simuladores, Son Amores entre otros. También, en teatro: Melodías de Diván, Casi Tennessee, Córnea y Oxímoron por citar algunos de ellos. En lo que respecta a dirección de obras: El pájaro azul, Y se nos fue de gira, son dos títulos que caben mencionar.

¿Cómo debería ser tu hombre perfecto?

No sé si existe el “Hombre Perfecto”, tampoco La “Mujer Perfecta” Para mí a esta altura de la vida tiene que ser compañero, libre, que le guste reírse, que me divierta, que le guste tomarme de la mano, que se deje amar, que ame lo que haga, que sea confiable, amable y sobre todo buena persona.

¿Existe una edad para cerrarse al amor?

No, no existe una edad. Hay determinadas circunstancias en cualquier momento de la vida que hacen que nos cerremos temporariamente al amor. Después esas puertas se vuelven a abrir cuando volvemos a creer.

¿Qué factores crees que inciden para que las mujeres no creamos, muchas veces, en la palabra de un hombre?

La mentira, la infidelidad.

¿Qué expresan estas cinco mujeres en escena?

Estás mujeres sacan sus miserias a la luz y cuentan sus historias. Por eso uno entiende porque están momentáneamente cerradas al amor.

¿Se ven muchos espectadores masculinos? Qué opinan al respecto?

Se ven varios hombres en la platea y lo pasan muy bien. Se ríen a la par de las mujeres y nos entienden un poquito más.

La vagina enlutada… Si hablara, ¿qué le diría al universo masculino?

Que nos amen, que nos respeten, que no somos objetos, que somos sensibles, vulnerables, que amamos amarlos.

Mariela Verónica Gagliardi

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¿Más papistas que el Papa?

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ficha-dont-cry-ceferinoEn un pueblo de la Patagonia Argentina hay un hotel en el que se hospeda todo aquel transeúnte que visite la zona o esté de paso. Allí, hay una foto de Ceferino Namuncurá, como referencia al santo de los milagros. De hecho, todos los años, un gran caudal de personas acuden para orarle, recordando a la primera mujer que sanó de cáncer.

Nuevamente, Gonzalo Demaría, sorprende con una de sus propuestas en que el grotesco se apodera de la historia para darle un revés totalmente inesperado.

Como si se tratara de un cacique que viene a transmitir la palabra de Dios, a dar pena, a crear sentimiento de culpa y a otorgarle a cada creyente la ilusión perdida en sus vidas.

Muy al estilo de la película Nueva Reinas, todo irá in crescendo hasta que la mentira se convierta en algo imposible de sostener y le explote en la cara al más perverso.

Don´t cry Ceferino (con dirección de Alejandro Giles) es la posibilidad de convertir una realidad en ficción y de otorgarle a los más débiles un mensaje publicitario.

Se dice que la publicidad se encarga de manipular y crear necesidades que no son en verdad tales. Este vendría a ser parte del argumento de la presente dramaturgia: el pintarle lágrimas a Ceferino y, así, sentirlo más vivo que nunca.

Hay quienes solo creen en lo que ven…quizás por eso es que resultará tan verosímil esta puesta en escena y cada uno de sus diálogos.

Mientras un sacerdote y un médico se alojen en este hotel del interior, todo podrá suceder y la última acción hará cambiar el comienzo.

Ya no habrá, entonces, más víctima que la ignorancia y rifle que pueda matarla.

Habrá quien se enamore de lo fugaz, quien elucubre con tal de llenarse los bolsillos de dinero y quien trame historias por doquier.

En cuanto la música se haga presente, una ola de frescura podría apoderarse de los más ingenuos y despertar la conciencia de los adormecidos.

¿Qué decir del elenco?

Realmente vale la pena prestarle atención a artista, a su alto nivel de actuación y a la esencia que consiguen interpretar de comienzo a fin.

Con respecto a este género, sabemos que no abunda y que lo bueno es mínimo en el teatro.

Es como si ingresáramos de lleno a un sitio detenido en el tiempo, en el que la quietud es lo primordial, al igual que la serenidad y, de un momento a otro, la locura y cada exabrupto le darán un sacudón de bienvenida.

Los habitantes pasarán de conformarse con poco a ponerle pimienta a sus días. Así, el regocijo y la satisfacción los harán notablemente distintos, al menos por un tiempo.

