*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Entradas etiquetadas como ‘Cristina Dramisino’

Minientrada

Hagamos de cuenta que no pasó nada

en-boca-cerrada1

ficha-en-boca-cerradaCuando el elenco de una obra es excelente, la historia (sea cual fuere) ya tiene el éxito asegurado. En esta oportunidad, Jorge Azurmendi (a quien sigo frecuentemente) decidió estrenar En boca cerrada (escrita por Juan Carlos Badillo), una dramaturgia realmente conmovedora que te atraviesa de pies a cabeza, sin exagerar. Con una puesta en escena impresionante, impactante, y que permite que se fusione con las acciones llevadas a cabo por los personajes de este drama.

Se sabe que la época de la dictadura militar está presente, que las desapariciones son frecuentes y que el silencio es moneda corriente. Sin embargo, está presente esa sensación de que todos los conflictos -recurrentes- son parte nuestra. Los dramas que giran en torno a problemáticas familiares tienen su razón de ser y, en este caso, En boca cerrada llega a ser eficiente con su mensaje que, tal vez, sea un despertar en las mentes que, por un motivo u otro, aún continúan adormecidas como con ese hormigueo que solo se va con un buen pisotón.

¿En qué se basa la obra?

Puntualmente, es la muerte del padre de una familia el origen de un cúmulo de traumas, olvidos, manipulaciones, angustias, dolores y ocultamientos que salen a la luz durante el llanto más desgarrador de quien acaba de enviudar.

Esto parece ser un argumento bastante conocido, aunque cabe resaltar que la historia se sitúa en el último año de gobierno de Isabel Perón, habiéndose estrenado la pieza artística en 1984. De hecho, fue muy emotivo escuchar -mientras esperaba para entrar al Teatro del Pueblo- a personas que habían visto la primera versión y que rogaban que la experiencia fuera igual de buena. Ese temor, se disolvió al salir de la sala principal. Un señor me dijo que la obra fue tan maravillosa como hace treinta años atrás, que no cambió nada. Realmente estaba conmovido, sobre todo porque su generación fue la que más padeció esa triste época en el país.

Nadie puede permanecer con los labios pegados durante mucho tiempo. Éstos se secan de tal forma que producen muchísima incomodidad, la respiración debe cambiar su curso y todo el organismo se inquieta en pos de acomodar las partes como se merecen. Todos estos detalles corporales, sinceramente, pueden verse manifestados en los actores -quienes asumen que, algo, debe cambiarse-.

Entonces, ¿qué es lo atrapante de esta obra?

Su recurso narrativo, el estilo de jugar con el pasado y presente… hasta sentir que está jugando con el público presente; como tantas veces los políticos hicieron y siguien haciendo. Cuando una madre se desgarra por no tener de quién hacerse cargo, cuando se quita esa máscara que la «protegía» y puede vislumbrarse su rostro sin maquillaje, puro, con años y décadas de soportar lo que, quizás, no tenía por qué.

La crisis política de Argentina se seguía agudizando, y al año siguiente se desataría la dictadura más sanguinaria y exterminante en el país. Si bien el contexto no se apoya en las desapariciones y asesinatos de víctimas por parte de Videla y sus secuaces, el olor a podrido puede impregnarse por completo. Quizás porque ya sabemos que en poco tiempo se desataría lo peor.

Todos los personajes tienen un cúmulo de características bien específicas que les permiten dejar una determinada huella en el presente o en el pasado. Transcurra el tiempo que transcurra, pareciera ser que los acontecimientos y las experiencias no los han cambiado en absoluto. Como si fuera el código familiar, morderse la lengua antes que decir lo que se supone será un error irreparable.

Mientras la sala de costura confecciona diferentes vestuarios, la novela es esperada como espacio que reconforte un poquito, y las mentiras irán saltando como un resorte infinito.

¿Cómo hubiera sido esta familia si decidía hablar en su momento y no guardarse nada?

Quizás nunca se sepa o quizás podría tratarse de la misión imposible de reconstruir el año anterior al Golpe del 76´ en que todo era tan incierto como las muertes, sin piedad, que se desataban.

Un lecho que no es de rosas sino todo lo contrario, un mueble que aloja a un matrimonio que no se quiere en absoluto. Acá radica el origen de la sucesión de problemas futuros que se fueron avecinando como lluvia con granizo.

