*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Entrevista a Diego Beares

Foto Diego

Diego Beares es actor, autor y director de teatro. Se formó actoralmente en la Escuela de Teatro de Buenos Aires, con Raúl Serrano, en la Escuela de Nora Moseinco con Julieta Gochman, Robertino Granados, Nestor Sabatini y Silvia Suárez. Realizó un seminario de dramaturgia y dirección con José María Muscari y Mariela Asensio. Estudió Ciencias de la comunicación, Realización Audiovisual y producción de moda con Adrián Fagetti.

Sos un director joven y con un estilo diferente a la generalidad de teatro actual. ¿Cómo fuiste formando esta manera de narrar que contiene códigos televisivos y del séptimo arte?

La escritura se me da como algo orgánico, no hay una construcción premeditada. Soy de una generación que creció más con el cine y la televisión que con el teatro, entonces me han servido de inspiración. Una mezcla de todos estos elementos hacen que mi dramaturgia y mis puestas en escena se diferencien de lo tradicional. Si bien nunca fue la idea, surgió, resultó y se transformó en una manera de contar. Es parte de mi visión.

Al empezar a escribir un guión, ¿cómo encarás el proyecto: pensando primero la historia o eligiendo a los actores y luego ideando la obra de teatro?

Siempre surge a partir de un disparador, después se abre a otras aristas. Casi siempre las historias están asociadas a una canción. Por ejemplo en Bien de familia, el disparador fue una historia que sucedió en mi grupo de amigos. Un chico era estafador profesional, se hizo pasar por otra persona y estafó a varios de ellos. Ese es el disparador, pero después si vas a ver la obra, te das cuenta que la historia corre por otro lado. Si bien tiene ese juego de no saber muy bien quién es quién, o para dónde se puede disparar todo. Una vez terminado el guión, recién ahí empiezo a ver el elenco. Siempre escribo pensando en guiones para teatro.

Todos los títulos resumen la idea central de la historia y a la vez son muy atractivos. ¿Cómo llegas a esta fusión tan interesante?

Estudié dramaturgia y Ciencias de la Comunicación en la universidad. Tuve un profesor español que además era escritor. Él siempre decía que el título de la obra, tanto teatral, televisiva o literaria, debía contener un nombre corto, que retenga la idea general de lo que se está contando y recordable para los que la lean. He aprendido mucho de las personas que se han cruzado en mi camino.

Tanto en Ego como En bien de familia, las escenas se suceden rápidamente, dejándonos atónitos. ¿Es uno de tus objetivos?

No trabajo con objetivos concretos. Lo interesante de lo que propongo es el impacto, pero con contenido. El impacto sin contenido, solo es impacto. Y a mi  gusto eso no sirve.

¿Crees que vivimos en un mundo bastante “ombliguista” y poco solidario?

Sin dudas, si bien hay mucha gente solidaria, creo que el común denominador no lo es. La desigualdad es el karma del mundo actual; muchos se rasgan las vestiduras hablando de inseguridad, pero no se fijan en cuál es el foco de esa inseguridad, que sin dudas es la educación y la “no idea de futuro”. Para mí, la solidaridad pasa por darle al otro lo mismo que tiene uno y en las mismas condiciones. Hoy nos acostumbraron a dar lo que nos sobra, a pagar mal a los que tienen menos. ¿Qué sería del mundo si los trabajos más forzosos tuvieran los mejores sueldos, si valoráramos de igual manera el trabajo de un Ingeniero Químico que el de una empleada doméstica? Ahí podríamos hablar de igualdad. Es un tema profundo con mucha tela para cortar y desarrollar.

En tus elencos no se ven artistas “feos”, según los parámetros de belleza sociales. ¿Buscás actores bellos o son meras casualidades?

Me gusta lo estético, cuando voy a ver un espectáculo quiero ver gente estética. A partir de Tenis, empezó a surgir una “estética Beares” que resultó. Me parece diferenciador y ante todo me gusta. Siempre soy fiel a lo que me gusta.

Imposible aburrirse durante una de tus obras, ya que contienen todos los ingredientes para que eso no ocurra. ¿Qué pensás de la situación actual del teatro independiente?

