*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Envejecer como ciruela

La edad de la ciruela3

Una casa aloja a mujeres muy diferentes entre sí, pero con un mismo objeto: huir de esas paredes que las tienen como presas de sus pensamientos y ataduras mentales.

Celina (Elina Catini) – la hermana mayor- y Eleonora (Sofía Balda) son hermanas y, juntas, recrean los recuerdos de su infancia, las anécdotas de tías, abuelas y la muerte –posterior- de su amada madre.

La primera soñaba con ser hombre de más grande y la otra se resguardaba en los brazos de su hermana, haciéndose la “tonta” para no sufrir ni crecer.

Al comenzar la obra “La edad de la ciruela” (de Arístides Vargas y dirigida por Mercedes Fraile), Eleonora le escribe a Celina, contándole, dolorosamente, que la madre (Victoria Ruscio) ha fallecido. Este hecho que parece ser un trauma, en las dos mujeres se transmite como una melancolía constructiva. Ellas logran crear desde el dolor, anhelando –de algún modo- volver a ese tiempo pasado en que jugaban con ratas, escondiéndolas en armarios, sin tenerles miedo ni asco, riéndose, conservando esa ingenuidad de la infancia.

La edad de la ciruela2

El autor de la pieza teatral, realiza un guión basado en la época de la dictadura, durante la cual su hermano fue detenido en Santa Fe. Para ese entonces, el modo que encontraron de sobrevivir fue, justamente, la escritura como conexión entre ellos. Arístides, siempre, encuentra el modo de darle un tinte humorístico a las tragedias sobre las que crea y ficciona.

Las escrituras van y vienen, las respuestas a interrogantes son las encargadas de unir cada parte de “La edad de la ciruela”, convirtiéndola en un todo con varios mensajes claros y concisos.

Esta obra es un aroma a vino, representado por esta fruta tan bella –comparada con la vejez humana, con ese deterioro físico del cuerpo y ese olor asqueroso a putrefacción-.

“La edad de la ciruela” es un cuerpo que desea sobrevivir, siendo siempre joven, sin arrugas, sin calvarios, sin nada malo y, por supuesto, con una inmensa alegría.

Estas dos hermanas recuerdan a sus abuelas, a su madre, a su tía, a su criada y a todo el entorno que las vio crecer en edad.

La importancia de saber cuándo esta fruta esta apta para ser bebida o para utilizar como vinagre, parece haber sido tema de conversación, trascendente, en la abuela María y su hermana Gumersinda. También, una preocupación, el no quedarse solas para vestir santos y encontrar un hombre que las acompañe en sus vidas, sin importar quién.

Por otro lado, la muerte, es una preocupación central en esta historia. La muerte vista como un lugar lleno de preguntas, de intrigas, de no sufrimiento. Celina, afirma, que su madre logró morirse, que no se murió –de casualidad- como les pasa a otras personas. Este logro, parece ser deseado también por sus hijas, de algún modo.

Eleonora, en cambio, siente cierta preocupación, al sentir la casa vacía, ya sin ninguna persona mayor que ella.

La metáfora es fundamental en esta obra, ya que sin ella sería cuasi imposible entender cada uno de los fragmentos relatados. Cuando Eleonora, en un momento menciona que todas las mujeres de la familia intentaron irse, como fugándose y cada una intentó que sea de un modo particular. Como el caso de la tía Adriática que lo hizo literalmente, pero que nunca se murió del todo. Siempre vuelve al hogar y entabla alguna conversación con Blanquita -la sirvienta-.La edad de la ciruela1

Otro de los puntos a resaltar en la obra es el que se refiere a la detención del tiempo. Ese tiempo que se suele denominar como veloz, es frenado por las dos hermanas -quienes jugando- logran su cometido. A partir de entonces se suceden varias situaciones cómicas como el hecho de que Blanquita no puede quitarse un vaso que se le quedó atorado en la mano, ya que las horas no pasan y el día es siempre el mismo.

¿Pueden imaginar, por unos minutos, cómo se daría una situación de estas características en  la vida real?

¿Cómo se podrían resolver conflictos, conversaciones, cotidianeidades, si el tiempo no se sucediera?

Muchas veces pudimos tener la necesidad de retroceder o de avanzar pero, ¿cómo sería suspender las agujas del reloj?

El tiempo se burla, pasa, transcurre, hace envejecer a la gente.

Retomando el eje del principio de la obra, en que Francisca – la madre de las chicas- muere, también tenemos la oportunidad de conocer momentos de su vida de joven, junto a sus dos hermanas, sus charlas, consejos y situaciones picarescas que hacen reír y emocionar.

Las apariencias se pueden notar de la mano de Victoria –hija de María-, cuando sin saber tocar el violín, hace “como si” supiera, teniendo de fondo a un músico que hace sonar el instrumento.

Blanquita (Pilar Calvo) es la que tiene más noción de la realidad, que sin parafrasear, dice: “La vida es una sola y si no la vivimos estamos jodidos”. Ella es quien estuvo al lado e inmersa en cada uno de los momentos de esas mujeres, tan diferentes a ella. Nunca tuvo su dinero ni su posición social pero, sin embargo, logró ver más allá de las miserias humanas y del “qué dirán”. Ella era así como se la veía, sin máscaras, simple. Callaba sus decires pero los gritaba por momentos.

Las protagonistas desarrollan con muchísimo talento los personajes presentes y pasados, cambiando de uno a otro en cuestión de segundos. Los demás roles están bien caracterizados por los artistas, en cuestión de vestuarios y voces. Esto ayuda a sumergirnos en esta bella y cuidada pieza teatral, la cual se convierte con el pasar del tiempo, en algo mágico. No llega a ser un objeto, aunque quisiéramos que lo fuera para poder conservarlo y quedarnos calmos.

