*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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¡Quiero ser feliz!

Desde el sillón2

Nothing wanna take my world – Nada va a cambiar mi mundo (Across the universe, The Beatles). Y así comienza el musical que tiene como protagonista a Gabriela Bevacqua en “Desde el sillón” (de y dirigida por Emmanuel De Martino), una obra que solo precisa de ella como actriz y cantante. Una obra llena de magia escénica, donde todo transcurre en el mismo espacio: un sofá con almohadones estéticamente muy bellos, una mesita de luz con velador de pie y un teléfono de antes.

Ella dice en cierto momento, a modo introductorio de su personaje: “Soy buena hija, vecina, trabajo de lunes a viernes”. Pero, evidentemente, siente que eso no es suficiente para ser feliz.

¿Qué pasaría si mañana fuese el último día de mi vida?, se pregunta introspectivamente. ¿Quién soy?, cuestiona o se cuestiona.

Y, a continuación interpreta, junto a la banda de música que la acompaña en la puesta en escena, Fix you (Coldplay). Cabe resaltar que casi todos los temas cantados por Gabriela, fueron sonando en inglés y también algunos fragmentos en castellano para, de este modo, facilitar el significado total del guión, a todo el público espectador.

Ni bien culmina este tema, sigue su proceso, su búsqueda personal y, melancólicamente, va rastreando el sentido de la vida. Aquel que tanto cuesta hallar en ciertos momentos de tristeza.

A dónde van los muertos?, se pregunta. En un punto, se siente estar muriendo por más que su pulso continúe en su corazón.

Pero su relación con el tema de la parca no es casual ya que Gertrudis -una vecina- acaba de fallecer, Desde el sillón1y este hecho ocurre como un disparador en su personalidad que aún no está del todo formada en cuanto a varios aspectos. Aunque, la desaparición de su vecina, provocó ciertos cambios en ella. Desde ese día, permanece sentada en su sillón, se desplaza sobre el mismo, se acuesta, se sienta, va amalgamándose con él. Y tomó la decisión de no abandonarlo hasta resolver los conflictos más profundos de su existencia.

Y colocándose la pantalla de la lámpara, se va sumergiendo en la canción de The Beatles, Lemon tree. Eso se siente en ese momento: un árbol de limones. La vida misma, que florece o se apaga según cómo la llevemos.

Sus monólogos van dando pie, durante toda la obra, a cada una de las melodías que tienen la posibilidad de contar con su voz -la cual murmura, canta, grita, solloza, se silencia-.

“Estamos tan cerca, pero tan lejos”, esboza. Tan cerca de su objetivo, pero como aún no lo alcanzó, lo vislumbra.

Ella necesita, también, compañía. Ansía estar con un hombre pero no sabe dónde conocerlo. Hasta desea que entre un ladrón y ese sea su galán: “El amor es ciego, sordo, mudo, y por qué no chorro?”. Waiting for you (…) turn me up (…), entona. Y sus lamentos, desilusiones y alegrías, siguen su curso. Por momentos reímos junto a ella, pero en otras oportunidades nos angustia su situación vigente.

“Estar sola, el silencio. La soledad hace que estés con vos misma”, expresa. Esos momentos de quietud en que tiene que convivir con ella misma, con lo positivo y lo negativo. Descubriéndose. Y la canción The blowers daughter (Damian Rice), empieza a escucharse desde lo más bajito, la cual hace hincapié en la obsesión y en no poder quitar los ojos de alguien hasta suplantarlo por otro.

La ironía, las metáforas lo burlesco también están presentes en esta comedia musical; durante la cual, la artista, nos permitirá conocerla y llevarnos por un viaje de placer, donde nosotros -indudablemente- necesitaremos nuestro cable a tierra si nos comprometemos con los relatos.

Sus palabras la dañan a veces, pero otras la reconfortan. Desde el sillónElla cree que no son necesarias. Pero de tanto escucharse, tiene la necesidad de comunicarse con Dios. Claro que cuán difícil puede ser una conversación con el creador vía teléfono. A partir de esa fantasía que en cierto modo es cierta, ella encuentra cosas y sensaciones que le gustan y con las que se siente plena. Pequeñas cosas y detalles, que en conjunto, la hacen feliz sin que se diera cuenta de ello, en la etapa anterior de oscuridad que se hallaba.