El elenco es increíblemente poderoso, convincente y con la función precisa de no defraudar a los espectadores que ya conocen la pieza dirigida por Agustín Alezzo. Un doble desafío del que, al parecer, salen ilesos estos grandes artistas.

Después de ver En boca cerrada es posible que no tengas demasiado filtro. Es preferible expresar que callar. Porque se dice que: el que calla, otorga; y si de algo podemos estar seguro es que eso no siempre es tan así.

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

Otras maneras de vincularse

Independencia

PH: Fuentes2fernández

En el país del nunca jamás esta familia podría ser ubicada, colgada como un cuadro en sepia y desvinculada de todo contacto con el exterior. Así es como ocurre todo y toda “rebeldía” podría ser combatida con el peor odio imaginado. El terror podría avecinarse de un momento a otro, solo hay que saber esperar la oportunidad para vislumbrarlo si es que eso se desea.

No siempre una familia convive y se relaciona de una manera saludable y normal. A veces, y tantas realmente, lo que trata un clan es de moverse de forma funcional sin prestar real atención a su felicidad.

Este es el caso de la historia Independencia escrita por el dramaturgo contemporáneo norteamericano, Lee Blessing (traducida por Cecilia Chiarandini y dirección de Jorge Azurmendi) que invoca aquellas reminiscencias llenas de polvo. Un polvo de antaño, que huele a podredumbre y enviciamiento cuajado.

El lugar en que se desarrolla dicha trama es en un pueblo de Iowa (Estados Unidos), donde casualmente estudió Blessing la carrera de dramaturgia.

Tres hijas, de edades muy diferentes, se reúnen junto a su madre para rememorar ciertas cuestiones no resueltas. En verdad, más que reunión es una preocupación por la jefa de esta casa que utiliza determinados artilugios para manipular las vidas ajenas -por no haber logrado, quizás, tener una propia-. Y considero el “quizás” porque cada quien elige cómo vivir e incluso el que transita por este mundo sin tomar supuestas decisiones, aún está eligiendo desde el silencio.

Independencia, entonces, no se basa solamente en una lucha llevada adelante por cuatros familares íntimos, sino en el descubrimiento bien profundo acerca del rumbo que desean trazar en el futuro cercano, cuasi inmediato.

Las tres hijas necesitan liberarse de su pasado y presente. Es tal el agobio que sienten que piensan en escaparse de esas cuatro paredes. Claro que no viven juntas, pero la culpa las engaña y envuelve de tal modo que logra confundirlas y regresar a aquel momento en que sí lo hacían.

Esta dramaturgia, activa mecanismos de pulsión constantes, no dejando un instante para reflexionar en el momento. Los silencios no existen, los espacios vacíos tampoco. Es tal el control que quieren tener estos personajes -sobre sí mismos y sobre los demás- que Azurmendi consigue plasmar dichas esencias en cada acción y reacción. Es entonces cuando los engranajes funcionan a la perfección, dotando a la pieza artística de completa ira, pasión, deseo, odio, amor y demás sentimientos que surgirán durante toda la disputa familiar.

Con respecto a las interpretaciones, quisiera resaltar a Cristina Dramisino y a Anahí Gadda -las cuales consiguen una unión no solo como madre e hija ni por sus textos en escena, sino por la fusión que se precisa como para que una obra dirigida por Jorge Azurmendi cobre el vuelo necesario y se tiña de luz-. Es este dúo el que debe seguirse a lo largo de las líneas de la historia y diálogos para saber el dolor tan profundo que aún no cicatriza, el aroma a niñez que no madura y las caricias no siempre presentes que todo lo perdonan.

Por el lado de la escenografía, el espacio físico les permite jugar con cada lugarcito del teatro, utilizando absolutamente todo como para recrear sensaciones y sonidos lo más reales posibles.

Tal vez lo que produzca un alejamiento entre el escenario y el espectador sea el haber conservado los nombres en inglés de sus personajes y lugares. Si esto se modificara, sin lugar a dudas, la identificación sería excelente y no habría que imaginar dónde está situada, geográficamente, cada ciudad.

Independencia es una obra de teatro fresca, ágil y con mucho por analizar en el plano psicológico, social y dramático. Cada persona podrá hacer su propio viaje e ir quitándose aquellas mochilas tan pesadas que se creía cargarían para siempre.

Mariela Verónica Gagliardi