Claro que la verdad que cierra dicha historia, la tiene Celina en cuanto le dice a su hermana que la nada está en los pensamientos.

Uno puede imaginar lo que desee y ser protagonista de lo que quiera. Quizás, de esta manera, pueda convertir las fantasías en hechos reales.

Tal vez, sin imaginación, el tiempo siga su curso –monótonamente- como el de estas mujeres que nunca se sintieron importantes ni fundamentales ni para ellas ni para su entorno. Ellas sobrevivieron recordando lo que fue.

Mariela Verónica Gagliardi

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El talento tiene aroma a humildad

Chamuyeros4

La risa es sanadora, la risa provoca más risas y los efectos son siempre saludables para el alma y el corazón.

Elegir qué ir a ver en Miramar un Día del Trabajador, es bastante complicado ya que no hay más que una obra en cartel. En ese caso uno puede preguntarse por qué los actores optan por dejar su merecido descanso y subirse al escenario también un feriado tan importante.

La sala del Teatro Municipal Abel Santa Cruz, casi completa, tuvo el placer de convocar de manera gratuita a un público muy agradecido. Muchas personas, seguramente, ya la habrían visto el año pasado y este verano 2013; pero, por algún motivo, regresaron. El motivo no parece ser la gratuidad de la localidad, sino un aroma a felicidad. Una fragancia que se respiró desde el momento de hacer la cola, pasando por diversos estadios durante la dramatización, hasta salir de la función.

Las luces se encienden y un ambiente de living moderno es la única escenografía. Chamuyeros2Este decorado es suficiente como para que los diálogos sean los protagonistas.

Diego Apesteguía, es el responsable de las sonrisas dibujadas en cada uno de los espectadores, en el equipo técnico y en ellos mismos.

“Chamuyeros”, nos narra la historia de dos amigos, muy diferentes y parecidos entre sí. Antonio (Diego Apesteguía), un hombre bondadoso, sencillo, infeliz con la vida que lleva -pero incapaz de hacer algo para cambiarla-. Lalo (Maximiliano Tedesco), en cambio, mostrando una figura de ganador y de rival. Éste intentará programar una cita con su amigo, para conocer a dos mujeres (Bibiana Vázquez y Daniela Ortega). Claro que Antonio no tiene experiencia en el terr eno amoroso y, eso será lo cómico durante toda la obra: el ver cómo aprende a mentir hasta el punto tal de reinventarse como persona… asemejándose a Lalo. Y, éste, quedando en desventaja hasta parecerse a Antonio. Ambos, de esta forma, entenderán -a la fuerza- cómo la amistad es lo más importante. Cómo las mentiras tienen patas cortas y cómo ocultar, muchas veces, termina siendo peligroso.

Podríamos decir que la obra se divide en sketchs, durante los cuales conocemos perfectamente cómo son los personajes, sus vidas, propósitos, ambiciones y situaciones.

Chamuyeros1En un principio notamos cómo los dos amigos traman su plan para seducir, luego, a las dos mujeres invitadas. Lo gracioso es la presentación que le hace Lalo a su compinche, intentando convencerlo de qué le conviene decir, que callar, qué destrezas adoptar, cuáles dejar de lado. Pero no todo lo planificado saldrá a la perfección, sino todo lo contrario.

Los actores, me hicieron acordar a Francella y Disi. Por la gesticulización, la manera de dirigirse a sus espectadores, la conexión entre los dos, las miradas. “Chamuyeros” me llevó a los años 90 y el aroma a felicidad se apoderó de mí. Intenté no reír con demasiado sonido, pero pasados los minutos me fue imposible lograrlo.Chamuyeros

Retomando la historia, después de elaboradas las estrategias de seducción, entran en escena las dos chicas, sorprendiendo (y asustando) a Antonio por completo. Nada fue lo prometido ni imaginado por Lalo, quien estaba al tanto de los detalles que no decidió revelarle a su amigo. Que no quiso comentárselos para no obtener un no como respuesta.

Esta puesta en escena, si bien apunta a una comedia cómica, plagada de gags y chistes; tiene una profundidad enorme. Podemos darnos cuenta cómo los valores que existen en uno de los amigos, al mimetizarse con el otro, se van perdiendo de a poco. También, vemos cómo existe una desvalorización hacia el género femenino que es rematado con una lección de vida.

“Chamuyeros”, está relacionado con la simpleza del ser humano y con sus sinsabores como especie. Con ese no se qué, que muchas veces se intenta conseguir suponiendo que es mejor. La obra tiene muchas lecturas que cada uno interpretará a su gusto.

Las actuaciones son muy buenas. El dominio de la palabra, la proyección de la voz, la firmeza en las tablas y las interpretaciones -por parte de cada uno de los actores- son excelentes. Las cuatro figuras dejan su impronta en el escenario, se divierten, se buscan, se convencen. Es como un juego llamado: a ver quién miente mejor.

Chamuyeros3

Como una cadena, el ganador obtendrá una recompensa. Tal vez dicho regalo no sea una enseñanza moral, pero sí una moraleja a quienes discriminan en la vida real.

Con el cuerpo en su totalidad desbordado de alegría y reflexiones, salí a respirar el aire puro de la costa. Me seguí asombrando de la espontaneidad de los artistas al hablar con quien se acercara, al tomarse fotos con cada uno que lo pidiese, al agradecernos a todos por estar allí sentados con nuestras risas y aplausos.

Nosotros también somos los agradecidos al haber pasado nuestro día junto a ellos.

Mariela Verónica Gagliardi