En cuanto al motor que mueve toda la historia, como mencioné anteriormente, se basa en la fe. Esta necesidad de pedirle a un superior, se torna más importante que cualquier bien material. Entonces, Demaría viene a demostrar que realmente el vil metal sigue predominando por sobre todo acto de suplicio a Dios.

Así, el deseo sobrepasará a cualquier copa de alcohol y el ser buen anfitrión ya no será tan frecuente como solía serlo.

Un ser superior a otro y la cura en manos de depredadores. Esto será el nuevo motor de cambio que, como se sabe, no siempre será lo mejor y más positivo. ¿Revolución?

Mariela Verónica Gagliardi

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Llantos de amor y esperanza

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ficha-el-hombre-de-la-nariz-rotaEl dramaturgo y actor Rolo Sosiuk decide llevar al teatro la vida de Auguste Rodin pero desde la mirada de su amante Camille Claudel. Es entonces cuando tendremos la oportunidad de ingresar en la intimidad de este escultor que no siempre fue reconocido por sus creaciones. El hombre de la nariz rota (dirigida por )es uno de dichos ejemplos en que el arte (y no su perfección) son dejados a un lado por parte de la sociedad.

Rolo Sosiuk será esa máscara que revivirá para recordar su existencia, para estar sin que nadie se de cuenta y pulular por cada rinconcito en busca de justicia.

Existe una fusión entre la danza y el teatro que da cuenta del mundo de la escultura. A su vez, así como el baile pretenderá un renacer, Camille será despojada de su lugar, de su profesión y encerrada en un manicomio para que se atormente cada uno de sus días.

Sufriendo de desamor, de tristeza, de promesas incumplidas y de una vida que no podrá llegar a este mundo; así es como esta pobre mujer es despojada de todo. Absolutamente todo.

No habrá caricias para ella que la cuiden, ni besos que la devuelvan a su cordura. ¿Existe quien no enloquezca en el encierro? ¿Existe quien no padezca cuando se lo desnuda por completo hasta de su interior?

Una actriz excelente interpreta a esta amante (Zuleika Esnal) y será lo que más relucirá a lo largo de la historia. El hombre de la nariz rota parece ser por momentos una dramaturgia bufa, luego un drama, más tarde una lectura sobre la danza clásica y después una forma de cambiar los errores.

Con una mirada aguda y punzante acerca de la elección de Rodin, -un hombre que parece no haber elegido lo que le dictaba su corazón sino lo que se le sirvió como plato en la mesa- y la fuerza que cobra lo afectivo tanto al momento de crear, como de amor y de morir lentamente.

Los segmentos de danza vendrían a ser la perfección, una perfección que no existió en la vida del escultor cuando hizo esta pieza artística, ni en la de su esposa ni en la de su amante, ni en la del hermano de ésta. Al fin de cuentas: ¿qué es lo perfecto? Pareciera ser que atrae lo “imperfecto”, lo distinto, lo que no siempre se puede describir con palabras y, sin embargo, apasiona.

Un amor que no pudo concretarse como los dos hubieran querido y que tuvieron que regalar por los aires, desplomándose por completo.

Cuando todo parezca deslumbrar, aparecerá una nube negra que detendrá tal satisfacción. Así fue la vida de esta mujer y el tormento que eligió atravesar. Quizás pueda sonar ridículo que una persona escoja el dolor antes que la felicidad y es que esta artista creería que su Rodin dejaría a su esposa por ella, como tantas veces se cree. Este conformismo e ilusión la hundieron, tanto pero tanto, que ya sus palabras solo resonaron en cuatro paredes, al mismo tiempo que sus lágrimas se expandieron y secaron todo corazón enamorado.

Su camino de discípula la enriqueció como escultora aunque su gran tormento fue el haberse fijado en un hombre como Auguste y no haber logrado la entereza para finalizar una relación en vez de sentir luego el agobio del abandono.

El retrato de Camille debe permanecer más vivo que nunca para que la violencia de género pase a la historia de una vez por todas, para que cada mujer golpeada, insultada, menospreciada y tratada como un pedazo de mierda se sienta identificada y no justifique la mano dura del hombre que la ejecuta.

Esta obra de teatro plantea a El hombre de la nariz rota como un abanico que se va abriendo, de a poco, y que pretende concientizar. Considero que hay que ver esta propuesta en que la mujer objeto-sujeto aparece y desaparece según la intención de los masculinos que se atreven a hacer “magia” con los cuerpos ajenos.

