*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Entradas etiquetadas como ‘Leandro Orellano’

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Tan superficial como el maquillaje

la-vida-feliz1

ficha-la-vida-felizLa imagen principal de la obra es una pareja de futuros esposos. Como la tradicional que solemos llamar “muñecos de torta”, por su perfección innata. Claro que al conocer los pormenores, sabremos detalles tan profundos como el amor y el desengaño.

Resulta increíble aceptar que la alegría de uno puede resultar la envidia del otro, que el sueño más grande de uno podría opacar el anhelo del otro y que, en definitiva, los humanos somos tan extraños y complejos que pareciera imposible tomarse una fotografía que transmita el sentir más angustiante.

¿Qué es lo más trascendente de La vida feliz ()? Absolutamente todo. Y por más exagerado que parezca, les aseguro que no lo es. Se parte de una premisa: el síndrome de Estocolmo, pero se utiliza, hábilmente, el engaño, la manipulación, la esquizofrenia, la paranoia, la inseguridad y todo mecanismo que se cruce por sus mentes para transformar el caos en quietud. Para que todo lo establecido por alguien externo, pueda delinear un film perfecto, una foto bien tomada y la felicidad no conseguida.

Es entonces cuando como público nos disponemos a observar a una pareja que está a punto de celebrar su matrimonio con una gran fiesta en medio del campo. Pero, antes de que la misma pueda llevarse a cabo, los dos jóvenes tendrán algunos encuentros y desencuentros dentro de una única habitación: el baño. Allí dentro estarán cerrados y agobiados, sintiendo la insatisfacción que les produciría hacer lo que en verdad no desean. Todo lo que algunos tildan de ridículo e hipócrita (acerca del matrimonio), estará representado al máximo en esta puesta en escena.

Verdaderamente una dramaturgia bien interpretada, que nos lleva hacia los años cincuenta, o al menos así lo percibo por las tonalidades en blanco y negro que se utilizan, con una iluminación blanca que los enfoca en todo momento, de la que no podrán escapar al igual que de esas miradas por parte de las familias y amigos (que no vemos) pero que podemos vibrar por la congoja que ambos sienten.

Existen muchísimos simbolismos y metáforas que surgen desde los primeros instantes en que se inicia la historia. Una historia que no se puede decir que es trágica, sino dramática. Que incluye al amor en todas sus formas y que si juzgáramos sus agresiones nos convertiríamos en seres desconocidos para nosotros mismos.

No existen parejas perfectas como el diseño del flyer, no existe la paz absoluta más que en la muerte, no existe la elección personal cuando se toma la ajena, no existe el poder llenar un vacío de amor con celebridades y lujos. Todo se construye de a dos, y cuando esto no ocurre aparecen los famosos reproches, las culpas, la discordia, el olor a podrido y todo lo que podría inspirarse en un toilette. Quizás por eso el cuarto escogido para la representación sea un baño: porque una relación que no tiene futuro y no piensa ser deshecha caerá en el mismo tacho en que caen los papeles higiénicos y la misma pileta que gotearán las lágrimas de bronca y dolor.

La vida feliz plantea lo que significa estar encerrado en sí mismo, en una pareja que enferma más de lo que reconforta, en la locura por calmar la desesperación y en el olvido de que es posible sentir alegría en vez de compasión por uno mismo.

Todas las miserias quedarán en la bañera en que se suceden algunas de las acciones, en el agua que corre sin sentido, en los mosaicos que escuchan los golpes y en la voz femenina que va contribuyendo en la extinción de lo poco bueno que podía quedar.

¿Salir de la mano o quedarse a perecer?

Quizás sea parte de lo mismo, de una “aventura” que podría conducir al suicidio en vida y al odio tan recalcitrante como el secuestro de la nada misma y del todo buscado en lo más hondo de un inodoro.

