*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Juicio y castigo para los verdaderos culpables

Candy crush15

Cuando se terminan las vidas, hay que pedirle ayuda a amigos de las redes sociales. Caso contrario, habrá que esperar a que se renueven solas después de un determinado tiempo.

Caramelos y muchos colores, asociaciones de una formas con otras para explotar y niveles cada vez más complicados que consiguen cada vez más combinaciones para exterminar todas las golosinas.

El juego Candy Crush consiguió, desde hace años, crear una especie de fanatismo; el cual abarcó a distintas generaciones que se apoderaron de la pantalla durante horas, hasta conseguir pasar de nivel.

Debo asumir que al asistir a la función de “Candy Crush, la saga” (escrita por Florencia Aroldi y dirigida por Claudia Vargas) esperaba una historia ligada al videojuego intrínsecamente hablando. Pero, me sorprendió la creatividad para que los caramelos sean los protagonistas de un policial grotesco. Porque veremos actores en escena, representados por un color diferente. Ellos no saltarán ni se irán eliminando, sino que serán eliminados y por quienes menos pensaríamos (en este tipo de contexto humorístico).

Acusaciones dentro de una misma familia para descubrir al culpable que se atrevió a vaciar el tipo de caramelo más irresistible del mercado. Un caramelo con nombre en inglés que va y viene según las reglas del comercio. Un caramelo que es mucho más que eso. Que se convierte en el anzuelo perfecto para que quienes habitamos el tercer mundo, queramos tenerlo a costa de ponernos la venda que nos impide conocer el Imperialismo.

Una obra que mezcla comedia, policial y humor; para llevarnos de las narices hacia el territorio político-social del que, realmente, tenemos que hacernos cargo como pueblo.

Sí, podrá sonar exagerado lo que digo porque, quizás, los espectadores esperan golosinas con un packaging impecable. Pero, si buscan una banalidad vayan a buscarlo a otro lado. Este elenco trae consigo un juicio irrisorio, incoherente, inadmisible, del que no se sabrá quién es el culpable hasta que avance la dramaturgia. Porque las entre líneas están a merced de quien decida escuchar y capturarlas en el aire. Porque ningún diálogo será superfluo y todo tendrá una connotación política. Nada de dividir en bandos ni resaltar fanatismos. Lo realmente importante es quitarse el color que se lleve puesto y reconocer al veradero traidor, que lejos está de lo que pueda sospecharse en un comienzo.

Un juez, entonces, irá desplegando un artilugio de palabras y frases capciosas para que caiga quien tenga que caer.

¿Personas enfrentadas con personas?

¿Hasta cuándo el pueblo va a odiar al pueblo?

El aparato represor estará aunque no lo veamos. Sus estruendos sonarán por derredor y cada explosión será, finalmente, un “caramelo” menos.

¿A dónde irá a parar el juego?

¿Es realmente un juego eliminar color iguales?

Idénticos y opuestos caerán. Porque de eso se trata. Eso es lo que les sirva.

Mientras tanto, en el despacho seguirán las tratativas para descubrir quién robó un dulce para ver una película o quien deseaba tanto algo rico por el simple hecho de desearlo.

Grotesca nuestra realidad, lo que se está viviendo, lo que jamás pensamos volver a atravesar… pero, siempre, lo estético y superficial ganarán la batalla: la que los haga triunfar económicamente sin importar nada más.

En definitiva, ¿somos algo para ellos?

Mi respuesta es afirmativa porque no puede haber combate o guerra sin un sector a quien aniquilar. Entonces, la empresa King (de Inglaterra) pensó en todos nosotros para salir a flote, ganar acciones en la bolsa y volverse aún más millonaria que antes. Mientras tanto, sigo cuestionando si somos algo de verdad o meras piezas para su juego de batalla.

¿A quién le vamos a pedir vidas cuando terminen con las nuestras?

Mariela Verónica Gagliardi

 

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Una fiera escondida

La piel de manzana

Como fruto prohibido, como fruta bella y embalsamada, allí está cada una de ellas. Con diferentes tamaños, sabores y formas no exactamente idénticas. Como fruta utilizada en cuentos como Blancanieves en que se mordía y envenenaba la princesa, como origen de muchas ideas no desarrolladas completamente y como, también participada en cuadros de naturaleza muerta.

Flora (Cecilia Cósero) y Bruno (Federico Marrale) son las protagonistas de una obra de teatro en que se puede vivenciar todo lo natural e inminente de la conducta humana: “La piel de manzana” (escrita y dirigida por Gustavo Lista).

Son muchas las escenas que se suceden a lo largo de esta historia y es que, a lo largo de la misma, se verá a una Flora totalmente voraz, salvaje y sin miedo a nada. Así como a un Bruno amenazante, temeroso e inmaduro.

Existen varias lecturas para realizar sobre la puesta en escena y narrativa. Por un lado, se ve a flor de piel el feminismo encarnado por Flora que, a cualquier precio, muestra y demuestra su condición de hembra y mujer en su casa y en la sociedad. Ella vendría a ser como una heroína de los derechos de todas, flameando una bandera imaginaria que estaría simbolizada por los cajones de manzanas.

Por más desconectado que pueda sonar esta comparación, son estas frutas las que significan cuerpos de mujeres, con una piel suave, fina, brillante y que, sin embargo; se puede raspar, herir y romper en cuestión de segundos.

Una tras otra, son tiradas por Bruno al piso, como descartándolas, como quitándoselas de encima y sacándose del pensamiento todo lo que a ella le pueda dar felicidad absoluta.

Por otro lado, está presente la obsesión -más por parte de él que de ella- por amenazar a su ser querido y, desde ese lugar, conformarse con la piedad o lástima. Las acciones desarrolladas por Bruno no son sanas para ninguno de los dos y, viéndolas desde otro ángulo, son violentas.

Hay varios simbolismos incluidos en la dramaturgia. Uno de ellos es la función que cumple un aparador de madera, que va acumulando a los hombres que no actuaron correctamente. Uno tras otro, se ponen allí y, ella, solo le da la posibilidad a Bruno de ser diferente al resto de una manera bastante singular. Quien salga victorioso de tal acuerdo, podrá elegir lo que más quiera.

Flora es una muestra de lucha eterna, exagerada también, que no baja jamás los brazos y que defiende sus ideales. A su vez, lo corporal cumple una función primordial en ella y en su compañero, quienes recorren el escenario hasta encontrar el lugar ideal para disparar su voz. Mientras se observan y analizan, el realismo mágico consigue apoderarse de sus monólogos, de sus diálogos y de sus preocupaciones.

Como realizando un recorrido por un mundo irreal, crean una especie de fábula dentro de la que también son los protagonistas y consiguen jugar como niños. Así y solo así, Bruno puede manipular del todo a esta loba que lo cuida y acompaña cuando todo parece acabarse.

La canción de Joan Manuel Serrat, titulada Piel de manzana (1975), sintetiza parte del argumento de la obra diciendo: a esa muchacha que fue Piel de manzana se le quebró el corazón de porcelana, se le bebieron de un trago la sonrisa. La primavera con ella tuvo prisa.

ficha La piel de manzana

Mariela Verónica Gagliardi