*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Entradas etiquetadas como ‘Lucho Cejas’

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Todo el universo empieza a ver

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“La torre” (de y dirigida por Lucho Cejas) es una obra de danza contemporánea muy bien construida , en la que se conjugan música, drama , acrobacias y, por supuesto, baile en su máxima expresión.

Este director ya nos tiene acostumbrados a su gran estilo artístico que funciona como canal para comunicar mensajes importantes para todos. No existe posibilidad de sentirse excluido de sus propuestas, las cuales, con el correr del tiempo se perfeccionan, al igual que su elenco.

Una torre que divide a la sociedad entre ricos y pobres, entre los
La torre14que sufren por desamor y los que lloran por la falta de comida. Los intereses son los que dividen, fragmentan y quiebran a quienes sienten diferente, a quienes sufren por cosas tan opuestas. Para unirlos, el amor será el único camino posible, desprovisto de maldad e intereses particulares.

Al comenzar la función en el Teatro El Cubo, me llamó la atención una escena que se repetía, que sumaba a más artistas, volvía a separarlos y -a modo de secuencia- utilizaban la simbología de ovejas para empezar a narrar la dramaturgia. Unas simpáticas ovejas que, encuadradas, intentaban representar algo. Pero, recién al llegar el desenlace podemos comprender la unidad íntegra de esta pieza artística: actuar según nuestra voluntad, según nuestra razón y no obedecer como imposición a un superior.

Que no se entienda como acto de rebeldía el no obedecer. Sabemos que existen reglas y normas para la buena convivencia, aunque también sabemos que la censura se esconde tras discursos -con palabras y tonos que pretenden convencer a los más débiles, los mismos que son cooptados y favorecidos-.

Un rebaño como fiel reflejo de una sociedad dormida, que pretende despertar, amar, no discriminarse más, y luchar para que ganen los buenos sentimientos.

Mientras en una torre, segmentada, sus miembros se conocen, rechazan y atraen; en las afueras se encuentran los más desposeídos -aquellos que toman agua de precarios recipientes-, con sus ropas harapientas y, ansiando, que esa realidad cambie.

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Sus cuerpos son cuerpos en movimiento, mostrándose como humanos, pero podrían ser otras especies. Lo atractiva de esta propuesta es que no recurren siempre a la palabra sino que se valen y apoyan en canciones como, por ejemplo, las de Bersuit Verbarabat. La selección de cada tema van conformando la historia, dentro de la que ocurren diferentes situaciones. También, los artistas tienen la oportunidad de tener sus momentos protagónicos en que dicen lo que están transitando, a la vez que nos dan la posibilidad de estar presentes para vivenciarlo.

Los movimientos constantes dan placer, agobio, asfixia y felicidad. Esos aires de libertad para los que tantas veces es “conveniente” callarlos (callarnos).

La danza está para ser vista y admirada, como forma de expresión y La torre29de talento. Como un modo de unirnos para ser parte, desde donde queramos y podamos, de la conformación del universo. Un cuerpo esbelto, otro no tanto, diferentes estilos y modos de conmover desde lo más profundo. Es impensada la repercusión que pueda tener esta obra porque es tanta la división ideológica en esta sociedad que habrá quienes estén de acuerdo con su mensaje y quiénes sientan cierta molestia -similar a la bronca-. Ojalá exista más de lo primero aunque también es importante lo segundo como contrapropuesta a lo forjado por quienes tienen el poder y todas las herramientas girando en torno de sus caprichos más audaces.

Por suerte, cada vez son más las exposiciones artísticas que hacen frente, justificando cada pensar y cada sentir; demostrando que la violencia se combate con amor y unión.

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Mariela Verónica Gagliardi

 

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No existe manera de silenciar un cuerpo

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Y todavía sigo repitiendo en mi mente aquella secuencia que duró alrededor de diez minutos. Una y otra vez se repetía. Sin palabras, sin olvidos, sin sentido al parecer. Todavía recuerdo esas piernas cansadas de moverse, esos pies callosos y cada traslado, al parecer, inútil.

Pero, una breve interrupción en la sala provocó un giro inesperado en “Permiso… ¿puedo hablar?” (de Lucho Cejas). Una de las actrices, haciéndose pasar por público, nos dejó boquiabiertos al expresarse como quiso: pidiendo la devolución del dinero de su entrada. Esta ocurrencia nos relajó un poco ya que, vale aclarar, se estaba volviendo un tanto monótona la danza.

Está bien pedir la palabra, levantar la mano… lo que no está bien es ser silenciado, reprimido, callado, matado en vida. ¿Qué es la libertad de expresión?

El ritmo, el cansancio, la inercia y las ganas -antes que nada- de ser. De ser libre como un ave, de desplegar los brazos Permiso12como si fueran alas, de sentir cada partícula de aire y respirar y oxigenarse. Pero nada de eso es posible, porque hay seres más fuertes que tienen intereses, que no viven ni dejan vivir, que odian y detestan al que ama.

La danza contemporánea es bella de por sí, porque cada cuerpo puede elegir su movimiento y por más que realicen una secuencia o canon, jamás será igual al de otro. Es maravilloso que cada uno pueda moverse a su modo, hablar según su conciencia y sonreír según sus ganas.

Durante toda la obra de teatro-danza puede notarse esto justamente. Mientras unos se expresan otros intentarán frenarlos, atarlos y exterminarlos cual bichos.

¿Estamos en presencia de una dictadura lingüística o corporal?

¿Por qué molesta tanto que otro sea como es, que diga lo que siente y que quiera ser libre?

¿Cómo se puede vivir sin tener una ideología, sea cual fuere ésta?

¿Son, acaso, tan débiles los que digitan el poder que tienen miedo de ser relegados a un costado, a no ser tenidos en cuenta?

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Sufrí, me emocioné y quise gritar. A todos nos pasó algo similar y la angustia nos invadió por completo al verlos de más cerca, al notar que los artistas son personas que interpretan sentimientos y que, a su vez, sienten como ellos mismos, que hagan el rol que hagan no dejarán de expresar con cada una de sus partes un sentir grupal.

Es muy difícil comunicar una performance tan deliciosa y amarga a la vez, con tintes de miedo, tensión, alegría y, finalmente, paz.

En cuanto notaron que sus posturas y su caminar no era lo que más querían, optaron por destrezas más grandes como trepar paredes, hacer determinadas figuras de a pares o en conjunto, buscando -una y otra vez- la manera de decir con los sentidos, sin la palabra. Silenciando las letras, el abecedario y dándole protagonismo a los ojos, al rostro, a las Permiso2manos, a las piernas, glúteos, pies, pelo, frente…

Desvanecieron de golpe, se trasladaron de a poco, continuaron como empezaron, intentaron ejemplificar sus dolores y los entendimos.

“Permiso… ¿puedo hablar?”

Quién dijo que se habla solo con vocablos, con las cuerdas vocales, con sonidos?

La música habla, los genitales hablan, el corazón habla, las lágrimas hablan, los pasos hablan, la represión habla, el miedo se transmite, invade, recorre lentamente hasta apoderarse.

“Permiso… ¿puedo hablar?”, iba de a poco escribiéndose en la pizarra que conformaba la escenografía.

El Teatro El Cubo, con la sala llenísima, escuchó a cada artista. Los abrazamos con el alma. Entendimos su padecimiento y aplaudimos estar en democracia.

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ficha artístico-técnica Permiso...puedo hablar

Mariela Verónica Gagliardi

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