*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Un ritual inesperado

Corazón de wasabi1

Hace dos años fui a ver “En otro vida fui Marlon Brando”, una obra que destacaba a personajes de William Shakespeare y en la que ocurrían otras acciones no esperadas por el espectador. Después de dicha pieza artística, Jorge Tomas doblega la apuesta y vuelve a escribir, protagonizar -esta vez- y dirigir una novedosa dramaturgia en la que, también, pasarán muchas cosas al mismo tiempo y la conclusión deberá ser sacada por cada persona -convirtiendo de este modo al espectador en activo-.

«Corazón de wasabi» es la historia de tres amigos que crecieron juntos, compartiendo charlas, noches sin dormir, música copada y varias cosas más. Esta propuesta, muy diferente a la citada anteriormente, muestra a Jorge Tomas muchísimo más consolidado como actor y escritor. Su mente cobró un vuelo tremendo en el que no parecen existir barreras ni límites.

Narrada y ambientada en aquellos años 90 en que la banda liderada por Axl Rose, se había instalado entre los adolescentes para fomentar una cultura pasional y llena de rock and roll. Con una escenografía muy estética, moderna y cuidada, se disfrutará de una conmovedora noche que podría ser como cualquier otra y que, por un motivo, no lo es.

En esta historia, los tres amigos en verdad son dos ya que uno de ellos ha muerto hace veinte años, motivo por el cual, religiosamente, se juntan una vez por año para homenajearlo, para sentirlo entre ellos, como uno más.

Como si se tratara de un ritual, “Corazón de wasabi” refleja aquella melancolía que se siente cuando se pierde a un gran amigo. Esa sensibilidad a flor de piel que jamás podrá sanarse. Quizás, esta obra sea una visión diferente a cómo sobrellevar tanto dolor. A asumir que las pérdidas no tienen por qué llorarse, sino que existe otro modo de recordar a quien ya no está con vida.

Son varias las situaciones, conformadas como escenas, que van transcurriendo; las cuales permiten que Humberto y Miguel vayan trazando un paralelo entre pasado y presente.

Podría tratarse de fuerzas sobrenaturales, de deseos insatisfechos, de las ganas por volver a esos años en que no existían las responsabilidades, o, quizás; de un gran delirio y nada más.

Como tradición, puede verse una planta en tonalidades verdes. Salvo que alguien conozca sobre esta especie, podría asociarse al título de la obra. Pero, buscando términos que asocien al wasabi con algo determinado o deseado, no pude hallarlo. Solo sus acepciones vinculadas a propiedades curativas, desinflamatorias y antiparasitarias. Luego de empaparme sobre el tema y ver diferentes fotografías asumo que el autor quiso vincular el delirio, la ironía y varios aspectos del género clownesco de la obra con alguna droga proveniente de dicha hierba.

Durante la celebración ocurrirán tantas cosas que el espectador podrá posar su mirada en una situación u otra, a modo de paneo. Ni siquiera faltará la presencia de una tarotista que jugará con los destinos de estos amigos al igual que con todas las personas que vayan apareciendo en la casa. Como si las puertas se encontraran abiertas para cualquier desconocido, un repartidor de pizza se convertirá -por arte de magia- en un protagonista fundamental para que la velada cumpla con un ritual asombroso.

No solo estará presente la comedia como sitcome sino que las ocurrencias de Jorge Tomas dotarán a los diálogos de tantos oportunismos como sean posibles.

Unas bolsas de dormir los retrotraerán al pasado, las mujeres los invitarán a reflexionar y todo error cometido podrá ser olvidado con tal de enaltecer a quien ya no está.

Como una mirada, a los lejos y que -de a poco- se acerca, ambos disfrutarán de uno de los placeres más grandes de la vida llamado amistad.

Corazón de wasabi es un corazón tan noble que ni la vestimenta podrá modificar.

En cuanto el final se acerque desearemos que todo vuelva a empezar. Como antes, como ahora, como algún día en sus vidas que quieran compartir con nosotros.

ficha Corazón de wasabi

Mariela Verónica Gagliardi

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Diferentes miradas sobre una realidad difícil de concebir

Trunco28

No todo es lo que parece y todo parece lo que es. No todo lo que brilla es oro ni lo que se supone es de una manera termina siéndolo.

