*** Junio 2017 ***

Entradas etiquetadas como ‘Gaby Goldman’

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Amar en tiempos difíciles

Edipo y Yocasta17

Ficha Edipo y YocastaMejores tragedias que las griegas, no hay. Y qué mejor que escuchar una historia a cargo de excelentes voces que le otorgan al arte un sin fin de matices.

Edipo y Yocasta, un grito en la inmensidad (musical escrito y dirigido por Mariano Taccagni, basado en el mito de Edipo) nos introduce en un relato cargado de tensión que solo afloja en un pequeño momento de la obra. Con un elenco integrado por artistas muy conocidos del género musical, se disfruta a lo largo de la historia que utiliza la poesía como principal arma de deleite y el acompañamiento de una gran orquesta de músicos (dirigida por Gaby Goldman). Así es como podemos conmovernos y sentir cada situación interpretada por los actores en las tablas.

Si no fuésemos seres racionales e inmersos en una sociedad con tantos tabúes, dicha historia de Edipo no tendría fin ni sentido alguno. Pero, como el vínculo madre-hijo es algo muy fuerte, consigue trasladarse a todo tipo de generación e impactar de una manera tajante.

Freud podría realizar todo tipo de análisis al respecto pretendiendo explicar los traumas de una y otra parte. Aunque, la desgracia presente se da no por la voluntad de ambos sino por el desconocimiento de una información que -de haberse tenido- no se habría originado dicho caos y sufrimiento.

Una madre, la Reina de Tebas, que tiene que optar por perder a su hijo recién nacido o a su marido, el Rey Layo, y que, finalmente, entrega a su bebé para que su esposo permanezca a su lado. Y, tal vez, acá haya que realizar una pausa para comprender que si Yocasta hubiera priorizado la vida de su pequeño, jamás se habría enamorado de él en el futuro. Hijos que vinieron más adelante que no logran comprender si son sus nietos o parte de sí. Un amor que es más fuerte que todo lo que ambos pudieran sentir en la vida y que, sin embargo, no logran encauzar sanamente.

Un paso que avanzan y la desdicha que se apodera de sus lágrimas, de sus angustias y del dolor más profundo que tienen en el alma. Como unas arenas movedizas que no producen placer sino una desesperación enorme, eso es la esencia de la presente historia.

En cuanto a la música, Goldman consiguió fusionar distintos ritmos para que el relato y su devenir puedan desfilar por distintas sensaciones que oscilan entre el pop y el clásico, dando la oportunidad de respirar unos instantes y recobrar el aliento.

Mientras las predicciones cobran más fuerza que el raciocinio, lo peor está por venir y la vida humana se vuelve más significativa que su argumentación.

En cuanto a los protagonistas de la historia, tanto Marisol Otero como Gonzalo Almada proyectan sus dolores y pasiones con el talento que los caracteriza, al mismo tiempo que la dulzura y ductilidad de Marisol envuelve al musical en una historia de amor inigualable. Madre, esposa y amante, que no se explica por qué es tan inmenso su sentir.

También existen otros personajes que se destacan como el de la esfinge (interpretado por Judith Cabral) y el de Macaría (representado por Carla Liguori). El resto del elenco se luce con mucho esplendor y conforma una grata pieza artística, demostrando que siempre exista amor por lo que se hace será posible estar en un teatro tan conocido como el Apolo, con una platea colmada y un éxito rotundo.

Cabe resaltar que el ritmo del musical es más pausado, lo cual permite que disfrutemos de cada personaje, de la inmensidad de cada escena y de cada canción que conforma un paralelismo (complementario) junto a cada diálogo esbozado a nivel vocal y corporal. Solo así Edipo consigue ser aquel hombre que no siente despecho por su pasado y Yocasta sí asume cierta culpa por la ceguera que tuvo y que ni siquiera el más ciego, Tiresias (Rodolfo Valss) es impedido de observar con sus ojos la realidad presente y que se avecina. La participación de este último es el detalle que colma de alegría y euforia a los espectadores, quienes no se resisten en aplaudir incansablemente cuando finaliza la trama.

El papel de Layo lo interpretó, en esta función, Mariano Taccagni ya que Martín Repetto está recuperándose de salud.

Mariela Verónica Gagliardi

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No hay que juzgar antes de conocer

Shrek

Los cuentos de hadas, princesas, príncipes y demás personajes tradicionales para niños; no tienen el mismo lugar ni la misma enseñanza.

Aquellos pobres pequeños que se sienten muchas veces obligados a vestirse de una manera, con un color que se supone femenino o masculino, a frecuentar determinados lugares y a utilizar ciertas palabras por mandatos sociales; no tienen espacio en esta comedia musical que está basada en la película Shrek (la cual se origina gracias a la novela de William Steig).

