*** Marzo 2020 ***

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Agonía

Brotherhood

A veces siento que el arte no tiene sentido y, otras, recapitulo y ordeno los pensamientos: el único sentido en la vida es el arte. Porque podremos tener días mejores o peores, podremos abrir la ventana y ver la lluvia mojar todo, o el sol rajar la tierra.

No siempre pasan las cosas que queremos que pasen, pero, podemos estar seguros que hay algunas (como la muerte) inevitables.

Brotherhood (escrita y dirigida por Anahí Ribeiro) me llegó al alma. Desde que la vi no puedo dejar de recordar algunos de sus retazos. Es una obra que amé desde la proyección de una montaña rusa. Sentí cada frase, la música, las actuaciones tan realistas y sencillas.

El eje central de esta propuesta podría decirse que es el desapego. No me atrevo a decir la muerte porque lo que más conmueve no es la despedida física sino ese hueco vacío que nunca más podrá ser llenado. Porque la persona ya no volverá. Porque el duelo será breve o prolongado pero no traerá al ser querido. Entonces es como una despedida de la que importa el lugar en el que nos ubicamos.

Anahí tiene una facilidad para componer personajes, para realzarlos, dormirlos, hacerlos aguardar, explotar en masa y volver a caer de golpe. Los diálogos que escribe son comparables con la montaña rusa, por sus vaivenes. Por el impulso y fluidez.

¿Qué le ocurre a cada uno de estos siete hermanos cuando tienen que involucrarse con sus padres desde el lugar del adiós?

La enfermedad los atormenta, los hace vulnerables, fríos, distantes, cálidos, empáticos, violentos… todo.

Hermanos que son opuestos pero consiguen complementarse. Que coordinan desde la tecnología, que se abrazan sin quererlo o se insultan por angustia.

La sensación vertiginosa de este juego de parque de diversiones es completamente eficaz ya que no es posible desatender la imagen, sino que es parte fundamental para construir y reconstruir a esta familia.

Con respecto a la parte psicológica de la pieza artística podría subrayar el alto grado de negación que tienen algunos personajes, la impotencia de quienes más se involucran y el desinterés de quien muchas veces más sufre y no logra canalizarlo desde el amor.

Es una obra de teatro maravillosa. De esos textos que generan todo tipo de sentires en el espectador, de una coordinación exquisita entre la parte visual, sonora y actoral, con la dirección impecable que pareciera orquestar en vivo.

Si alguna vez perdiste a un ser amado (no necesariamente por el factor muerte) acercate a ver Brotherhood para poder analizar tu postura frente al mundo, al amor, a los vínculos y a lo que realmente importa. Porque si bien los valores son fundamentales, ¿quién determina cuáles tienen más alto rango?

Lo que dice una, es contradicho por otro y lo que en un momento parece ser una batalla campal, luego se consolida como un todo equilibrado. Porque si los polos opuestos se atraen, la acción y reacción pareciera ser que también.

Se puede vislumbrar un constante apoyo de los débiles sobre los fuertes cuando lo que se muestra superficialmente es todo lo contrario. El enojo les hace hervir la sangre, aquella que no siempre los vincula como parientes sino más bien como enemigos.

A la vez que las escenas se transitan a lo largo de la historia, todo va concluyendo sin permiso y lo inevitable se hace presente. 

Brotherhood le hace cosquillas al público pero, también, lo incomoda. Es necesario que lo haga. Al menos para cumplir con su cometido -el cual es presentar situaciones típicas de la vida cotidiana, posibles maneras de afrontarlas y el avance del tiempo que (velozmente) suele jugar malas pasadas.

Si estás preparado para la aventura, abrochate el cinturón que está a punto de empezar…

Dramaturgia y Dirección: Anahí Ribeiro
Actúan: María Forni, Julia Funari, Bárbara Majnemer, Carlos Marsero, 
Ingrid Mosches, Mariano Sacco, Gerardo Scherman
NÜN TEATRO BAR
Entrada: $ 400 y $ 350 
Funciones: miércoles, 21 hs
A partir del 12/02

Mariela Verónica Gagliardi

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Lo que no mata, fortalece

La fragilidad del cielo8

La fragilidad del cielo (escrita y dirigida por Anahí Ribeiro) es una pieza teatral exquisitamente romántica, sutil, prolija, de alto vuelo y que genera todo tipo de sensaciones a lo largo de la gran historia.