Creo que al ser independiente hay mucho de experimental, mucho para el “intelectualismo”, y mucho en lo que se trata de ser vanguardista y termina siendo cualquier cosa sin contenido. Asimismo, creo que hay muy buenos actores, grandes ideas y buenos dramaturgos. El teatro es un mundo inmenso en el que cada uno puede hacer lo que se le antoje. En lo personal, trabajo para un público amplio y no me interesa hacer una obra para veinte personas. Me gusta que mis creaciones lleguen a la mayor cantidad de personas posibles.

¿Hoy cualquiera se sube a un escenario?

Totalmente. Como te decía antes, hay de todo y para todos los gustos. Igualmente en el tiempo sólo perdura lo bueno, lo que se hace con pasión, dedicación, trabajo y constancia. El teatro es un trabajo arduo. El “improvisado” así como sube, baja rápido.

¿Te interesaría llevar alguno de tus proyectos al teatro comercial?

Me lo han ofrecido en varias oportunidades, así como hacer temporada en Mar del Plata. Pero por ahora prefiero cuidar lo que hago, no desesperarme, poder ser junto con mi socio, Roberto Méndez Valladares, los creadores absolutos de las obras, no tener jefes. Hacerlo en autogestión es un inmenso placer, además de un gran trabajo. Por ahora vamos a rodar por el exterior un tiempo, algo que me emociona más que hacer teatro comercial en Buenos Aires o en Calle Corrientes. El día que llegue al teatro comercial, me gustaría poder hacerlo con nuestra productora, Kinkimistudio, en asociación con otros, o solos, pero no perder nunca ese poder.

Autor, actor, director… ¿Con qué otra cosa soñas?

Sueño con hacer cine y con seguir abriendo cabezas con mis obras en lugares como Centroamérica o México, donde lo LGBTT no está tan naturalizado. Ayudar, desde mi lugar, a que la vida de muchos que hoy son discriminados se les haga más liviana.

Mariela Verónica Gagliardi

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Transformación Malvinas

Transformación Malvinas es un espectáculo teatral que nace desde la necesidad de rendir tributo por siempre a los Héroes de Malvinas y de cultivar la memoria para no olvidar jamás. Tiene la particularidad de ser una pieza en donde se mezclan distintas artes. Por un lado la danza, la actuación, como dos profesiones sobre tablas, y, por el otro, lo audiovisual y lo poético, como ramas que tienen que ver  más con el papel y la edición.

Los textos son narrados, como decía antes, en forma puramente poética, la interacción entre los personajes se da desde esta sensación de pregunta – respuesta,  pero sobre todo desde el monólogo que cuenta cada uno de estos dos personajes. Se destaca así, el juego y la potencia de la voz del actor de la obra, que encarna de forma muy real la poesía del diálogo.

Para representar a los soldados que dieron la vida por nuestra patria, se utilizan imágenes que son escenografía, durante la mayor parte de la función. Imágenes duras que permiten la comprensión profunda de la guerra, aunque todos sepan qué pasó, es necesario recordarlo para que no ocurra nuevamente nada parecido. Y es que la guerra, no se hace por amor a la patria, no se hace en nombre de Dios. La guerra es un acto de ambición de poder, sin pensar en los individuos, en la humanidad.

La danza juega un papel predominante en este caso, la actriz es además bailarina y se logra una suerte con diferentes objetos, cascos, telas, muñecos que son ellos: los soldados – semillas, que pudieron ser otro destino. “Semillas de jóvenes soldados que sembraron camposanto cuyo fruto será nuestra respuesta y no el olvido”.

En ningún momento el espectador deja de emocionarse y recordar. Es el objetivo, sí. Pero, también, es así como lo siente el director, Daniel Lambertini, a quien la historia le pega de cerca, ya que su hermano, José María Lambertini, es un sobreviviente de tan triste episodio en nuestra historia como argentinos. El director, ya ha hecho varias obras con este tinte, en la ciudad, y tanto él como su hermano, son activos militantes en esta causa.

La Guerra de Malvinas dejó un saldo de 649 muertos y más de 400 soldados que se quitaron la vida una vez finalizada la misma, porque no pudieron desprenderse de los recuerdos. A 30 años de aquel 2 de abril, no a la guerra, no al olvido.

La obra de teatro se realizó el domingo 28 a las 20 hs, en la Sala A del Centro Cultural Osvaldo Soriano (25 de Mayo 3108 – Mar del Plata).

Melisa Morini