Una estética que nos lleva a al Siglo XIX y que nos pega un cachetazo al presente, recordándonos que el amor puede ser lo que permitamos que sea.

Mariela Verónica Gagliardi

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Cuando el paso del tiempo es mucho más que eso

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Resulta muy conmovedor asistir a una obra que presenta una temática tan vinculada con pensamientos propios. Sin pretender robar ideas ni apropiar contenidos, asumo que ver Los milagros (escrita y dirigida por Agostina Luz López) es parte de la vida de muchas de nosotras. De varias mujeres que hemos sido niñas, que hemos sufrido, que nos hemos sentido incomprendidas, solas aún en compañía, afines a personas ajenas a nuestras familias e inmersas en un círculo vicioso que, tantas veces, resulta imposible de cortar.

Martina (Martina Juncadella) es la creadora de este universo tan bien plantado, difundido, soslayado y representado. Porque ella recuerda quién fue y quién pretender ser, rememora ciertas escenas de su vida pasada y, para ellos, precisa de colaboradoras. Unas intérpretes de lujo que son, nada más ni nada menos, su madre, abuela y niñera.

Imaginen un mundo cotidiano donde solo las voces son femeninas, donde lo masculino puede ser oído o escuchado solo en la televisión, o leído en revistas o pretendido en los cuentos.

Esta joven es una manipuladora, como todos, una creadora, una innovadora y, al fin de cuentas, una demagoga. Sí, porque, utilizando correctamente el término, narra su historia desde ella misma, tajantemente; y las voces y cuerpos que vemos son ejecutados según sus hilos. Entonces, hace justicia en cada relato, llora cuando no consigue lo que quiere, se encapricha desde bebita y hasta el momento, juega con todo lo que encuentra, permite que su cuerpo dance y se recupere de cada agresión sufrida.

Porque el silencio a veces resulta más dramático que un grito, porque ella necesita tenernos como público pero también como testigos de esos años en que tanto le pasó.

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Los milagros es una comedia dramática, una historia de vida, un tesoro que Martina guardó y quiso compartir con nosotros y, al mismo tiempo, con ella misma. Porque el recuerdo puede ser lo que la memoria permita, al igual que el correr de los años ir transformando el dolor en algo bonito y perdonar lo que en cierto instante parecía irreconciliable.

Con respecto a la escenografía, cabe resaltar su practicidad y belleza. Por momentos es como si estuviéramos viendo dentro de un motorhome pero abierto de tal modo que pareciera ser un biombo desplegado. No existe el perder tiempo ni cambiar un espacio por otro, sino que toda la recreación espacio-temporal está a disposición de las actrices para que se trasladen de un ambiente a otro de la casa, contando agradables anécdotas, discutiendo, bailando, cantando, enloqueciendo y conociendo que la historia de esta familia existe en otras. Que ésta es un ejemplo no por distinguirse, sino por ser natural y por no querer tapar absolutamente nada negativo con ríspidas sonrisas.

Los milagros es la posibilidad de pasar de la risa al llanto en cuestión de una hora. De emocionarse tanto y aplaudir cada uno de los aciertos. Porque la naturalidad con la que interpretan, se fusionan y representan los momentos elegidos por la protagonista; hacen relucir las miradas, sentir que lo malo tuvo incluso una enseñanza y el aprendizaje voraz, como aquella sandía que se devora, o los fideos que se mastican o tragan según la personalidad que se trate. O aquellas tardes en que la telenovela era la escuela prodigio, o aquella incomprensión que rodaba cual regalo de cumpleaños. Todo es la puesta en escena de los recuerdos de Martina. De aquellos que quedaron latentes y quisieron salir a la luz.

Tres generaciones que parecen ser familia, que no parecen actuar sino ser. Una madre y una hija que tienen este vínculo en la realidad real, que se miran y se recriminan hasta el hartazgo. Que son y fueron, que crecieron teniendo asperezas, alegrías y tanto por hacer.

Así, todo el objeto de estudio elegido tiene una cronología, no necesariamente temporal sino temática. Así, solo así esta niña y ahora adulta puede escoger seguir siendo el modelo que pretendieron o escoger su propio camino sin culpas.

