*** Junio 2017 ***

Entradas etiquetadas como ‘María Emilia Marozzi’

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No te irrite el espejo si es el jarro el que está torcido

El inspector1

El ucraniano, Nikolái Gógol, por el año 1834 escribe “El inspector del gobierno” -una obra que le daría la fama y por la que debería alejarse de su país-.

La corrupción es el tema principal que se trata en la dramaturgia y, a partir del cual, se puede notar en que se utiliza el dinero de un Estado. Antes y ahora, y en cualquier país del mundo; siempre va a existir corrupción. En esta ocasión,

Daniel Suárez Marzal adapta la historia original (dirigida por Roberto Aguirre y Omar Saravia) y la convierte en una pieza artística muy entretenida, con unas actuaciones asombrosas y muchas escenas de adrenalina.

Tomando parte del título original, este Inspector demuestra que quien se crea más vivo será sorprendido por alguien más sagaz.

El argumento gira en torno a la llegada de dicho inspector, el cual será anunciado por el correo. Sin constatar dato alguno, él (Alejandro Rattoni) y su asistente (Gabriel Dopchiz) llegarán a la mansión del Alcalde (Alejandro Zanga) y su familia. Allí, comerá como los dioses, descansará y, como si fuera poco, ganará varios billetes -aquellos que pretenderán comprar su silencio-. Este hábil mentiroso y fabulador, logrará llegar al corazón de la alcaldesa y su hija, diciéndoles tantas palabras bonitas como sean posibles.

Los diálogos justificarán ese universo femenino que tantas veces pretende oír frases dichas, compromisos supuestos y desenlaces evitados.

Por el gran sillón de época desfilarán las diferentes figuras del Gobierno, quienes estará ansiosas de conocer a este hombre que no será quienes supongan.

Mientras tanto, la música los hará bailar, haciendo primar el deseo de disfrutar cada momento -olvidándose de qué cargos ocupan y qué trabajo hacen-. Lo único que se verá es derroche de dinero y alegría, combinado con ganas de hacer lo indebido. Ocultándose de una figura que podría quitarles todo, se unirán para crear un plan.

Recién en 1835, Gógol logra estrenar su obra (después de haber sido censurado). Fue el zar Nicolás I quien autorizó su representación, la cual tuvo lugar en el Teatro Imperial de Moscú el 19 de abril de 1836.

En el epílogo de su libro escribe lo siguiente: no te irrite el espejo si es el jarro el que está torcido, dando evidencia de los pretextos que se buscan para tranquilidad propia.

Pero, ¿quién es el impostor? Iván Alejandrovic, un jugador que se quedó sin dinero y que, de casualidad, va a parar a la casa del Alcalde. De allí en más las situaciones disparatadas se apoderarán de la puesta en escena, convirtiendo la rigidez de las palabras en parafernalias humorísticas.

La ministra de salud, de educación, el juez y tantos otros ministros combinarán sus conocimientos con delirios para estafar a quien pretende fiscalizarlos.

Así como el autor de la obra no quedó satisfecho con la primera función que consideró muy sobreactuada, seguramente, estos hábiles cazadores tampoco terminarán felices con el desenlace.

Desde ya que merecen destacarse las actuaciones del Alcalde, su esposa (Celina Tellería) e hija Mashenka (Yili Di Lauro); quienes consiguen desenvolverse de forma extraordinaria entremezclando el género clown con el grotesco. También, existen otras interpretaciones muy bien logradas que hacen de la historia una entretenida denuncia.

El Alcalde bien podría ser Nicolás I, quien estuvo en su cargo durante treinta años. Parece algo inadmisible para nuestro países, aunque muchos, posiblemente, lo desearían.

Otros estilos de vida, otras épocas pero una misma historia que se impregna a lo largo de una dinastía.

La ambición y derroche pueden más que la nobleza y solidaridad. Una hija que pretende pasar por idiota cuando es más viva que su madre y un marido quizás engañado que solo quiere guardar las apariencias y nadar entre billetes.

¿Sobornar?

Eso y mucho más, pero que siga la fiesta…

ficha El inspector

Mariela Verónica Gagliardi

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El único miedo debería ser no desear

Demasiado cortas las piernas1

Aquí y allá, y en cualquier lugar del mundo será un tema que provoque escalofríos con tan solo mencionarse. Con intentar entender los motivos, las causas, las consecuencias, el dolor, los traumas, las secuelas, el llanto desgarrador, la desolación.

La vista gorda es el aspecto más recurrente cuando se trata de abuso. Quizás intentando subsanar con palabras aquellos momentos en que era preciso tomar una postura adulta, inmediata y de quiebre. Tal vez, haciendo primar el egoísmo, utilizando un despliegue enorme de fundamentos que ni siquiera la propia persona lograría creérselos en toda su vida.

