*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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El único miedo debería ser no desear

Demasiado cortas las piernas1

Aquí y allá, y en cualquier lugar del mundo será un tema que provoque escalofríos con tan solo mencionarse. Con intentar entender los motivos, las causas, las consecuencias, el dolor, los traumas, las secuelas, el llanto desgarrador, la desolación.

La vista gorda es el aspecto más recurrente cuando se trata de abuso. Quizás intentando subsanar con palabras aquellos momentos en que era preciso tomar una postura adulta, inmediata y de quiebre. Tal vez, haciendo primar el egoísmo, utilizando un despliegue enorme de fundamentos que ni siquiera la propia persona lograría creérselos en toda su vida.

“Demasiadas cortas las piernas” (escrita por la autora sueca Katja Brunner y dirigida por Diego Faturos) es un acercamiento a lo prohibido. Ya no se trata de un tabú tradicional sino de una postura mucho más provocativa como podría ser el goce, ese sentimiento salvaje que la protagonista -una niña de cinco años- esboza con palabras y movimientos a lo largo de la dramaturgia. Ella no es una actriz pequeña, motivo por el cual logra un efecto desgarrador ya que tiene la posibilidad de jugar con los tiempos y recorrer su pasado y presente según lo requiera su historia de vida.

Y de eso se trata: de su propia biografía que es cuestionada por un grupo de estudiantes de teatro podría decirse, que se encuentran con la víctima para desenmascarar cada momento específico y esencial. Es así como se plantean dos relatos: uno lineal y otro oscilante. Los actores se dan el lujo de cuestionarle a ella todo lo que quieran, a la vez que de exigirle que tenga en cuenta determinadas acciones, expresiones y palabras para interpretar a la pequeña.

Desde ya que madre e hija son rivales en esta historia ya que el padre no está presente, por lo tanto no tiene posibilidad de “defenderse” o replicar algo. El drama familiar encuentra su lugar en Timbre 4, teatro en que llegan propuestas como esta, de mucha calidad y envergadura social.

Una madre artificial y no por su aspecto sino por la postura que toma ante su familia y ante la vida. Si bien sabe lo que ocurre, prefiere mantener, de algún modo, a los integrantes unidos, que tirar la primera piedra y hacerse cargo de las consecuencias desatadas. Bajo este panorama el abuso sexual logra desarrollarse de forma que la manipulación paterna consigue erigirse como amor. No se trata de un padre perverso, degenerado, desequilibrado y tantas otras adjetivaciones que podrían decirse respecto a su accionar. Es un ser que tiene necesidades, ¿no? ¿Que ama, que desea?

¿Cómo puede cumplir sus deseos una niña tan chiquita -que juega con Barbies y peluches- cuando apenas consigue tener un registro de su propio cuerpo?

Y no precisamos citar siempre a Freud para determinar la división entre lo correcto e incorrecto, en quién decae la culpa ni en definir si lo sufrido durante la infancia tendrá repercusión más adelante.

Julieta Vallina se encarna en este complejo rol dentro del que nos hará pasar por tantas sensaciones posibles como se pueda en el teatro. Ese nudo en la garganta, la vista nublada de lagrimear y la continua bronca hacia algo o alguien, harán que tanto la protagonista como el resto del elenco cumplan con su investigación.

Dentro del enriedo al que la tuvo acostumbrada su papá desde el día de su nacimiento, ella lo recuerda como su amor, como aquella persona que la cuidó, que le hizo sentir tantas cosas lindas… Y, frente a estos postulados, ¿cómo condenar a este hombre?

Se trataba de una menor de edad, sí. ¿Y si hubiera sido mayor la situación habría cambiado, no habría sido juzgada?

Ni la medicina, ni los chequeos ginecológicos, ni la ceguera familiar conseguirán decir cuál es el mejor camino. Mientras no existan denuncias, ¿qué persona está en su derecho como para decidir que no pueden amarse un padre y su hija?