Mariela Verónica Gagliardi

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De la superstición a la desgracia

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ficha-cuando-el-bosqueEn 1884 se Enrik Ibsen estrena la obra Vildanden (traducida como El pato salvaje ó silvestre). El dramaturgo, de origen noruego, es considerado uno de los creadores del teatro moderno con una impronta que entremezcla el drama, los conflictos psicológicos en el ser humano y su tinte realista circundándolos. Así, es como resulta cautivante poder presenciar obras de Ibsen, leer sus libros y conmoverse, al mismo tiempo que conseguir identificarse con las temáticas y situaciones por las que van transitando los personajes de sus historias.

Roberto Peloni, a quien identificamos en gran proporción por los musicales que protagoniza; en esta ocasión decide adaptar, dirigir y estar a la cabeza de Cuando el bosque se nos venga encima (una adaptación de El pato salvaje).

No existe nada más entretenido que analizar una propuesta dramática. Ya desde su título podemos encontrar una fabulosa manera de colocar a la dialéctica en el primer puesto. Podemos sentir agobio, pensar que un bosque entero se caerá sobre nosotros, sobre sus personajes, sobre la familia Ekdal que resulta tan particular (aunque tan parecida a muchísimas otras, de antes y de ahora). Pero, también, habrá que concebir la idea de venganza, ese sentimiento que se apoderá de ciertos humanos irresponsables.

En un comienzo se puede percibir un espacio escénico construido desde la utilidad y el atractivo (tanto lumínico como sonoro). Tanto en el lugar central como en su entorno se logrará presenciar cada movimiento, ruido, disparo, melodías, juegos de luces, penumbras y el grito final.

Somos espectadores de absolutamente cada escena, de todo el relato transcurrido y de la angustia más solitaria que se apoderará de cada uno de esos hombres y mujeres en estado de quietud permanente.

Cabe cuestionar qué es lo más trascendente en esta dramaturgia y puedo enumerar algunos aspectos primordiales: la mentira, el engaño, la ceguera, el abandono, el poder, la ilusión, la pureza y la necesidad de realidad real en algunos de los personajes. De este modo, cada figura tendrá una construcción simbólica más allá de la actuación. Será una elaboración increíble que demostrará el talento de todo el elenco que se atreve a revivir uno de los clásicos más importantes de las artes escénicas.

Por un lado la historia se sucede en un tiempo perfecto, que no corre ni adormece al público. Un tiempo en el que es posible ir sacando conclusiones, sufriendo junto a las “víctimas” y deseándole lo peor a quienes se unieron para conservar aquello que tal vez no merecía hacerlo.

Una familia compuesta por Hjelmar, Gina y Eugenia, a la que se suma el abuelo y ex teniente Ekdal. Una familia como tantas otras pero con algunas particularidades, dentro de las que se destacan: el encierro, el agobio, la construcción de una sub sociedad “perfecta”, que mantiene a estos miembros a “salvo” de todo aquello que pudiera amenazarlos o extinguirlos.

Sin embargo, tal como se conoce, El pato salvaje no es solo un simbolismo sino un modo de retratar a Hjelmer, a su modo de sentir, de vivir y de ser. Él, sin ninguna dosis de maldad, acciona y reacciona según lo que le digan los demás. No tiene carácter sino que le queda más cómodo moverse de acuerdo a los consejos de su entorno. Podríamos imaginar a esta familia como a una burbuja de cristal detenida en el tiempo, que es invadida por personas que tienen otros objetivos para ésta.

Se suele decir que los de afuera son de palo, pero cuando la mentira se oculta y tapa demasiado, crece tanto hasta que es descubierta de la peor manera. Esto es lo que ocurre y la peor desgracia sucede sin poder evitarse. Sin que el arrepentimiento valga, sin que las lágrimas de dolor puedan modificar algo al respecto.

El querer desenmascarar el pasado, ese deseo ferviente por querer transformar a un amigo, a un pariente o a un conocido en sí mismo. El incentivo que es más egoísta que la mentira.

En cuanto a los olores, a las fragancias, son muy bien expresadas en el texto original cuando se debate acerca del olor nauseabundo que sale del pantano, de ese desván en que se tienen encerrados a tantos animales como para recrear un hábitat también inexistente, en el que convive un pato con características bastante peculiares.

Las interpretaciones de los artistas dejan boquiabiertos a todos los presentes, al igual que cada conflicto y su respectiva resolución. Ibsen es un lujo y esta adaptación su consecuencia.

