*** Noviembre 2019 ***

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Lo que no mata, fortalece

La fragilidad del cielo8

La fragilidad del cielo (escrita y dirigida por Anahí Ribeiro) es una pieza teatral exquisitamente romántica, sutil, prolija, de alto vuelo y que genera todo tipo de sensaciones a lo largo de la gran historia.

Ya de por sí, la distribución del espacio escénico es circular; lo cual permite que los espectadores nos ubiquemos muy cerca de lo que acontece. Estamos, de hecho, ahí mismo. Sintiendo, vibrando e imaginando lo que vendrá.

Me fascina este tipo de teatro artesanal, sobre todo porque no abunda.
Anahí Ribeiro supo crear mágicamente una narración dramática, dulce, tierna y con todo lo que tiene que tener una obra de teatro de este género.

Tres personajes: Odell, Bruno e Ilse irán interpretando La fragilidad del cielo que resulta ser conmovedora desde todo punto de vista.

Odell (Silvina Katz) es la hermana mayor de Bruno (Daniel Begino), un hombre que se está quedando, de a poco, ciego; quien es escritor y sufre por su padecimiento. Es así como Odell contrata a una dama de compañía llamada Ilse (Heidi Fauth), quien logra un lazo muy fuerte con él. Un vínculo que podrá ser juzgado por Odell y a la vez autorizado.

Todo lo que ocurre en esta obra es tan noble como el trágico final. Ningún diálogo está forzado ni es redundante, motivo por el cual todo transcurre como en una verdadera historia épica en que las sensaciones y miradas podían generarse y vislumbrarse en todo momento y sin una prueba contrarreloj.

La fragilidad del cielo se disfruta, y tuve la impresión de que podría existir una segunda parte (y varias más).

Todas las palabras escritas y distribuidas por el suelo, el olor a mugre (que se percibe pero no se huele, lógicamente) el estancamiento, el olvido de todo lo que debería ser pero (simplemente) no es por diversos motivos. La paciencia para acostumbrarse y naturalizar todo lo más horrible posible. Lo desagradable, lo temido, la postergación y le degradación humana están presentes.

Como contrapartida, el amor que hace renacer, que ilumina lo oscuro y podrido.
Es un verdadero rito a la vida, a la verdadera vida en que no se oculta lo negativo sino que se observa para ser reparado. Adoro que pueda sentirse bien como mal.
Me enamoré, debo decirlo, de la escritura, de las actuaciones de Heidi Fauth, Silvina Katz y Daniel Begino. Y digo esta palabra porque es descomunal el trabajo que hacen en escena. Los tres personajes son creíbles y gracias a ello podemos recorrer junto a ellos todo lo acontecido. No hay sobre exageración ni falta de interpretación. En la medida justa y perfecta transitan por sus pesares, iluminan lo olvidado, se repliegan y florecen a la vez.

Poesía pura y notable, abrazos reparadores, ambiente frío y desolado que necesita ya mismo una cortina transparente para ver los rayos del sol.
Resulta desesperante cómo la tensión de Bruno crece de momento a momento, buscándose, reconociéndose desde un nuevo lugar, queriendo volver el tiempo atrás para ver con los ojos pero asumiendo (quizás) que no siempre hacen falta. El calor, el frío, todo puede contemplarse y vivirse sin la mirada del iris. Estamos tan acostumbrados a eso que si nos faltara tendríamos tanta desesperación a punto de.

El vestuario, la tenue iluminación, hasta la espalda desnuda o con ropa ya generan algo.

Todo lo presente y ausente son significantes en este mundo tan hostil.

La palabra a veces ahuyenta y, otras, atrae. Esto queda demostrado. Así como los secretos más profundos que se revelan de la manera menos esperada, dejando atónitas a algunas personas.

La fragilidad del cielo demuestra cómo lo más rígido es aquello que se rompe en mil pedazos, como una tormenta que suavemente nos trae aire fresco después de una gran presión atmosférica.
Como un cristal a punto de caerse pero que puede evitarse.

Dramaturgia y Dirección: Anahí Ribeiro. 
Función del 28/7. Espacio Callejón.

Mariela Verónica Gagliardi

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