“Demasiadas cortas las piernas” (escrita por la autora sueca Katja Brunner y dirigida por Diego Faturos) es un acercamiento a lo prohibido. Ya no se trata de un tabú tradicional sino de una postura mucho más provocativa como podría ser el goce, ese sentimiento salvaje que la protagonista -una niña de cinco años- esboza con palabras y movimientos a lo largo de la dramaturgia. Ella no es una actriz pequeña, motivo por el cual logra un efecto desgarrador ya que tiene la posibilidad de jugar con los tiempos y recorrer su pasado y presente según lo requiera su historia de vida.

Y de eso se trata: de su propia biografía que es cuestionada por un grupo de estudiantes de teatro podría decirse, que se encuentran con la víctima para desenmascarar cada momento específico y esencial. Es así como se plantean dos relatos: uno lineal y otro oscilante. Los actores se dan el lujo de cuestionarle a ella todo lo que quieran, a la vez que de exigirle que tenga en cuenta determinadas acciones, expresiones y palabras para interpretar a la pequeña.

Desde ya que madre e hija son rivales en esta historia ya que el padre no está presente, por lo tanto no tiene posibilidad de “defenderse” o replicar algo. El drama familiar encuentra su lugar en Timbre 4, teatro en que llegan propuestas como esta, de mucha calidad y envergadura social.

Una madre artificial y no por su aspecto sino por la postura que toma ante su familia y ante la vida. Si bien sabe lo que ocurre, prefiere mantener, de algún modo, a los integrantes unidos, que tirar la primera piedra y hacerse cargo de las consecuencias desatadas. Bajo este panorama el abuso sexual logra desarrollarse de forma que la manipulación paterna consigue erigirse como amor. No se trata de un padre perverso, degenerado, desequilibrado y tantas otras adjetivaciones que podrían decirse respecto a su accionar. Es un ser que tiene necesidades, ¿no? ¿Que ama, que desea?

¿Cómo puede cumplir sus deseos una niña tan chiquita -que juega con Barbies y peluches- cuando apenas consigue tener un registro de su propio cuerpo?

Y no precisamos citar siempre a Freud para determinar la división entre lo correcto e incorrecto, en quién decae la culpa ni en definir si lo sufrido durante la infancia tendrá repercusión más adelante.

Julieta Vallina se encarna en este complejo rol dentro del que nos hará pasar por tantas sensaciones posibles como se pueda en el teatro. Ese nudo en la garganta, la vista nublada de lagrimear y la continua bronca hacia algo o alguien, harán que tanto la protagonista como el resto del elenco cumplan con su investigación.

Dentro del enriedo al que la tuvo acostumbrada su papá desde el día de su nacimiento, ella lo recuerda como su amor, como aquella persona que la cuidó, que le hizo sentir tantas cosas lindas… Y, frente a estos postulados, ¿cómo condenar a este hombre?

Se trataba de una menor de edad, sí. ¿Y si hubiera sido mayor la situación habría cambiado, no habría sido juzgada?

Ni la medicina, ni los chequeos ginecológicos, ni la ceguera familiar conseguirán decir cuál es el mejor camino. Mientras no existan denuncias, ¿qué persona está en su derecho como para decidir que no pueden amarse un padre y su hija?

Los encubrimientos producen escalofríos sin lugar a dudas y la cama llena de muñecas nos sitúan en una infancia interrumpida, la misma que se encamina hacia el deseo. El mismo que un hombre no siente hacia su mujer pero sí hacia su hija.

Pareciera ser un modelo imposible de comprender, no para aceptar sino simplemente para entender y analizar.

Entre los videos en blanco y negro, las notas que suenan desde un piano en vivo y los continuos vaivenes de la pieza teatral; es posible que la mente se abra mientras el corazón llora.

Una vez juntada la escenografía, todo desenlace llega a su fin. Posiblemente el deseado masivamente aunque la palabra del ausente podría haber completado el relato tenaz de estas dos mujeres que creían vivir en mundos diferentes, en un castillo en que la princesa no encontraba a su amado príncipe sino a su Rey. La historia clásica se rompe para darle paso a lo contemporáneo, a nuevos cuestionamientos que estaban bien escondidos por temores.

Demasiado cortas las piernas ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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El egoísmo a flor de piel

Después de tanta contaminación, del efecto invernadero, del agrandamiento del agujero de ozono y del egoísmo del ser humano; “2070, Un mundo sin agua”, nos presenta una puesta en escena en la cual predomina la concientización sobre la temática.

2070

Esta obra de teatro, es un musical diferente porque sus canciones cuentan una historia donde hay héroes, anti-héroes, buenos, malos; pero, además, una dosis muy alta de realidad.

¿Se imaginan qué ocurriría dentro de 58 años si el hombre sigue –genéricamente hablando- en su postura de no compromiso, de no aportar siquiera su granito de arena?

En nuestra sociedad, es muy común encontrar a los ecologistas, a los que intentan colaborar reciclando algo y a los que cierran los 20701ojos para no darse cuenta que día a día el recalentamiento global es una realidad.

