*** Agosto 2017 ***

Entradas etiquetadas como ‘María Marull’

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Una niña milagrosa

Ph: Sebastián Arpesella

Ph: Sebastián Arpesella

A veces uno quiere mucho ver una obra de teatro porque sabe que le va a encantar pero, también, corre el riesgo de ir con demasiadas expectativas a la función y no salir del todo satisfecho.

En esta ocasión, no me pasó ninguna de esas dos opciones ya que hace meses deseaba acudir a La Pilarcita (escrita y dirigida por María Marull) y mi pluma no logra volcar en palabras la infinidad de sensaciones que capturaron mis cinco o seis sentidos durante la historia.

Desde ese día hasta ahora cuando hace excesivo calor, cuando se menciona a una divinidad, a un milagro, al amor en todas sus facetas, al verano, a una pelopincho, a una muñequita de trapo preciosa y al deseo: pienso en esta dramaturgia.

Y como las palabras no son más que letras que describen y ayudan a contextualizar, me veré obligada a hacerlo.

En un pueblito de la provincia de Corrientes una joven tiene un a su cargo un hospedaje para turistas muy precario. Pero, a pesar de contar con los servicios básicos es un lugar lleno de magia, nobleza y un aire agobiante que produce placer de estar allí.

Cuando una pareja se aloja en el hotel, todo parece tomar un rumbo diferente e impensado.

Dos generaciones se encuentran, se traslucen y retroalimentan sin casi ser consciente de ello. La dueña del hospedaje y su amiga son las encargadas de otorgarle muchísima suspicacia a la trama, permitiéndonos a ser partícipes de sus vivencias cotidianas, de sus sueños y de las ocurrencias que se encargan de marcar el camino de los huéspedes en medio de una ola de calor.

La transpiración se hace presente de una manera visible y mientras unos están acostumbrados y resignados a la falta de aire, otros vienen en busca de una solución a sus problemas, padeciendo las altas temperaturas.

Modos de vida diferentes, rutinas completamente distintas, deseos insatisfechos y el recurso narrativo utilizado por las hermanas Marull de hallar el modo de capturar la esencia de la juventud. Esos aromas que por más que no se huelan con el olfato, se perciben, quedan en el cerebro, son trasladados al resto del cuerpo y sellados en el corazón.

Un elenco formidable que interpreta desde la sutileza al personaje que le corresponde, sin exagerar absolutamente nada. Esta es la clave, justamente, para que podamos inmiscuirnos en la atmósfera y los códigos planteados por la autora. Hasta con el más mínimo detalle, es posible que imaginemos estar situados en dicha provincia, en ese instante, en esa noche en la que todo se convertirá.

Cuando unas melodías suenan desde una guitarra criolla, la música envuelve la sala, el abrigo sin pieles se descubre y los rumbos aparecen solos sin ser buscados en lo más mínimo.

De hecho, la desesperación es el motor que mueve al resto del engranaje de la presente historia que desborda melancolía, que permite una conexión inmediata entre el espacio escénico y los espectádores, que abre su patio al aire libre para plagarnos de fragancias inolvidables y pinta de colores un carnaval irrepetible para la vida de estos seres humanos tan pasionales.

¿Es posible vivir sin pasión?

Seguramente estos personajes no podrían ser quienes son sin esa llama que encienden a diario, que mueven de un extremo a otro, que envuelven de alegría hasta con una refrescada en la pileta, que saben combatir lo malo y transformarlo en amor y en esperanza.

Una interesante manera de narrar lo esencial y lo recurrente, permitiendo cuestionar -en todo momento- qué se busca. Los límites surgen solos y estas tres mujeres interactuarán como les nazca, desde la espontaneidad que las caracteriza. Sin preparar un speech ni establecer una formalidad de trato. Siendo quienes son, no temiéndole al qué dirán y llegando a homenajear año tras año a una niña (Pilar Zaracho) que murió por salvar a su muñequita. Este hecho ocurrió en 1917 y desde ahí en más el pueblo de Concepción de Yaguareté Corá (Corrientes) marcha hasta donde está el santuario -llenísimo de más muñecas que la gente le dona en símbolo de agradecimiento por cumplirle los deseos y milagros-.

Cada paso cargado de una energía enriquecedora, de esa fe inalterable, va fortaleciendo cada 8 de enero aún más la creencia sobre la niña de cuatro años. Por eso, una puntada con hilo durante toda la velada le otorgará a quien más lo precisa, un tesoro.

Y mientras los deseos se cumplen, el carnaval da rienda suelta a una fiesta paralela en la que el alcohol hará olvidar los malos momentos y las penas.

Mariela Verónica Gagliardi

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Vuelve “La pilarcita, de María Marull

la pilarcitaReestreno: viernes 26 de febrero de 2016

Nuevos horarios: viernes y sábados 20 hs. y 22 hs.  

Duración: 65 minutos.

EL CAMARÍN DE LAS MUSAS

Mario Bravo 960.

Entradas: $ 180 y $ 130 (estudiantes y jubilados con acreditación).

 

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Besos de amor

Yo no duermo la siesta2

Ese aroma a infancia y a niñez, con aires frescos y conflicto igualmente sin resolver, amores, sensaciones de agobio y placer, tensiones y la vitalidad de hacer remediando, luego, las consecuencias.

Yo no duermo la siesta (escrita y dirigida por Paula Marull) plantea diversos problemas que son ubicados, sin orden de prioridad, unificando criterios, espacios escénicos, momentos recurrentes y situaciones que se van de las manos sin poder arrepentirse.