Cazar, ¿para qué?

Quizás para continuar siendo quien ya no se es, para no afrontar la vida tal cual es y no morir en el intento.

¿Una familia feliz?

De un momento a otro podrá ya no serlo, ensuciarse con los animales o salir despavorido en medio de la nieve.

No podría existir la concepción de verdad, ni de remordimiento hasta que Gregorio (hijo de Werle) hace su aporte fundamentalista y “purificador”, para que la podredumbre sea aniquilada de cuajo.

¿El ecosistema se volverá en contra de quienes suponen controlarlo todo?

Otra obra de teatro que es un placer que figure en la cartelera del Teatro Border, un lugar al que una vez que se ingresa es imposible salir.

Mariela Verónica Gagliardi

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Entrevista a Alejandro Tantanián

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¿Cómo surge la iniciativa de tener una conversación con obras del Museo de Arte Moderno?

La idea en realidad surge a partir de que se cumplen este año, 2016, sesenta años de la existencia del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires; entonces una forma de vincular el ciclo El borde de sí mismo, conjuntamente con estos festejos, es que entre en diálogo con el Patrimonio del Museo. Por eso se le pidió a cada uno de los artistas convocados que se vinculasen con una o más obras del Patrimonio del Museo y en ese diálogo, en esa tensión, en ese borde entre la obra elegida y la propia estética, construir un trabajo que de cuenta de esa relación.

¿Qué se siente al mantener un diálogo desde el arte escénico? ¿Qué sensaciones surgen?

La idea de poder trabajar con las experiencias de orden performático (vinculadas al arte del espectáculo) y las artes visuales tiene que ver un poco con el espíritu del ciclo que lo que intenta es ir construyendo una reflexión entre las artes visuales y las artes performáticas o artes del espectáculo. En este caso también incluimos la danza y el cine en la figura de Diana Szeinblum, la figura de Santiago Loza (que, si bien también es autor teatral, en este caso trabaja específicamente desde su rol de director de cine, para poder dialogar con las obras del Patrimonio.

¿Cada artista eligió su obra o la selección fue azarosa?

La obra elegida por cada uno de los artistas tuvo que ver con pedidos muy expresos por parte de los artistas y también un diálogo que tuvieron con la curaduría de artes visuales del Museo, con Sofía Dourron, con Javier Villa; que, a partir de determinadas obsesiones, o imágenes o vínculos de cada uno de los artistas convocados, ellos interpretaban (la curaduría) esas necesidades y les sugerían obras posibles que entrasen en diálogo o fricción con ese tema, con esas obsesiones, en sí esas imágenes que los artistas convocados proponían.

¿Cuánto tiempo le llevó, estimativamente, a cada artista concretar su consigna para esta segunda edición?

El trabajo de convocatoria empezó, más o menos, por abril; por lo cual son unos seis meses los que llevó el trabajo. Primero se convocó a los cuatro artistas, se les explicó el proyecto y una vez que aceptaron, entraron en contacto con la curaduría del museo para elegir las obras sobre las cuales trabajarían (eso fue más o menos un mes), entonces quedaron entre cuatro y cinco meses de trabajo concreto de cada uno de los artistas de los materiales elegidos.

¿Considerás que este tipo de propuesta podrían ir despertando a los museos y creando mayores incentivos para que la gente se acerque más frecuentemente?

Yo lo que creo es que los Museos, hoy por hoy, son instituciones más bien lábiles, perforadas, en el sentido de que pueda vincularse cualquier expresión artística. Me parece que un Museo que se llame Contemporáneo y, en este caso un Museo de Arte Moderno, necesariamente tiene que empezar a trabajar sobre los bordes y sobre los desbordes y sobre los derrames de las estéticas de las artes visuales y confluir en otras disciplinas, por lo cual esto también permite cierta flexibilidad y cierta ampliación, obviamente, del público.

Lo que nos propusimos con este ciclo, que se inició el año pasado, fue ampliar la convocatoria del propio museo al público consumidor de teatro de Buenos Aires (que es un público alto); es una gran cantidad de personas que asisten al teatro en general, por lo cual nos parecía que era muy atendible plantear un ciclo que vinculase el teatro (las artes escénicas) con las artes visuales y eso también permitiera a un montón de gente que por ahí no se acerca a los museos, empezar a hacerlo. Y bueno, la verdad que el primer ciclo fue muy exitoso y por eso fue la idea de extender o de tener una segunda edición que es la que estamos llevando a cabo en este año.