Mariela Verónica Gagliardi

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Shakespeare bajo el agua

Hamlet, la obra7

Surf o no surf, esa es la cuestión, y ese es el slogan que predomina en esta genial versión de Hamlet en que el balneario de Pinamar se convierte en escenario protagónico de la trágica historia shakesperiana para dejar atrás a la Dinamarca original.

Hamlet Rey ha muerto y su fantasma merodeando por la playa en busca de venganza a través de su hijo, quien se vestirá con traje de neopren y patas de rana, añorando esos veranos en que podían disfrutar de esquivar olas y conquistar chicas bonitas.

La puesta en escena no precisa más que de sillas para que, por orden de aparición, vayan representando la tragicomedia en que la risa invadirá El Tinglado, en el marco del V Festival Shakespeare Buenos Aires.

Y sin menospreciar determinadas obras, resulta interesante el impacto que se produce cuando se le da la posibilidad al público de ingresar gratis a un espectáculo. Por suerte ya no se asocia lo libre con lo bueno. Este es uno de esos casos, tanto el festival como la dramaturgia.

No es requisito saber de memoria Hamlet ya que la propuesta está destinada a un público heterogéneo que, sobre todo, quiera romper con los relatos clásicos y tradicionales.

También resultan interesantes y súper entretenidos los diálogos y conversaciones entre los personajes para conformar estrategias y bandos que le permitan a un héroe u otro alcanzar el poder.

La trama original se mantiene pero sufre muchas modificaciones que le permiten convertirse en una tragedia celebrada en que lo grotesco, lo absurdo e inclusive lo convencional tienen su momento y espacio para demostrar que los personajes de Hamlet no son solo personajes que aman y odian sino que, también, tienen deseos sexuales, que mantienen secretos para confabularse con quienes les convenga y que, por sobre todo, tienen salvajismo al igual que los animales más feroces.

Son sobresalientes las actuaciones y logran crear una voragine existencial gigante que quien no esté libre de prejuicios deberá abandonar la sala.

La dupla Gertrudis-Claudio se lleva todas las miradas de los espectadores por el modo en que transitan temas aún tabúes que demuestran cuán ridículo es mantenerlos en silencio. Pero Ofelia y su caprichoso deseo por estar junto a Hamlet príncipe la convierten en una despechada loca que se mueve por sus sentidos y no por la razón.

De hecho, son pocos los que piensan y planean algo. Una de ellas es la hija de Fortimbrás (Rey de Noruega), quien desea quedarse con el balneario de Hamlet a toda costa. Para ellos se une a la ex mujer de Claudio, quien por estar muy despechada consigue su propósito de vengarse.

El léxico desde ya que es modificado por uno vigente, de nuestros tiempos modernos y, seguramente, este sea uno de los puntos que más le atraigan a los jóvenes que observen esta pieza teatral.

Como si lo más importante fuera ocupar un trono en un castillo, aquí se demuestra que nadar y rescatar a quien está a punto de ahogarse, es lo que vale la pena. Nada de lucir trajes épicos sino cómoda y liviana ropa, mallas y bikinis para juntarse junto a un imaginario fogón.

Cuando las llamas surjan, todas las verdades serán develadas y las escenas llegará a su fin.

“Hamlet, la obra” (escrita por Leandro Orellano y Cumelén Sanz; dirigida por Matías Feldman y Santiago Gobernori) sorprende, divierte, tiene un fuerte contenido social y merece ser aplaudida de pie. “Chetos” frente a “viyeros”, lucha de lenguajes, territoriales y carnales. Estos son los problemas de nuestra sociedad y por esto, simplemente, tenemos que ser agradecidos de que un grupo de jóvenes talentosos se anime a versionar al gran autor.

A la vez que los personajes corren, se miran, se alían unos a otros y se combaten unos a otros; llega la gran batalla: una pelea de ojotas en que el veneno matará al más débil. Quizás nadie salga herido o tal vez no sea la idea que uno perezca para que otro salga victorioso.

Hamlet, la obra ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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