Una música circense nos adentra en “Trunco” (escrita y dirigida por Maxi Sarramone) es una obra de teatro que pertenece al género absurdo y no tiene ningún problema de llevar al máximo esta expresión. Tal es así que, a lo largo de la dramaturgia, se pueden conocer tres estilos de vida completamente diferentes y sacar conclusiones apresuradas si se quiere.

Como un juego tremendo de personalidades, estarán aquellos que disfrutarán de analizar lingüísticamente cada concepto y quienes pierdan los estribos frente a esto.

La escena transcurre en la ruta 135, una ruta en que tres pequeños grupos -compuesto por dos personas cada uno- intercambiarán pareceres de la vida, deseos, necesidades y acciones reveladoras.

Carpa de colores no hay pero se pueden entender la métafora del dueño del circo (Esteban Fiocca), la cual no se menciona con palabras pero sí con la actitud del empleador, quien parece ignorar que existen personas con ganas de trabajar y con alguna posibilidad de hacer algo.

Lele (Leticia Torres) y Mimí (María Viau), son dos mujeres que precisan lo más básico como comida y que son felices a su modo; un matrimonio no tradicional -compuesto por Poco (Nicolás Silbert) y Lucy (David Páez)- y con resentimientos de antaño; y una relación entre padre-hija (Esteban Fiocca y Rocío Orlandino) que necesita un cambio urgente.

Este es el panorama y desarrollo de esta pieza teatral tan bien concebida, excelentemente interpretada por sus artistas y con un aroma a libertad tan grande como un campo en medio de la nada misma.

Con respecto al vestuario, cada clase social exhibe su atuendo característico y el que más resalta es de estas trabajadoras que lucen tela de arpillera, bolsas de residuos y esponjas de virulana.

Masticar una banana puede ser un postre o la comida del día para estas mujeres buscavidas que harán todo hasta llegar a su cometido. El tema es que quizás no sepan cuál es dicho objetivo y se enreden en palabras y expresiones sonoramente correctas. Ellas vendrían a ejemplificar a ese sector más humilde que la precariedad, más humilde que un ruido de estómago a punto del desmayo, más pobre que la necedad y la falta de oportunidad para trabajar. Claro que quien sí tiene la posibilidad de darles una mano, no tiene la intención de hacerlo. Él está para juzgar y encasillar, de eso se trata su paso por la vida. Muy bien vestido pero tan egoístamente parado, se creerá el ombligo del mundo y aquel faro que debe ser observado antes que nada.

Por último, el matrimonio integrado por dos hombres, demuestra lo poco que pueden conocerse dos personas, hasta el punto de ignorar su sexualidad o ambición.

Algo trunco se refiere a aquello incompleto y eso es lo que se simboliza con cada dúo: lo mutilado que queda un ser ante la falta del otro. Cabe aclarar que esta sobreexageración dramática es tomada como tal en la obra pero, existe, en la realidad de nuestra sociedad. ¿Quién no ha sentido la muerte llegar ante la falta de un ser amado? ¿Quién no ha amenazado con sentirse desorientado ante el abandono de éste?

Trunca la vida, el mundo e inclusive el universo por negarle a ciertas personas la claridad para descubrir de que se trata ser y transitar. Aferrarse hasta el punto de convertirse en alguien diferente y, por ello, creerse enamorado. Todas las exposiciones verbalizadas son y existen realmente. Para nuestra risa o asombro, estas seis personas son reflejo de otras. Eso provoca carcajadas o la necesidad de explorarse a uno mismo.

Podría tratarse de un piquete revolucionario, aunque la historia demuestra que es una causalidad que seres tan distintos se crucen y puedan dialogar. Parece ser una acción muy pretendida o poco conceptualizada en estos tiempos. Mientras tanto, las decisiones tirantes se llevan a cabo (como la venta que hace Poco de todo), las amenazas parecen estar al acecho y las respuestas encontrar su espacio para asumir verdades no aclararadas en su momento. Los antagonismos se acercan, se fusionan y se afianzan tan inverosímil como ilógicamente.

Somos seres incompletos y, por más cambio que hagamos, siempre lo seremos.

Mirar la vida con otros ojos y tratar de ver con los de otros, sería la clave para que el mundo se vuelve un poquito menos miserable.

Trunco ficha

Mariela Verónica Gagliardi