Los encubrimientos producen escalofríos sin lugar a dudas y la cama llena de muñecas nos sitúan en una infancia interrumpida, la misma que se encamina hacia el deseo. El mismo que un hombre no siente hacia su mujer pero sí hacia su hija.

Pareciera ser un modelo imposible de comprender, no para aceptar sino simplemente para entender y analizar.

Entre los videos en blanco y negro, las notas que suenan desde un piano en vivo y los continuos vaivenes de la pieza teatral; es posible que la mente se abra mientras el corazón llora.

Una vez juntada la escenografía, todo desenlace llega a su fin. Posiblemente el deseado masivamente aunque la palabra del ausente podría haber completado el relato tenaz de estas dos mujeres que creían vivir en mundos diferentes, en un castillo en que la princesa no encontraba a su amado príncipe sino a su Rey. La historia clásica se rompe para darle paso a lo contemporáneo, a nuevos cuestionamientos que estaban bien escondidos por temores.

Demasiado cortas las piernas ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Un mundo maravilloso dura un instante

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– Alicia: ¿Cuánto dura para siempre?

– Conejo: A veces, solo un instante.

“Alizia” (versión adaptada y dirección de Melisa Hermida) nos lleva a un mundo precioso, lleno de colores, magia e ilusiones. Ella se queda dormida y, su sueño, pasa a ser el nuestro también. Alicia (Isabel Ferrari) aparece en un lugar increíble, totalmente diferente al suyo, intentando comprender códigos y situaciones que jamás comprenderá. Justamente, la clave está en dejarse llevar sin pensar para nada.

Dejando a un lado lo racional, un universo colorido, con todos los personajes del clásico original de Lewis Carroll -y más- le dan la oportunidad -a esta niña- de jugar, bailar y cantar unas originales y pegadizas melodías, al mismo tiempo que permitiendo relacionarse con lo infantil desde otro lado. Esta Alicia es de pelo castaño, motivo por el cual no es aceptada, e inclusive, se le cuestiona su nombre, denominándola como Mabel.

Alizia2La vuelta de tuerca y análisis que se plantea, hacen pensar a los más grandes, entreteniendo a los más pequeños. Esto es un acierto en el guión y puesta en escena que convierten a la obra en interesante para toda la familia.

¿Cómo se hace para no llenar y explotar la sala de Timbre 4 con una propuesta de tal magnitud?

El vestuario, el léxico moderno y las letras de las canciones suenan, se sienten, se complementan y retroalimentan. Se enriquecen y deleitan. La trama sigue su orden cronológico pero, incluyendo, un valor agregado que le permite actualizarse con nuestra época.

En cuanto a la Reina de corazones y su marido no son tan malos, sino que se posicionan desde una arista irónica, ridiculizando lo malvado y, entre todos, logran burlarse de los personajes estereotipados de este cuento infantil.

Alizia9Un solo punto me hizo ruido y se trata de la palabra guacho, tan naturalizada en nuestra sociedad que ya ni siquiera molesta a la mayoría de las personas su uso vulgar.  Utilizarla es violento, por más que se lo quiera disimular con una sonrisa. Seguramente el propósito de la directora no sea agredir, pero no está demás planteárselo.

Centrándonos en la banda de música ésta es en vivo y lo más valorable es que interactúan en la historia, no solo como músicos sino como personajes de dicha trama.

Cada contradicción es marcada y utilizada para trazar un camino diferente. Las ostras que conforman un coro, una oruga que tiene su lugar para expresarse y también hacerse notar, un gato que no quiere ser considerado mascota, y el súper dúo de gemelos Miki-Piki, entre algunos de los más aplaudidos y celebrados.

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El Sombrerero, el Conejo y Alicia; siempre serán los más queridos, aunque me atrevo a decir que aquí cada uno de los personajes logra despertar ternura y concientización en el público.

Alicia estará con más interrogantes que certezas, dándole -dichas preguntas- la oportunidad de crecer y ser mejor persona al abrir los ojos en su mundo terrestre.

ficha artístico-técnica Alizia

Mariela Verónica Gagliardi

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