Una magnífica idea donde las formas se mezclan con la danza, el teatro y el séptimo arte. ¿Cómo será el resultado de este año, qué es lo que se espera?

La idea del resultado es siempre una incógnita. A mí me interesa mucho, desde la curaduría, darles el espacio para que puedan probar cosas que por ahí no podrían probar en otros ámbitos, o sea, ensayar algunas cuestiones, equivocarse, buscar. Me parece que tiene que ser un espacio de riesgo y de búsqueda para que eso también sea atractivo para los propios artistas -ya que la iniciativa está muy vinculada a eso, a pensar en cuestiones vinculadas al ensayo y al error-. De hecho, el año pasado, planteamos claramente el ciclo como ensayo entre el teatro y las artes visuales. Este año se amplía un poco más -hay otras disciplinas, además del teatro-. Está, como dije antes: la danza y el cine, pero también en relación con las artes visuales (en ese diálogo, que para mí, es algo muy fructífero y que permite (como dije antes también) la presencia de otro tipo de público en los museos.

¿Alguna recomendación para el público que no haya asistido a la primera edición?

La recomendación que podemos hacerle al público es que se acerque. Las entradas están muy accesibles, salen $50; y eso también incluye la posibilidad de visitar todas las exhibiciones del museo (además de ir a ver estrictamente la función que cada uno elija). Esto puede hacerse en la boletería del Museo (en San Juan 350), o también en Alternativa Teatral (www.alternativateatral.com) y ahí buscan el evento “El borde de sí mismo”, segunda edición y pueden comprar la entrada para el día que quieran. Esto arranca ya el viernes 21 de Octubre y se extiende hasta el domingo 20 de Noviembre, a razón de una obra por semana de los cuatro artistas convocados: Diana Szeinblum, Analía Couceyro, Santiago Loza y Mariano Tenconi Blanco (en ese orden). Y, en la quinta semana, que es la última, vamos a hacer una charla en el Auditorio del Museo (el día viernes 18) y el fin de semana (19 y 20) presentamos las cuatro obras de corrido. El sábado hacemos dos obras y el domingo dos obras. Las funciones son siempre los viernes a las 20 hs y sábados y domingos a las 16 y a las 18 hs. Bueno, los esperamos a todos en el Museo de Arte Moderno en esta Segunda Edición del Borde de sí mismo.

Mariela Verónica Gagliardi

 

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Pistas que vengan la frustración

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ficha-el-pactoNo suele abundar en teatro el género de thriller, menos aún en un musical. Por eso es que el Teatro Border nos sorprende una vez más con su programación innovadora y le da la posibilidad a estos talentosísimos artistas que ya todos conocemos en las artes escénicas. Así es como El Pacto, un thriller musical (Thrill me, el título original) llega por primera vez a los escenarios de nuestro país para dar mucho que hablar y convertir en hielo cada masacre.

¿Qué es lo que produce ser espectador de un policial que está basado en un crimen real de los Estados Unidos?

En primer lugar les puedo confesar que miedo. Mucho miedo, porque se trata de algo verídico que, a su vez, está ficcionado, claramente. Pero que ocurrió en los años veinte en Illinois y que estremeció a la sociedad por la frialdad con la que se llevaron a cabo los hechos.

Nathan Leopold (Leandro Bassano) y Richard Loeb (Pedro Velázquez) son los autores de uno de los peores crímenes a sangre fría de la historia. Un pacto de amor y amistad es lo que parece ser el puntapié inicial en esta historia. Aunque la relación entre ambos jóvenes podrá juzgarse desde la arista que más se quiera, condenarlos y desearles las peores desventuras.

Marcelo Kotliar es quien adaptó El pala historia de Stephen Dolginoff y quien le otorgó ese dinamismo, ese juego entre escenas del presente y pasado para que todo fluya como una vorágine que solo nos da respiro al producirse el final inesperado. Porque cabe aclarar que en esta oportunidad la muerte no es lo que produce la extinción sino un factor mucho más notable y elucubrado desde el cerebro de uno de los hombres.