En el año 2001 se lanza el film que tino de verde la historia del ogro, el prejuicio de lo que se consideraba como desagradable, poco estético, anti-heroico y feo. No es en “Shrek, el musical” (dirigida por Carla Calabrese) que un príncipe rescata a la princesa que se halla prisionera desde los siete anos.

Una puesta en escena con todo lo que tiene que tener un musical para brillar y destacarse, para entretener a chicos y grandes, para hacer revivir el film estadounidense, sus momentos más tensionantes y dignos de disfrutar en familia.

Los cuatro protagonistas: Shrek, Fiona, Burro y Lord Farquaad; son increíbles. Con un carisma sorprendente, con talento único y con esa gracia que se precisa para llevarse al público en el bolsillo enseguida.

Así es Shrek que cuenta su sufrimiento, como sus padres le dieron libertad y el sintió abandono; el Burro que tiene mucha suspicacia y necesidad de tener un amigo; Fiona que desea todos los días de su vida poder vivir como quiera, terminando con el hechizo que le hicieron de niña; y Lord que solo necesita una esposa para cumplir con su egoísmo y convertirse en Rey.

Pablo Sultani consigue plasmar y proyectar una voz impostada que realmente se asemeja al mundo animal. Sin siquiera hacer esfuerzo, así se percibe y desde sus manos gigantes hasta su brutalidad, le otorgan el poder para rescatar a la mujer que ningún caballero valiente consiguió.

Mela Lenoir, interpreta a una princesa muy suave, delicada y con una belleza que se plasma tanto en su rostro como en su gracia.

Esta dupla se fusiona deleitosamente y, juntos, logran cantar como humanos y ogros, venciendo todo tipo de fronteras y encontrando lo que buscan.

Sin lugar a dudas, quien se gana el corazón de todos es el simpático burro, quien con ternura, paciencia y humildad puede obrar de mediador y ganarse el lugarcito que tanto necesitaba. Talo Silveyra, con una sonrisa y desplazándose de un lugar a otro del pantano, demostrando que toda cobardía puede ser superada con amor y confianza tanto en sí mismo como en los demás.

Y, con respecto a Roberto Peloni, considero que lleva a cabo el personaje más difícil ya que no debe solamente hacer valer su propio cuerpo sino el de un títere, motivo por el cual los movimientos y acciones que se observan, pertenecen a otro ser, movido por sí mismo. Esto se torna muy atractivo ya que puede bailar coreografías, saltar, montar a caballo y sorprender con sus habilidades.

Es justo destacar a todo el elenco ya que, en conjunto, es como se consiguen tan buenos resultados. Pero, debo resaltar algunos momentos ya que sino la nota seria eterna.

Una de las escenas más lindas se produce cuando se encuentran los aldeanos con Shrek, se conocen, se odian y, pasadas ciertas circunstancias logran entenderse. Los aldeanos buscaban lo mismo que todos los integrantes de esta historia: ser libres y felices.

Son muchos los valores que están impregnados, fuertemente, a lo largo de la dramaturgia y en cada una de las canciones vocalizadas. Justamente, las letras de dichas canciones son las que llega al imaginario social y que quedan guardadas den el corazón. La animación llevada a escena, también, consigue su objetivo de conmover y dejar grabadas imágenes en cada uno de los espectadores.

Los personajes de cuentos clásicos ya no sirven, quedaron obsoletos y, sus dueños, se quieren deshacer de ellos. Pero, al igual que otras historias, Pinocho, la Bruja, el Hada madrina, entre algunos de los que aparecen: tienen voz y voto. Saben lo que quieren y no van a darse por vencidos. Como una rebelión en la granja, esta manifestación les surge desde lo más profundo.

En cuanto a otra escena importante y fabulosa, se encuentra la del trío conformado por tres Fionas: la niña, la adolescente y la adulta. Las tres mujeres son una misma y lucharan hasta poder salir de ese castillo en que se encuentran prisioneras. Sobre todo, la adulta, cantara con su ukelele y, añorando, cumplirle a la mas niña.

Son muchos los títeres de varillas que se ven en escena, durante breves momentos y muy bien confeccionados.

La dragona, tildada como un animal feroz, que tira fuego y rodea el gran castillo, también tiene su lado débil y frágil. Esta dragona, además, está interpretada a nivel físico por un animal enorme que es movido por tres artistas y, a nivel vocal, por Maia Contreras que con su canto cautiva enormemente.

El juzgado juzga y, esto, es más común ver de lo que se pueda creer. Es así como Fiona le dice a su nuevo amigo: “No está bien juzgar antes de conocer”.