Una familia es el foco dentro del que irán interactuando cada uno de los personajes principales y secundarios hasta conformar una unidad que se mueve como pieza de engranaje, que se desliza aceitada sin por eso tener que terminar con un tradicional feliz como se quisiera.

Existe un gran contenido simbólico en el que habitan estos hombres, mujeres y niñas. Tal es el caso de Aníbal (Marcelo Pozzi) que, sin lugar a dudas, es el que más llama la atención desde un principio por su dificultad para comunicarse y moverse. Igualmente, él hace hasta lo imposible para lograrlo aunque suele fracasar en el intento por culpa de quienes se burlan de sus problemas como modo de entretenimiento. Así, el bien y el mal toman protagonismo indefectiblemente al igual que lo correcto e incorrecto y varios de los antagonismos que desfilan por la dramaturgia.

El sometimiento es otro de los factores que existen en la historia y a través del que se obtienen determinados resultados, no siempre gratos.

Puede observarse una puesta en escena realmente atractiva, vistosa y que cumple a la perfección con la línea argumental, sin sobrecargar los espacios pero otorgándole a cada ambiente los detalles precisos para que sepamos en qué lugar de la casa se está en qué momento. El vestuario también es el ideal para cada personaje y la música que se apodera del corazón infantil que todos llevamos dentro.

Natalie (Micaela Vilanova) es la que más protagonismo tiene en Yo no duermo la siesta, no solo por su excelencia para interpretar a esta niña perversa e inocente a la vez, sino por el rol que ocupa en la historia. Ella es la encargada de transmitir el deber ser, la moral y, sin embargo, tener acciones opuestas a sus argumentaciones. Uno de los juegos que puede verse es un tratamiento para que su amiga espante a los mosquitos de su cuerpo. Así, cada una de las intervenciones de la pequeña será precisa, eficaz y dando a entender el sufrimiento por el que está viviendo y tuvo que crecer de repente.

El personaje antagónico de Natalie es la talentosa María Marull -quien interpreta a Doris-, una mucama que vive con esta familia y tiene la función de armonizar. Como si se tratara de un hada madrina que sonríe, sufre y llora en privado para después tener la fortaleza de dar lo mejor de sí. Cabe resaltar que Natalie no pertenece a dicha familia sino que es una vecina que, por diversos motivos, está con ésta momentáneamente.

Es verano, los insectos abundan, el clima agobia y las discusiones también. El ventilador no alcanza, los caprichos desbordan y todo explota de un momento a otro.

“Yo no duermo la siesta”, dice Natalie. Porque le hace mal y le da ganas de vomitar al despertarse. Afirma a su amiga Rita (Agustina Cabo) que cuando sea grande va a irse a vivir a una ciudad para evitar dormir de tarde. Esta última sin saber que hacer solo justifica que “Hay que decir las cosas para no enfermarse”.

Mientras Doris se acuesta e intenta no pensar, su mirada se entristece, lagrimea y silencia su padecimiento. Al mismo tiempo, puede verse a las niñas jugar en el living y resulta encantador vivenciar la niñez tan bien narrada. No parece ser una historia sobre la infancia escrita por adultos sino por una mujer observadora que se detuvo a reflexionar en el tiempo y captó la esencia justa de cada momento luego desarrollado por las pequeñas en escena.

Jugarán al videoclip, recorrerán la casa de un extremo a otro y harán cosas de toda niña traviesa. De eso también se trata. Mientras la madre de Rita (Sandra Grandinetti) está fuera del hogar, el descontrol se apodera de la atmósfera in crescendo.

Yo trato, trato, trato pero no te olvido. Yo lucho, lucho, lucho y no lo consigo (Contra la corriente – Karina) se escucha de repente y la cumbia sintetiza una de las líneas argumentales de la obra. Todo parece fusionarse en un punto y los pensamientos de Doris ser, de algún modo, los que transmite en ciertos momentos la pequeña Natalie.

“Hay que darse cuenta de las cosas”, dice Doris; y pretende solucionar como por arte de magia el caos de la casa.

Varios relatos que tienen una profundidad impecable, una sensación de que no todo lo malo es tan malo y que la alegría puede aparecer en determinadas situaciones para digerir los malos estragos.

La adultez recién aparece cuando el personaje interpretado por William Prociuk se hace presente, habiéndose anunciado con anticipación y también existirá un cierre prometedor que emocionará a todo aquel presente.

“No me da miedo ir, me da miedo llegar”, dice Natalie casi al producirse el desenlace de la historia. Una historia que emociona, angustia, que te traslada a un mundo de fantasía y realidad muy bien logrado, que otorga ese don para sentirse bien hasta en el peor momento, recordando quién es cada uno.

ficha Yo no duermo la siesta

Mariela Verónica Gagliardi

 

 

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Promo para “Vuelve”

Ficha técnico artística

Autoría: Paula Marull / Actúan: Flor Braier, Federico Buso, Melisa Freund, Juan Grandinetti, María Marull / Vestuario: Jam Monti / Diseño de escenografía: Magalí Acha / Diseño de luces: Matías Sendón / Diseño gráfico: Natalia Milazzo / Asistencia general: Marien Cano Moreno / Asistencia de dirección: Fernando Ferrer / Prensa: Carolina Alfonso / Producción general: Paula Marull / Dirección: Paula Marull / El Kafka Espacio Teatral (Lambaré 866 – C.A.B.A) / Las funciones son los viernes a las 23.30 hs. Última función el 30 de noviembre / Localidades $40 y $60 / Duración: 70 minutos.

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