*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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El amor no tiene sexo

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Una historia situada años antes de la vuelta a la Democracia en Argentina, nos permite ver más de cerca el amor prohibido por la sociedad de entonces. Pero pasaron más de 30 años y todavía hay quienes se dan el “lujo” de sentenciar el amor ajeno, como si se pudiera elegir de quién enamorarse.

Contraseña, el musical” (con libro de José Tramontini y Sergio Trevisonno, dirigido por Maximiliano Lovrincevich) es una comedia que por momentos se torna trágica y dramática pero, siempre, conserva esa magia para entretener. Y esto no es casual. Porque durante la Dictadura militar se pretendía distraer la mirada y que las plumas obnubilen a todo transeúnte confundido.

La presente dramaturgia contiene un relato central y varios que se desglosan del mismo. Entonces nos encontramos con un joven que decide irse de su casa para vivir a pleno su sexualidad sin tener que soportar las presiones de sus padres o las conjeturas que estos pudieran transmitirle. Él se marcha y mira hacia adelante, buscando trabajo, vivienda y, cuando menos lo espera, el amor llama a su puerta. Exactamente como en los cuentos, solo que acá el príncipe le ayuda a encontrar su camino y no a darle todo servido en bandeja. Es amor y no caridad.

Fiestas privadas a las que se puede acceder con la clave correcta, una pensión que hospeda a todos los que no tienen casa propia, la cooperación de seres diferentes que se unen para que la vida les sea un poco más fácil y la presencia de las fuerzas represoras que disfrutan haciendo requisas, golpeando al más débil y asustando por el mero hecho de demostrar que es más fuerte quien posee las armas.

A su vez, se suman a estas problemáticas y situaciones, el deseo de una mujer que quiere triunfar como actriz y vedette, pero que comienza con el pie izquierdo. Justamente, por culpa de su “egoísmo” es que se desatarán bastantes conflictos que jamás imaginó.

Un musical para pensar y replantearse el hoy. Para poder empezar a hacerse cargo de las decisiones que se toman y no lavarse las manos ignorantemente. De hecho, es la oportunidad para que todos nos demos cuenta y asumamos que una acción está unida a otra y, así, sucesivamente.

Con respecto a la puesta en escena, están muy bien logrados los momentos y sensaciones, al igual que las caracterizaciones de los personajes, el vestuario y las letras de las canciones -las cuales permiten que nos ubiquemos en tiempo y espacio-.

En cuanto a la pareja encarnada por Emiliano de la Cuétara y Hernán L Cuevas; consiguen crear un clímax muy romántico, dejando en evidencia que para amar solo es necesario sentir y jugarse por lo que dicta el corazón. Cada vez que se produce un acercamiento entre ambos, tanto los nervios como la incertidumbre salen a la luz para demostrarles que solo es cuestión de arriesgarse.

Debo destacar a Romina Groppo por ser quien lleva adelante esta fascinante historia de amor, hilvanando situaciones de encuentros, de represión, de odio, de calidez y, por sobre todas las cosas, otorgando la oportunidad de ver más allá de cada uno. Es ella quien interpreta a la dueña de la pensión donde se suceden casi todas las escenas y diálogos. Es ella quien vocifera sus pasiones y pesares, su dolor y angustia, su soledad y compañía. Su caudal vocal es exquisito, sobrepasa fronteras y produce una satisfacción tan grande que permite olvidar por unos instantes la tormenta desatada por aquella trágica época. También brilla Yasmín Corti, quien protagoniza a una mujer con ansias por triunfar y conseguir su objetivo por encima y a pesar de todo.

Con el tango y otros ritmos sonando, las letras de cada canción irán revelando la sinuosidad del camino, la oscuridad imperante y la brillantez que se sucede luego de tanta batalla.

Ni los uniformados ni los represores ni nadie podrán quitarle a la humanidad su palpitación hacia el amor. El sentimiento más noble, seguramente, que todo mortal podrá sentir en su paso por este mundo (que aunque a veces parezca caerse a pedazos, siempre podrá reconstruirse).

Ficha Contraseña, el musical

Mariela Verónica Gagliardi

 

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Es posible morir de amor

Un charco inútil1

Ficha Un charco inútilA veces pienso acerca del mundo de la subjetividad y me encuentro en la gran disyuntiva de si es posible separar un sentimiento de una valoración, o si está bien juzgar sin determinarlo.

