*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Orgullosa de Evita

fanny-y-el-almirante1

ficha-fanny-y-el-almiranteCon una escenografía que nos ambienta inmediatamente en los años 50´, es que comienza esta historia. Una historia que fue real, pero será narrada brutalmente cómica por momentos para que podamos digerirla sin oponernos. Como saboreando un helado de chocolate al que no podríamos jamás decir que no.

La Revolución Libertadora le abre las puertas a un grotesco sin igual, muy bien interpretado por los cuatro artistas en escena, con un libro punzante como debe ser y con la fina pluma de una gran directora que los sabe llevar por cada uno de los recovecos de esta era.

Así es como “Fanny y el almirante” (dramaturgia de Luis Longhi y dirección de Tatiana Santana) nos invita ser espectadores de un íntimo y desagradable encuentro entre este personaje funesto de la historia argentina y la delicada actriz-amiga de Evita.

La iluminación cumple un rol central en la obra porque, gracias a ella, seguimos (al igual que en una película) lo que se quiere perseguir. Los relatos tienen mucho del séptimo arte y también de lenguaje teatral, una combinación perfecta para lograr la inmediatez y efectividad en cada una de las escenas desarrolladas.

En menos de una hora de reloj se puede conocer la síntesis y fragancia de lo que fue ese año 1955 en el país, de lo que había que callar y omitir para subsistir y de lo que había que aferrarse cuando se trataba de defender ideales hasta el hartazgo.

Nacida en 1920, Fanny Navarro (Rosario Albornoz) tuvo la suerte y desdicha de haber sido muy afín a la gran Evita. ¿Por qué digo esto? Porque podría haber dejado de existir en cuestión de segundos si el almirante (Luis Longhi) lo hubiera así ordenado. Porque con tan solo observar su dedo, habría visto relucir un anillo que su amiga le regaló en cierta ocasión y que no quiso quitarse jamás. Porque bastó que el autoritarismo se le plantara con graciosa voz, para que ella estuviera más segura que nunca de permanecer fiel a su sentimiento -sabiendo que no estaba cometiendo ningún crimen-.

Un cierto día, ella es llamada para una reunión (recibida por el secretario y Marino, interpretado por Lalo Moro). Su madre (Karina Antonelli) la acompaña totalmente temerosa y es así como se desarrollan unos diálogos deleitosos. A través de éstos, podremos reír a carcajadas burlándonos irónicamente del submundo recreado por estos uniformados, para ingresar en el código del grotesco y terminar lagrimeando -prácticamente en shock-.

Gracias Tatiana por dejarnos pasar una noche tan realista, tan cargada de todo lo que hace falta para no titubear entre lo que fue y será. Porque la excelencia de esta directora en todo lo que hace, permite que la política se escabulla sin que (quienes no son amantes de ésta) la sintamos. Si no se supiera de lo que se está hablando, bien podría tratarse de una reunión durante la cual un hombre intenta y pretende seducir a su presa. Una presa ingenua que reposará hasta dar el primer paso. Ahora, adentrándonos en el plano político, Fanny pudo haber tenido una mejor carrera en la que brillar pero escogió la que su corazón le dictó. ¿Existe acaso mejor elección?

¿Se puede borrar una amistad, un orgullo, una creencia, solo por temor a?

Como si fuera poco, tuvo una relación estrecha con Juan Duarte (hermano de Eva), la cual desencadenó en una casi tragedia desde el momento que apareció muerto.

Y en lo que respecta a los inicios de la vida política de Fanny, en 1949 se afilió al Partido Peronista, logrando militar a diario. Lo más curioso fue que cuando se enteró Evita, le otorgó un puesto: «La felicito. Desde hoy es la presidenta del Ateneo Cultural». Desde este lugar, claro que ella conseguía transmitir el mensaje del partido pero de una manera más “elegante”.

De ahí en más, los días de Navarro fueron potencialmente cargados de pasión, adrenalina, amor y tristeza al ser descubierta. Como si se tratara de una rata que apesta. Así fue juzgada por Próspero Fernández Alvariño, este hombre que como todos los de su clase creían que podían hacer titubear a cualquiera que no los obedeciera a estos ladrones de patria.

Pobre, devastada, sin trabajo, viviendo con su madre, sin el amor de su Juan y sin Evita; Fanny acudió a esa charla ingrata. Claro que el golpe bajo tuvo que ser dado y el remate de la obra se da de tal modo que nos deja atónitos.

Para quien conozca la cronología de los hechos podrá saber de qué trata, aunque lo mejor es presenciar la puesta en escena despojados de tanta información. Sumergiéndonos en el lenguaje que se plantea, absorbiendo aquellos momentos de escalofríos -pudiendo sonreír al comienzo de la dramaturgia, para luego quedar en el letargo-.