En esta obra podemos conocer cómo un grupo de hombres con poder, abducen a determinadas personas a un espacio lleno de maquinarias en desuso, de tecnología obsoleta y de maltrato.

Allí no hay amor, no hay contención, solamente una necesidad imperiosa de robotizar al humano. Uno podría preguntar, ¿para qué? Como en muchas películas que tratan sobre experimentos, “2070…” no se queda atrás. A partir de la fórmula AO 2070, intenta investigar sobre cómo deshumanizar al humano. Pero esta deshumanización no es solo algo estético sino interno.

Muchos de los abducidos llegan a desear, justamente, convertirse en hojalata para no sufrir más con las inyecciones, con la falta de alimento y bebida, con la crueldad reinante.

¿Pueden sentir qué sería de sus vidas sin lo fundamental que es el agua?

¿Pueden llegar a experimentar la sensación de sequedad en todo el cuerpo, deseando tener al menos unas gotitas de líquido?

Estos seres tan perversos, creen que tienen la verdad sobre el universo y que su experimentación es lo que corresponde. Uno de ellos, para no ver sufrir a sus capturados, los llena de drogas alucinógenas, para que vivan en una realidad paralela.

La misión, encarada por un grupo de médicos, decide investigar y experimentar -cueste lo que cueste- con humanos seleccionados por ellos mismos. 20702Lo asombroso es que entre los científicos, se encuentra un doctor que es el cerebro de todo y, a partir de él, se da lugar a una parte más conmovedora que es reencontrarse con su hermano después de una década. Este médico, tan automatizado, perdió su sensibilidad, sus recuerdos y el sentido de la realidad.

El relato de “2070…” es atrapante ya que logra conjugar lo técnico, la parte educativa, el baile y la novela.

Para quien haya visto la película “El cubo”, podrá encontrar similitudes con esta obra. Para quien no sepa de qué trata el film, les cuento que, un día como cualquier otro, un grupo de personas aparecen adentro de dicho cubo y su objetivo será entender por qué les tocó estar allí y quién será el único capaz de encontrar la salida.

En Un mundo sin agua, hallamos ingredientes de realidad y de ficción. Por un lado, está la cuestión de por qué han seleccionado a cada uno de estos humanos -tan diferentes entre sí- y, por otro lado, sabemos que no es posible una realidad planteada en esos términos.

20704

Llevar al extremo la temática del medio ambiente, es sumamente interesante ya que dicho extremismo, actualmente, puede ser tomado como tal, ya que la puesta en escena es futurista.

Cabe destacar las coreografías, los efectos sonoros y cada una de las canciones escritas especialmente para la obra de teatro.

¿Será capaz el hombre de pensar en unidad en vez de en sí mismo como ente aislado?

ficha tecnica 2070

Mariela Verónica Gagliardi

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Un mundo sin agua

2070
Un mundo sin agua

Obra Musical de Tatiana Cittadini
Música original de Marcelo Penco

¡25 artistas en escena!

ESTRENO 21 DE NOVIEMBRE

***5 ÚNICAS FUNCIONES***

Miércoles 21 y 28 de noviembre 21:30 hs
Miércoles 5 de diciembre 19:00 y 21:30 hs
Miércoles 19 de diciembre 21:30 hs

Localidades $90

Teatro El Cubo
Zelaya 3053

Duración de la obra: 90 minutos.


Elenco: Juano Mansilla, Martín Gentile, Estefanía Von Petery, Jonathan Bromberg, Iván Asborno, Jorge Bar, Carolina López, Rodrigo Carbajal, Julieta Sibilia, Alba Almirón, Emilse Soriano, Nicolás Ayardi, Facundo Massuco, Federico Araujo, María Espina, Sofia Larriera, Ximena Pintos, Menelik Cambiaso, Victoria Caballero, Jonatan Fells, Lara Lorenzo, María Belén Calabrese, Sara De Petre.
Letras de canciones: Nicolás Ayardi y Tatiana Cittadini / Libro: Nicolás Ayardi y Tatiana Cittadini / Música original y Dirección vocal: Marcelo Penco / Coreografías: Tatiana Cittadini / Equipo creativo: Juano Mansilla, Nicolás Ayardi y Tatiana Cittadini / Escenografía: Natalia Castez, María Emilia Marozzi, Agustina Montemurri y Equipo creativo Artes Opuestos / Maquillaje: Sol Ferrero, Lucila Abramian, Natalia Castez y Mariel Magallanes / Vestuario: Rocío Luz Álvarez / Producción ejecutiva: Equipo creativo Artes Opuestos
Fotografía: Iván Asborno / Gráfica: Equipo creativo Artes Opuestos / Idea original: Tatiana Cittadini
Dirección General: Tatiana Cittadini / Prensa: Ayni Comunicación.

 

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