Ella se da cuenta de que todos los cambios dependen de ella, de su proceder, de su actitud y de no autoboicotearse. Don´t stop me now (Queen), es la canción encargada de darle fin a una historia tan parecida a tantas otras, a través de la que una mujer o un hombre se pueden sentir reflejados.

Mariela Verónica Gagliardi

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Te quiero y te aporreo

Si al entrar a tu casa tu esposa te reprocha que llegaste tarde. Si, vos mujer, al cocinarle te critica la comida que con tanto amor le hiciste. Si cuando empiezan a discutir, salten los reproches, los trapitos al sol y siguen y siguen y siguen, sin poder frenar la mala onda.

Si todos los días son un infierno pero, a pesar de ello, los disfrutás porque sos masoquista; tenés que ser parte de «Cotidiano», la obra de Martín Salazar, que se presenta los sábados a las 23 hs en el Centro Cultural Konex (Sarmiento 3131). Laura Silva, Martín Salazar, Agustina Ruiz Barrea y Esteban Ruiz Barrea, van creando distintas situaciones de la vida misma, sin importarles el qué dirán. El público se convierte en espectador de cada momento de la intimidad de estos personajes que no hacen más que intentar salir adelante, en sus parejas o matrimonios.

¿Lograrán aprender de sus errores y de los ajenos, como para no volver a repetirlos?

El ser humano es el único ser que tropieza con la misma piedra más de una vez… así que no debería sorprendernos que jornada tras jornada una pareja discuta sobre los mismos temas, encarándolos de la misma manera y sientiendo exactamente lo mismo.

«Cotidiano», no intenta sorprendernos con cambios de vestuarios ni de escenografía.

El talento está exclusivamente en sus cuatro actores, quienes de forma burlesca y cómica nos presentan diversos diálogos y monólogos de la vida justamente cotidiana. Es una obra que demuestra que no existen matrimonios con problemas especiales sino que son diversos factores conflictivos los que se apoderan de ellos.

Los cuatro artistas, van rotando en sus personajes y, de esa manera, protagonizan muchos sketchs familiares.

Quien conozca a Martín Salazar («Macocos»), sabrá lo que es posible reírse descostillándose, provocando dolor en las mandíbulas, cosquillas en la panza y ansias de seguir viéndolo. Él representa a El Gracioso de Saavedra – el tipo hombre que no escucha a su mujer y que solo vive para él mismo.

Agustina Ruiz Barrea es La Diva de Parque Patricios, despliega sus dotes dramaturgos en conjunto con el canto y también logra perfectamente, hacernos sentir lo que lleva en sus entrañas una ama de casa, desvalorizada, reclutada en cuatro paredes, con una vida rutinaria, un esposo que ni la observa y un hijo que no rinde como quisera en el colegio.

Laura Silva es La Flor de Ortúzar, que hace de mujer de Martín, y también surgen provocaciones y resentimientos entre ellos.

Por otro lado, Esteban Ruiz Barrea con su rol de El Juglar de Almagro, acompaña con su guitarra y repertorio de Chico Buarque, cada una de las escenas construidas por los actores. Pero no es un músico pasivo, sino que interactúa con ellos, además de musicalmente.

De esta manera, una historia de amor que puede ser recorrida como de terror (humorísticamente hablando), nos deleita con cada gesto, con cada canto y con cada problema de los personajes.

¿Tu vida es perfecta? ¿Tu matrimonio es color de rosa? ¿Nunca te quejás ni reprochás nada?

Si es así, no te recomiendo la obra. Si, por el contrario, sos una persona que transita por distintos cambios de humor, te invito a que el próximo sábado a las 23 hs, reserves tu butaca.

¿Querés invitar a otras parejas, a almas solitarias o a cualquiera que desee pasar un buen momento en un lugar excelente y super cómodo?

Apuráte que la sala se llena… ¡de risas y de gente!

Producción ejecutiva: Luciana Vainer
Vestuario: Cuando las Papas Queman
Iluminación: Eli Sirlin
Escenografía: Marcelo Valiente
Prensa: Ayni Comunicación
Dramaturgia: Martín Salazar
Dirección: Julián Howard

Mariela Verónica Gagliardi