Shrek y Fiona se comportan infantilmente y Burro puede unirlos diciendo lo que piensa: “voy a buscar leña para avivar el fuego”.

Dos seres que son diferentes, que tuvieron vidas muy distintas pero que los une el sufrimiento y las ganas de estar bien. Que buscan y viven sin maldad. Dos infancias que se comparan bajo la canción “Lo mío fue peor” y gracias a las melodías tan sentidas se enamoran.

“Shrek, el musical” tiñe de verde los rosas y celestes, con gamas de todos los colores, con simpatía, talentosos artistas, una dirección impecable y el sello de Gaby Goldman.

De Broadway a Buenos Aires, para demostrar que el limite geográfico es simplemente eso y que el amor puede estar en el lugar menos pensado.

Mariela Verónica Gagliardi

ficha Shrek el musical

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Un baño de juventud

Forever young1

La música como herramienta fundamental para alegrar corazones y demostrar cuán necesaria resulta en la vida. La música como disparadora de ideas renovadoras, como trampolín para montar la obra, en vida, más sensacional.

“Forever Young” (escrita por Eric Gedeon y dirigida por Daniel Casablanca) es una obra de teatro musical que representa a un grupo de ancianos, muy particulares, los cuales viven en un geriátrico que se debate entre lo que debe ser y lo que es. Paco Mir, Joan García, Carles Sans, Pablo Kompel, Sebastián Blutrach y Daniel Casablanca; son los responsables de esta adaptación que permite sentirla más local que la original. Una enfermera, a diario, intenta poner orden a estos viejitos -tan simpáticos- que pretenden rejuvenecer, constantemente, a partir de las melodías interpretadas por el pianista Gaby Goldman.

Las jornadas transcurren de un modo lineal y reiterativo, en que los ancianos toman sus medicinas, hacen ejercicios para estirar las articulaciones y coordinar movimientos. Pero, en cuanto la puerta se cierra, comienzan la fiesta cotidiana en que unos bailan, otros posan, otros demuestras quiénes son y, los demás, acompañan con sonrisas. Cada uno tiene su momento de lucidez, en que recuerda el pasado de la mejor manera, cuando las canciones de los setenta -en adelante- surgen en el aire, para mimetizarse con sus estados de ánimo, sus costumbres, sus raíces y sus identidades. Se puede disfrutar de Belén Pasqualini y Mariela Passeri, quienes lookeadas de una manera tan excéntrica, consiguen las carcajadas del público desenfrenadamente. De un Walter Canella, envejecido y travieso. De un rockero como Germán Tripel que demuestra cómo aún crecidito puede seguir siendo ordinario. De un marido correcto como Christian Giménez y de una enfermera piadosa como Andrea Lovera. Todos, absolutamente todos, conforman un dream team fenomenal, consiguiendo personajes distintos e interpretaciones bien logradas. Esto es un éxito y no solo por la sala que aplaude sino por la unidad entre ellos, por la pasión dejada en el escenario y la mascarilla de oxígeno olvidada de usar. Imposibles anotar todos los nombres de tantas canciones que suenan a lo largo del musical, evocadas naturalmente por estos personajes que se compran nuestros corazones y de quienes deseamos aprender ciertas cosas para disfrutar llegado el momento. Pero, algunos de los más conocidos y que resuenan en el ambiente son: I love rock & roll, Roxanne, Sweet dreams, Get up stand up, Smells like teen spirit, Bridge over troubled water, Barbie girl, I will survive y Forever young.

Canciones del género pop y rock, enteras, fragmentadas, amadas antes y ahora. Necesarias para que los dolores físicos no los traumen, copitas de vino para calentar esos músculos entumecidos y castigos oportunos para que sientan el rigor en algún plano de sus vidas. Un rigor que, desde ya, es solo a modo de aprendizaje.

Cabe resaltar uno de los mejores momentos de la historia que ocurre cuando montan una obra, espontáneamente, con diálogos y todas aquellas acciones que quieren darse el gusto de llevar a cabo. Una torre humana que se desvanece como sus pieles suaves, como la fragilidad de sus huesos al caer, como el tirano paso del tiempo que les avisa sobre su vejez -una vejez innecesaria-.

El pasado no podrán recuperarlo, pero sí todo aquello que los enorgullecía y que les permitía seguir adelante.

Una muestra de cómo exprimir la vida al máximo, a pesar de cualquier enfermedad que se pueda tener, valorizando cada minuto y haciéndole sentir al corazón que son por siempre jóvenes, por siempre bellos y por siempre vivos.

Entre el idioma inglés y el castellano, se va dibujando un mural de colores en que estos artistas se convierten en los protagonistas de sus propias vidas. Como deberíamos serlo todos. Quizás, por haber vivido demasiado, ya no le teman al ridículo, al papelón ni al qué dirán.