Ya de por sí, la distribución del espacio escénico es circular; lo cual permite que los espectadores nos ubiquemos muy cerca de lo que acontece. Estamos, de hecho, ahí mismo. Sintiendo, vibrando e imaginando lo que vendrá.

Me fascina este tipo de teatro artesanal, sobre todo porque no abunda.
Anahí Ribeiro supo crear mágicamente una narración dramática, dulce, tierna y con todo lo que tiene que tener una obra de teatro de este género.

Tres personajes: Odell, Bruno e Ilse irán interpretando La fragilidad del cielo que resulta ser conmovedora desde todo punto de vista.

Odell (Silvina Katz) es la hermana mayor de Bruno (Daniel Begino), un hombre que se está quedando, de a poco, ciego; quien es escritor y sufre por su padecimiento. Es así como Odell contrata a una dama de compañía llamada Ilse (Heidi Fauth), quien logra un lazo muy fuerte con él. Un vínculo que podrá ser juzgado por Odell y a la vez autorizado.

Todo lo que ocurre en esta obra es tan noble como el trágico final. Ningún diálogo está forzado ni es redundante, motivo por el cual todo transcurre como en una verdadera historia épica en que las sensaciones y miradas podían generarse y vislumbrarse en todo momento y sin una prueba contrarreloj.

La fragilidad del cielo se disfruta, y tuve la impresión de que podría existir una segunda parte (y varias más).

Todas las palabras escritas y distribuidas por el suelo, el olor a mugre (que se percibe pero no se huele, lógicamente) el estancamiento, el olvido de todo lo que debería ser pero (simplemente) no es por diversos motivos. La paciencia para acostumbrarse y naturalizar todo lo más horrible posible. Lo desagradable, lo temido, la postergación y le degradación humana están presentes.

Como contrapartida, el amor que hace renacer, que ilumina lo oscuro y podrido.
Es un verdadero rito a la vida, a la verdadera vida en que no se oculta lo negativo sino que se observa para ser reparado. Adoro que pueda sentirse bien como mal.
Me enamoré, debo decirlo, de la escritura, de las actuaciones de Heidi Fauth, Silvina Katz y Daniel Begino. Y digo esta palabra porque es descomunal el trabajo que hacen en escena. Los tres personajes son creíbles y gracias a ello podemos recorrer junto a ellos todo lo acontecido. No hay sobre exageración ni falta de interpretación. En la medida justa y perfecta transitan por sus pesares, iluminan lo olvidado, se repliegan y florecen a la vez.

Poesía pura y notable, abrazos reparadores, ambiente frío y desolado que necesita ya mismo una cortina transparente para ver los rayos del sol.
Resulta desesperante cómo la tensión de Bruno crece de momento a momento, buscándose, reconociéndose desde un nuevo lugar, queriendo volver el tiempo atrás para ver con los ojos pero asumiendo (quizás) que no siempre hacen falta. El calor, el frío, todo puede contemplarse y vivirse sin la mirada del iris. Estamos tan acostumbrados a eso que si nos faltara tendríamos tanta desesperación a punto de.

El vestuario, la tenue iluminación, hasta la espalda desnuda o con ropa ya generan algo.

Todo lo presente y ausente son significantes en este mundo tan hostil.

La palabra a veces ahuyenta y, otras, atrae. Esto queda demostrado. Así como los secretos más profundos que se revelan de la manera menos esperada, dejando atónitas a algunas personas.

La fragilidad del cielo demuestra cómo lo más rígido es aquello que se rompe en mil pedazos, como una tormenta que suavemente nos trae aire fresco después de una gran presión atmosférica.
Como un cristal a punto de caerse pero que puede evitarse.

Dramaturgia y Dirección: Anahí Ribeiro. 
Función del 28/7. Espacio Callejón.

Mariela Verónica Gagliardi

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