Por instantes pareciera ser que se divierten jugando con el público, y me refiero al juego no como un lazo entre ambos sino como algo macabro que entretiene a los amigos-amantes en sus días, tardes y noches. Ellos se burlan y subestiman desde lo más elevado de una cúspide. Uno más retraído que el otro, el otro más popular y líder. Así es como consiguen confundir minuto tras minuto a cada persona de la platea sin darle lugar a una real certeza. Y nadie va a poder tener una conclusión por adelantado a no ser que conozca la historia original.

Resulta apasionante el recorrido que atraviesan los dos personajes, su intimidad recreada con un clímax tan pero tan singular que parecieran estar totalmente solos, sin nadie observando. Así como la iluminación, el sonido y las canciones que complementan las escenas, otorgando un plus a la perfección brindada en todo momento. Un crimen que produce adrenalina, que no se ve con los ojos sino con todos los sentidos -los cuales nos alertan e indican a qué le debemos prestar atención-.

Un trabajo impecable por parte del elenco y su director Diego Ávalos. Un thriller musical que se va apagando junto con las justificaciones ya vanas, que se enciende con el latir de un corazón y acelera con besos apasionados de adolescentes. Los días que corren como sangre a borbotones y que les enseña a los amantes a qué deben temerle por más que no quieran hacer caso omiso. Los rasgos patológicos abundan, un grito desesperado se pierde por doquier y el más veloz podrá esconder la piedra sin dejar huella alguna.

De eso se trata una mente criminal y enamorada, atormentada y desafiante. Quizás lo más paranoide de la historia sea que ambos jóvenes se fusionan más de lo que creen y uno aprendió del otro sin darse cuenta.

Pareciéramos estar en un proceso judicial, en una cárcel, en una mansión e incluso en la salida de un colegio en que todo comienza de alguna manera. Lo más increíble de todo es que, en casi todo momento se prescinde de escenografía para determinar el tiempo y espacio. Para eso está la música, sus luces y los artistas que van marcando el rumbo de sus vidas hasta que todo, absolutamente todo, nos deje un final amargo. En definitiva, hasta en un crimen uno puede tener a su favorito.

Mariela Verónica Gagliardi

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Sobre cómo reavivar el amor

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ficha-criminalEn el año 1996, Javier Daulte estrena la obra de teatro Criminal en el Payró. Desde ese entonces la dramaturgia, cargada ironía, exageración, realismo y pasión, se fue apoderando de los espectadores -quienes hallaban un lugar en que sentirse identificados-.

El universo de Freud, muchas veces pareciera ser inalcanzable, escéptico e irreal. Como si se tratara de un sitio en el que siempre se vislumbra un diván, un padeciente y un profesional que, años tras años, hace ir y venir a la persona conflictuada. Esta es la obra ideal para que todos, absolutamente todos los que hemos pisado un espacio de psiconálisis, podamos descargar nuestro dolor al sentirnos identificados con los diálogos de los actores que se irán dando a lo largo de la función.

La estética de esta puesta en escena (dirigida por Samanta Fasson) es simplemente el diván mencionado y dos teléfonos de los de antes. Algún objeto ornamental más que sirve a quien lo tome para, simbólicamente, terminar con su padecimiento.

Una obra intrincada en la que se puede apreciar el trabajo de Patricia Calzada Valle, una española que consigue sobresalir y dar una verdadera clase de actuación, con una expresión sin igual y por la que será felicitada al salir de la sala del Núcleo.

Criminal es una experiencia tan viva como la vida misma. Desde los primeros minutos de diálogo, nos damos cuenta de cuán provocadora resulta la propuesta y cuán preparados deben estar los actores para que la dinámica resulte ágil y estridente.

En este caso es Sigmund Freud quien se recuesta en el sillón, por más que ni siquiera se lo mencione. Es él quien debe ser juzgado como para que quienes se muestren escépticos o resentidos con el psicoanálisis, puedan estar dichosos. Como si se tratara de panzaso de felicidad y una burla al creador de tantas teorías.

Puedo juzgar a Daulte o decirle que es un acierto su vivo relato para estos tiempos en que se busca la cura en un intrincado y lento proceso.

Lo más atrapante de la historia no radica en una crisis de pareja, como se puede observar desde el comienzo y en ciertos momentos, sino en el cómo. Así, resulta efectivo el transitar de las conversaciones y sus intercambios, que irán demostrando quién tiene el poder verdaderamente.

Criminal es mucho más que un juego de detectives y el único dato verdadero es que sigan su intuición y no la lógica para resolver el caso.

