*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Poemas y canciones en la multitud

Poemas y canciones en la multitudDébora Infante y Juano Villafañe se conocieron en el centro de un poema. Sus sonidos y estéticas eligieron reunirse en torno a la palabra y la canción. Los versos de Públicos y Privados de Villafañe se ensamblaron con lo Particular y lo Universal de las canciones de Infante. Los destinos poéticos de ambos se unen ahora en una celebración pública. La canción y la poesía se encuentran en el centro de un escenario, cada uno, con su voz, expresa su oficio.

Este espectáculo es una celebración del encuentro con la música y la poesía. En él se fusiona la poesía de Juano Villafañe y la música de Débora Infante para crear una experiencia escénica que trasciende lo individual de cada disciplina. Los dos intérpretes principales interpelan de forma directa al público invitando a sumarse al goce y festejo rítmico que sostienen los músicos durante la obra. Este espectáculo recoge diversas influencias del arte clásico, popular y de las vanguardias. POEMAS Y CANCIONES EN LA MULTITUD recurre al sentido performativo del arte: la poesía y la canción se viven, se palpitan en el «aquí» y el «ahora», se celebran en el presente ante la propia multitud que se expresa tanto en los mundos privados como en los mundos públicos. Un espectáculo para escuchar, para ver y sentir.

Esta obra poético musical cuenta con la Dirección Artística de Manuel Santos Iñurrieta y la Dirección Musical de Hugo Dellamea.

Actriz invitada: Luisa Kuliok

Autoría: Débora Infante, Juano Villafañe

Poesía: Juano Villafañe

Intérpretes: Débora Infante, Juano Villafañe

Músicos: Fernando Botti, Hugo Dellamea, Leandro Marquesano, Tano Pumará

Diseño de luces: Horacio Novelle

Redes Sociales: Juan Gabriel Yacar

Música original: Débora Infante

Operación de luces: Horacio Novelle

Operación de sonido: Víctor Ghidolli

Fotografía: Javier Fuentes Fernández, Sebastián Ochoa

Diseño gráfico: Agostina Bruzzone, Claudio Medín

Asistencia de dirección: Marina García

Prensa: Patricia Brañeiro, Claudia Cacchione

Producción ejecutiva: Juan Gabriel Yacar

Gestión cultural: Tatiana D’Agate

Dirección musical: Hugo Dellamea

Dirección: Manuel Santos Iñurrieta

Duración: 70 minutos

Clasificaciones: Teatro, Adultos

CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACIÓN

Corrientes 1543 – CABA

Teléfonos: 5077-8000 int 8313

Web: http://www.centrocultural.coop

Entrada: $ 350,00 – Miércoles – 19:30 hs – 21/08/2019

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La humillación no tiene vencimiento

1969

Dos épocas bastante diferentes y con puntos que convergen, antes y ahora. Situaciones que ocurren, que pasan, que se repiten y que se olvidan. Algo tan simple como observar el exterior desde la ventana de un dormitorio, debe dejarse de lado por miedo a que un bombardeo irrumpa precipitadamente.

«1969» (escrita por Manuel Santos Iñurrieta y dirigida por Claudio García) es una excelente obra de teatro que deslumbra mágicamente con su arte. Valiéndose de un dispositivo para proyectar luz, de algunos objetos que servirán para construir los espacios y momentos, y de la creatividad de este equipo (Agrupación del 69 teatro de investigación) es como surgirán muchísimas escenas que conformarán una película en vivo.

Todo el proceso en que perfectamente podría originarse un film, es de la manera en que está construida esta dramaturgia. Con la calidad que cada uno de sus artistas convierte en diamante lo que toca, con la precisión para iluminar al personaje que tendrá el turno de expresarse, para luego continuar con el siguiente.

Otra herramienta que también hace su aporte es la historieta de algún modo. Dibujos confeccionados en tiza, para ilustrar situaciones que están teniendo acción en ese momento por parte de los otros actores.