Del orden, al desorden, de la rigidez al desdoblamiento, de la seriedad a la risa eterna y de la vejez a la juventud.

Ellos son más jóvenes que cualquiera porque han aprehendido y ahora están de vuelta. El geriátrico es lo que menos les importa. Ese lugar es su casa, como podría serlo cualquier otro espacio. Lo relevante es que supieron absorber las fragancias y melodías para nunca sentirse solos.

ficha Forever young

Mariela Verónica Gagliardi

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CASI NORMALES

El domingo 1° de julio estuvimos en el Teatro Apolo (Av. Corrientes 1372 – C.A.B.A), con “Casi Normales”.

¿Como se logra ser casi normal? ¿Alguien es normal?

Una familia compuesta por un matrimonio joven y dos hijos adolescentes (uno de ellos fallecido desde pequeño), llevan adelante sus vidas llenas de trabas, alegrías, mal humor, ambición y la idea de parecerse un poco a cualquier otro clan.

Diana (Laura Conforte), es ama de casa, sufre de bipolaridad, diganosticada hace como 20 años como consecuencia de un shock emocional, y por momentos sus días son comunes… pero por otros, el terror se apodera de ella y cree ver y escuchar a su hijo fallecido Gabriel (Matías Mayer). No puede desligarse de esa relación tan fuerte que tiene con él y es esto lo que le impide de ser feliz con el resto de su familia. Sus horas transcurren junto con la toma de diversas pastillas, que no le sirven para solución alguna.

Su marido, Dan, (Alejandro Paker), intenta obviar el problema psiquiátrico de su mujer, no haciéndole ningún favor a ella, y tiene una excelente relación con su hija pianista, Natalie, (Manuela del Campo).

Esta pequeña sueña, como toda joven, con ganar un concurso de música pero tiene ciertos altibajos por convivir con su progenitora tan desequilibrada. Algo que la “salva” es conocer a un chico que la adora y admira. Juntos, de novios, van colmándose de alegrías y se apoyan mutuamente.

Pero, ¿se imaginan todos estos conflictos, sinsabores, desequilibros, amores y desencuentros, contados con canciones? El hecho de ser una comedia musical es lo que hace que los dramas que se avecinan, no sean tan trágicos.

Al mejor estilo Broadway, un escenario iluminado en tonos azules y que cambian según la historia, nos invitan a conocer una estructura de dos pisos en la cual cada ambiente es un escenario diferente donde transcurre la obra. No hay que imaginarse, como suele ocurrir, dónde están los actores, sino que cada espacio está perfectamente decorado, iluminado y caracterizado.

Volviendo al tema central de Casi normales, la inexperiencia del hombre de la casa y su caracter débil, provocan una situación no grata: el médico de ella (Mariano Chiesa), aconseja hacerle un tratamiento por poco tiempo, basado en electro shock. Su pareja, acepta, sin reparar en los daños que le podría causar la misma.

Una vez que es internada en la clínica, se sumerge en un túnel lleno frialdad y, después del cual, nunca volverá a ser la misma.

Su salud pasa a estar más equilibrada pero sus recuerdos son olvidados casi por completo, pasando a tener una vida en la cual no sufre pero tampoco vive plenamente.  Su mente está en blanco y su fiel esposo, hasta ese momento, abandona la casa.

A mi parecer, esta puesta en escena no es recomendable para niños. Los repertorios, si bien son compañados por una banda excelente y cantados por estos actores super acostumbrados al terreno musical, contienen información que no debería volcarse a los menores por ser muy fuerte.

Esta obra, es un fiel reflejo de lo que ocurren en muchas sociedades cosmopolitas en las cuales se decide “ayudar” al “enfermo”, como aconsejan los médicos, en vez de fijarse qué es lo que necesita de verdad la persona.

Es muy conmovedora la trama, el guión y cada una de las canciones que nos pasean por un mundo conocido y palpable en estos tiempos contemporáneos.

Música: Tom Kitt.

Libro y letras: Brian Yorkey.

Dirección general: Luis Romero.

Dirección musical: Gaby Goldman.

Director asociado/creativo: Diego Jaraz.

Director creativo: Marcelo Kotliar.

Dirección vocal: Ana Carfi.

Escenografía: Marcelo Valiente.

Dieseño de iluminación: Marco Pastorino.

Diseño de sonido: Rodrigo Lavecchia.

Vestuario: Pablo Bataglia.

Asistente de dirección: Cristian Aguilera.

Prensa: Furgang Comunicaciones.

Producción ejecutiva: Pablo Tubío y Nazarena Bredeston.

Producción general: Javier Faroni.

Duración: 2 hs 40′.

Mariela Verónica Gagliardi

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