Criminal puede ser una separación, una unión interesada o hasta el más propenso asesinato.

Una mujer que asiste a sesiones psicológicas por inercia, buscando algo que le falta o que le sobra, no se sabe. Su marido que acude a otro terapeuta y su matrimonio en boca de quienes se dicen profesionales de la salud mental -una salud de la que ni siquiera pueden gozar-.

Lo que parece ser la sanación, puede llegar a tomar otro rumbo y la transferencia irá en boca de cualquiera, utilizando uno y otro cuerpo en pos de intereses y pasiones personales.

Existe tragedia, existe drama y existe un dinamismo por el que, los espectadores, podemos sentirnos parte interesada. Cuando suene el teléfono podrá ser una llamada que irá cambiando, modificando y transformando (fundamentalmente) a quienes menos se imaginen. Será vital la información que se brinde, el siguiente proceder y el plan que se esté elucubrando por lo bajo.

Escenas que se suceden, unas tras otras, y en las que siempre uno de los intérpretes tendrá el famoso as en la manga para sorprender.

¿Muertes, sospechosos, homicidios?

Un thriller, un policial, un melodrama, mentiras y más mentiras que se enroscan como el cable de un teléfono.

Todo pasa y podrá pasar y la única manera de saberlo es asistiendo a Criminal.

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

Yo quiero ser…

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ficha-yoko-ondaVer a Leticia Torres actuar es un placer y no solamente por su carisma innato sino porque es capaz de interpretar a personajes tan pero tan diversos que dan cuenta de su excelencia como artista.

En esta ocasión vuelve a escena con un espectáculo que gestó siete años atrás y que decidió darle vida nuevamente, al igual que el homenaje a su abuela a quien le dedica parte de la historia, incluyéndola en ésta.

Yoko onda (dirigida por Maximiliano Sarramone) es una joven que está inmersa en la rutina, aquella rutina que agobia, que cansa, que satura y nada positivo da a cambio. Es entonces cuando decide recuperar su libertad y buscar el amor en diferentes situaciones y momentos.

Con música circense y de percusión, cambios de vestuarios constantes, diversas tonalidades lumínicas, proyecciones audiovisuales y muchos personajes será como esta obra resultará multiplicadora de sensaciones para recibir a brazos abiertos.

Una máscara para cada momento, una ilusión para cada soñador y una sonrisa para hacerle frente a cada adversidad. Solo así habremos entendido el gran mensaje de este unipersonal que convida con uno de los mayores manjares de la vida mientras disfrutamos de su pequeño descanso.

Indagando sobre la superstición es como se acerca a esta abuela tan peculiar y con respuesta para todo. Utilizando un Santo, su nombre y significado es como se recrea el universo infantil, llenando la sala de El Ópalo de una fragancia colmada de alegría y satisfacción.

Una súper heroína en busca de la justicia, que vuela con su imaginación hasta llegar a la realidad. Por suerte, dicha realidad es la que construye y no la que la invade sin hacerse cargo. Yoko onda le pone mucha energía y magia a sus días, nos transmite la opción de cambio constante y nos da la mano para salir venturosos de cada situación.

Como un juego de niños, ella crece pero sin abandonar cada uno de sus sueños, riendo y lagrimeando, como cualquier mortal en este mundo. Y si le va no muy bien en el amor, no es motivo para que caiga en la cama deprimida, sino para que continúe en busca de una nueva misión. Nada de esperar el llamado ansiosa, sino de aprender que la espera desespera y que otro jamás debería tener tanto protagonismo.

Yoko onda es un espectáculo para grandes y para chicos, para reír a carcajadas y para lagrimear, para interactuar y aplaudir, para vernos reflejados y sentir que el espacio escénico ocupa absolutamente toda la sala.

Si cada niño creciera con la suspicacia de esta actriz, posiblemente la felicidad llegaría a borbotones y sin faltarle a nadie.

Como todo clown: jamás abandona su frescura de pequeña, la cual esparce, unta, juega y se divierte entusiasmada. Será por eso que este género es necesario con mayúsculas, para recordarnos que nada está perdido mientras se tenga esperanza y pasión.

Que el mundo fue y será… diría Discépolo. Sin embargo, haciendo una introspección cada quien conseguirá ser quien desea y no aparentar para agradar.

Mariela Verónica Gagliardi