Sensaciones que se sienten en lo más profundo del alma, que duelen como aquello inexplicable y que torturan hasta encontrar la calma en medio de la noche.

La historia comienza cuando tres hermanos (Diana Cortajerena, Diego Ortenzio y Elian Abatemarco) acaban de perder a su padre. Vuelven del entierro y lamentan haber gastado en el cajón aquello que no tenían. Así, tendrán que sobrevivir con lo poquito de comida que consigan, durmiendo con mantas rotas y deseando estar en una casa que no se achique.

La simbología es uno de los factores que más predomina en “1969” y que permite dejar una huella importante a lo largo de la función.

Una casa que pierde su tamaño, como si se tratara de una persona que envejece y se encoge. Cómo imaginar que pueda ocurrir lo mismo con un mobiliario. De hecho, pasa, pero, metafóricamente hablando.

Estos jóvenes se sienten asfixiados por las paredes, por no poder salir a la calle, libremente, por no poder hacer lo que se les antoja sin pensar en la situación que reina en ese momento. Mejor dicho, las situaciones conflictivas que está atravesando el país: el Cordobazo en plena Dictadura de Onganía, por ejemplo.

Como si la casa cobrara forma de un cubo tridimensional, que se queda paralizado por la inoperancia de quienes están en el poder y no saben cómo solucionar aunque sea lo más sencillo de resolver.

Esta pieza artística se apoya en el género clownesco para componer sus personajes, los cuales están muy bien caracterizados, bien plantados en escena y con una energía que se conserva de principio a fin.

Dos hermanos y una media hermana -que pertenece a otra comunidad, con costumbres diferentes y valores opuestos- son el puntapié inicial sobre el que se erigirá 1969; un año en el que, además, se dice que el hombre pisó la Luna. Acontecimientos cronológicos que, comprobables o no, son los que contextualizan el argumento de la obra.

No es el fin narrar solamente lo que ocurría en aquel entonces sino el tomar conciencia que actualmente, y en democracia, hay cuestiones que siguen sin asumirse y sin encontrar su veta más idónea.

El tamaño de una pollera que se vincula con la prostitución, la eliminación de “ideas raras” con torturas, y todo tipo de contradicción con mecanismos obsoletos.

¡Eh, usted! – menciona la actriz en un momento de la historia. Como si se tratara de un llamado de atención, de una pausa. Como los telegramas que le enviaba su otra familia, aquella que tuvo que dejar y con la que, por el momento, no podrá volver. La pausa, para meditar, para analizar y para poder sacar nuevas conclusiones -no resultados de otros-.

Las secuencias son ágiles y se van conformando por cuadros que serían viñetas de historietas, a la vez que escenas de una película. Ambos artes se unen, sobre la plataforma del teatro, para demostrar que es posible investigar sobre una época, su estilo de vida, sus códigos, y trasladarla a nuestros tiempos en que todo parece estancarse o abolirse.

Como una paliza sin sentido, por el mero hecho de hacerse notar. Al igual que Onganía con un poder inexistente pero con balas en cuerpos inocentes.

Mientras los actores posan frente a cámara y configuran sus primeros planos -acercándose al lente del proyector- es así como logra desenvolverse 1969. Una película, historieta y obra que otorga una experiencia inolvidable.

Las gotitas de lluvia se deslizan sobre la ventana que deberá quedar cerrada, por precaución… como la vida de estos dos hermanos que no ven a su media hermana como tal. Qué término tan decadente es el de media hermana. Como si la otra mitad se tirara a la basura o fuera desvalorizada. Quizás por ese motivo, ella no sea vista como familiar sino como una minita a la que se la puede pasar por encima, manosear, invalidar, e indicar qué puede y debe hacer.

La Dictadura externa se traslada adentro de esta casa que se cae a pedazos como sus vidas, provocando escalofríos y el agobio de pensamientos quedados en el túnel del tiempo.

Mariela Verónica Gagliardi