Mariela Verónica Gagliardi

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Musicalmente aprenderás

NoAvestruz, nos abrió las puertas para disfrutar del espectáculo «Lalá y el toque toque», el cual además de convocar a muchos niños, llevó de cola a los adultos. ¿Como acompañantes de los más pequeños? Dejemos abierto el interrogante porque, a decir verdad, los grandes sabían a la perfección todas las letras de las canciones, aplaudían en el momento preciso, jugaban cuando los artistas lo proponían…

Y claro, «Lalá» se recomienda a partir de los 3 años, así que función a función, debe ocurrir que los padres les propongan a sus hijos, ir a ver la obra, y no a la inversa.

Pero, comencemos el itinerario musical: Osvaldo Belmonte (Piano y Dirección Musical), Juan Martín Damiani (Percusión), Roberto Seitz (Contrabajo), María Florencia Prieto (Violín) Jorge Caruso (Banjo); hicieron sonar de a poco sus instrumentos. De repente, las partituras empezaron a volar, como por una fuerte ráfaga de «El viento» (Pepe Iglesias «El Zorro») y allí Karina Antonelli (Voz), apareció.

El repertorio de las canciones es para infantes ya que les enseña a rimar, a deducir antónimos de determinadas palabras, mezclan música clásica, tango y rumba con ritmos más pegadizos para niños.

Mientras Osvaldo, hacía sonar el teclado, le pedía a su musa inspiradora «Esmeralda rascame la espalda»utilizando distintas frases pegadizas, entrenidas y que rimaban entre sí como para ser asimiladas al instante. También disfrutamos «Toque toque», el tema que nos dice que si no queremos bailarlo no lo hagamos.

Uno de los momentos más lindos fue cuando Karina, invitó a los niños a hacer una ronda, mientras recitaban las melodías, como para lograr empatía con el público.

A través, entonces, de distintos matices musicales, nos fueron transmitiendo una historia de amor, en la cual ella y el pianista se enamoraron.

Con respecto a la puesta en escena, fue sencilla y delicada. Uno de los objetos a los que más se remitieró la pareja fue, en distintas ocasiones, a una antigua radio. ¿Qué sonaba? Una voz (a modo de estrategia publicitaria) para entusiasmar a los niños a que compren los discos del grupo. Fue una buena forma de hacerles conocer que a la salida de la sala podrían adquirirlo si así lo deseaban.

«Lalá» es un producto perfecto, trabajado, seleccionado en cada uno de sus temas y canciones. Eso es lo que atrae también al público. No hay dubitaciones ni improvisación. ¿Esto es positivo o negativo? Depende del gusto de cada uno, muy en particular. A decir verdad, «Lalá y el toque toque», parece un espectáculo trasladado de la televisión a las tablas. Solamente le faltarían algunos muñecos o personas disfrazadas y estaríamos en presencia de un programa de la pantalla chica.

Cuando tocaron «La bailarina», Karina le cantó a una marioneta blanca y a nosotros, muy dulcemente. Dicha bailarina, en manos de su ama, fue mostrando los pasos de ballet e introduciéndonos en un mundo de fantasía.

Pero, otra gran instancia de la tarde surgió cuando llegó la canción «El monito» (Pepe Iglesias «El Zorro») ya que en diversas estrofas tuvieron que niños y grandes, hacer estatuas y movimientos, guiados por la cantante. Si te equivocabas, eras reprendido por ella, así que no fue tarea sencilla copiar paso a paso.

Uno de los chicos, casi desde el principio de la función quería la canción de la polenta, pero con el calor que hacía, la banda no tenía demasiadas ganas de interpretarla. Finalmente, le dieron el gusto y por más gotas de sudor que tuvieron, entonaron «Y la fuerza que tiene» (Pepe Iglesias «El Zorro»).

Nadie pudo quejarse de nada, ya que complacieron los caprichos de cada uno. Hasta uno de los niños, en un momento corrió a tocar el piano de Osvaldo.

Hubo entusiasmo, alegría y ganas de volver por segunda, tercera o vaya a saber uno, quizás cuarta vez.

Quedan cuatro funciones más, para que aprendas las canciones y conozcas a este gran grupo de concertistas. ¿Te lo vas a perder?

Equipo

Escenografía: Valeria Abuin

Diseño sonoro: Nicolás Diab

Voz para locución de radio: Eugenia Alonso

Vestuario: Ana Algranatti

Iluminación: David Seiras

Coreografía: Ana Padilla

Dirección de títeres: Daniela Calbi

Diseño gráfico: Eduardo «Bochi» Tunni

Prensa: Luciana Zylberberg

Producción: Lalá y Gonzalo Guevara

Asistencia General: Graciela Gallelli

Dirección: Karina Antonelli y Luciana Zylberberg

Mariela Verónica Gagliardi