Cuando se ve por primera vez un trabajo a cargo de un director, esta tarea se vuelve -a mi entender- más objetiva porque no existen demasiados parámetros para criticar su arte. En cambio, cuando un director está comprometido con el teatro hace mucho tiempo, tiene pasión por lo que hace, tiene una calidad humana increíble e incluso consigue volcar todo eso en una puesta en escena; todo se torna fascinante.

Matías Puricelli estrenó hace pocas semanas Un charco inútil (de David Desola) una historia realmente conmovedora que está atravesada por varios conflictos, siendo el existencial el más importante. Es así como tres personajes, venidos de mundos distintos, por momentos opuestos y por instantes, verdaderamente, idénticos; pretenden vivir a su manera sin ser juzgados.

La locura es entonces la principal herramienta que se erige dentro de la problemática acerca de la existencia humana. Y no significa que estos tres seres debatan o filosofen sobre toda la especie sino que, egoístamente, están ubicados en un lugar desde el que les es imposible correrse sin tener que hacer un giro casi rotundo con el que se verían afectados.

Si tuviésemos la oportunidad de juntar a estos tres personajes y preguntarles varias cosas, posiblemente se nos venga al instante cuestionarles si no prefieren atravesar la angustia que los tiene capturados hace tiempo en vez de padecer tristemente sus días.

Con una esceonografía muy minuciosa, útil y precisa; es como desde el comienzo de la dramaturgia se puede comenzar este oscuro viaje. Y me refiero a oscuro no como algo negativo sino necesario de hacer para conocer la luz o, al menos, unos rayitos de sol.

Mediante dos espacios escénicos que por momentos dividen las situaciones, para luego aunarlas, es como un profesor se reúne con alguien muy importante para él, quien le otorgará una información reveladora. Dicha información será acerca de un nuevo alumno y todo cambiará para siempre. En cuanto corra el tiempo, los días parecerán transcurrir como meses, incluso años, y lo oculto saldrá de la peor forma, tomará sentido desde un lugar e irá reacomodando cada percepción futura.

Uno de los aspectos más notorios de la dramaturgia es el timing utilizado en los diálogos, en cada pausa, en cada instante en que es posible observar un universo plagado de nostalgia, un rostro estupefacto, y la metáfora del charco inútil que será simplemente la piedra angular para continuar transitando la vida de otro modo.

Como escribir en la arena los nombres con un corazón, será posible que esperen la llegada de los patos que alguna vez estuvieron en su hábitat, sabiendo que jamás ocurrirá tal hecho. Sin embargo, la esperanza o, mejor dicho, la ilusión es lo que hará que la depresión encuentro un recoveco no total en un cuerpo.

Existen otros aspectos interesantes de la historia como el suspenso, la duda que queda al final de la historia y un triángulo que podría conformar otra figura geométrica sin necesidad de explicarse en el tiempo.

La imperiosa necesidad de creer en algo, sea un dios o un milagro le permitirán a Irene (Marisa Provenzano) atravesar su soledad, su penosa vida, su largo e infinito luto y la captura de aquello que nunca muere.

Diversos simbolismos surgen y ya nada podrá volver a ser como antes sin angustiar demasiado. En definitiva, podría volverse al planteamiento inicial sobre la locura y el existencialismo. ¿Qué humano en este mundo no llegó a desesperarse por lo desconocido, lo que viene después de la vida propia y aquello que convierte (en algo) a los seres queridos cuando fallecen orgánicamente?

Un muelle será testigo de las largas charlas entre estos dos hombres y un trencito detenido denotará y fragmentará el mundo real del ficcionado.

Resulta imposible no salir emocionado luego de presenciar esta obra en que Marisa Provenzano, Manuel Feito y Gustavo Bonfigli brillan, consiguiendo posicionarse en escena, exprimiendo sus potenciales, para más tarde, delinear sus propios valores.

La inutilidad en esta oportunidad se vuelve pieza intrínseca para resolver los problemas más profundos y pasados en su interior, un interior que no podrá vislumbrarse tan fácilmente sino que precisará del compromiso de cada espectador para inmiscuirse, de verdad, de principio a fin.

Mariela Verónica Gagliardi