*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Entradas etiquetadas como ‘Ana Victoria De Vincentiis’

Minientrada

Repensando el sistema educativo

FB_IMG_1470166250364

En ciertas ocasiones, hay tantas verdades por comunicar que, para que suenen más sutiles y lleguen a un mayor caudal de personas se utiliza el canto. Pero el canto como modo de evocar, de buscar, de indagar, de convencer acerca de determinadas cuestiones sumamente importantes para el desarrollo humano. Sin lugar a dudas que la educación es esencial en esta vida.

Aunque, la educación, no tomada como sinónimo de escolarización sino de ensañanzas impartidas de unos a otros o asimiladas de diversas maneras.
Mundo redondo (de Roberto Peloni) no es solo un homenaje a la poética y música del reconocido grupo de rock nacional (Redonditos de Ricota) sino un modo de quitarle polvo a tantos temas supuestamente archivados.

Así es como se puede disfrutar plenamente de un musical -con letras famosas, de Patricio Rey, aggiornadas a las escenas en que se va desarrollando la controversial historia-.

Un grupo de estudiantes se rebela contra el sistema tradicional y todo el orden establecido empieza a ser juzgado una y otra vez… hasta que el rebaño deja de obedecer y empieaz a pensar. Diferentes tipos de manipulación que hacen someter a los más débiles e ignorantes, son mostrados con total crudeza y el musical toma el vuelo necesario para que toda la pasión reinante en la juventud pueda hacerse cargo de lo que le toca: del poder real que tiene para conseguir cambiar lo que no ayuda en absoluto al aprendizaje.

La figura de la maestra-directora que con su puntero señala, determina, ejecuta y aniquila.

Y vas corriendo a la deriva (Ji ji ji), es una de las frases que más resuenan en mi cabeza, como pudiendo imaginar que la ficción y la realidad se fusionan en un punto medio en que ya no se distingue el pesar del asombro, la irremediable de lo inmediato, lo fugaz de lo eterno.

Correr para escapar, pero sin saber a dónde ir, sin comprender para qué sino solo un supuesto por qué.

Mientras los cuerpo simulan su desnudez, desprovistos de ropa que los cubra, éstos se unen, se distancian, danzan, ocupan un pupitre y caen rendidos al suelo: como un rebaño, como un único rebaño.

Talento y más talento, como si se tratara (y efectivamente lo es) de un semillero de artistas que todo lo pueden.

Imposible resaltar a uno por encima de los demás ya que es un trabajo teatral exquisito, perfecto y que dan ganas de ver más de una vez. Como una rueda de ferrocarril que nos va llevando hacia uno u otro lugar, apoyándose en en argumentaciones melódicas que hacen más llevadera la temática vigente. Así, el control, la manipulación, la digitación y el deseo de una minoría «poderosa» puede vislumbrarse en escena; y, su contrapartida se observa en esos cuerpos gastados y cansados de obedecer sin recompensa alguna.

Las voces se hacen eco y los arreglos musicales surten un efecto ideal para que Mundo redondo sea una exploración hacia diversos planos de la vida, del que se van ramificando subtemas, hasta concluir sintiendo la naturaleza, sus fragancias y frescura.

Destreza es lo que sobra y sueños por cumplir es lo que se espera, aunque mínimamente giren en torno al respeto por el «otro», un otro que escucha, que siente, que ve y que, por sobre todas las cosas, existe.

El mundo es de la forma que cada quien pueda imaginarlo, pensarlo y reformularlo. Esto es lo que Los redonditos de ricota hicieron a lo largo de su larga carrera musical y es lo que el gran Peloni logró capturar.

Esa esencia infinita que huele a todo lo que cada humano pueda absorber en su memoria y corazón.

Idea, puesta en escena y dirección general: Roberto Peloni
Elenco: Ana Victoria De Vincentiis, Paula Dopico Díaz, Agustina “Seku” Faillace, Carolina Gómez, Laura Manzini, Ignacio Mintz, Belén Pasqualini, Roberto Peloni, Francisco Ruiz Barlett
Arreglos vocales: Raúl Oliveira
Arreglos musicales y versiones: Javier Arias

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

Una explosión de sinceridad

Noche de paz

Existen familias que ansían la llegada de las fiestas católicas y, otras tantas (cada vez más) que esperan pasarlas por alto de una vez por todas. Casi siempre generando conflictos o, tal vez, acercando las diferencias es que el 24 de diciembre podría eliminarse del calendario y que la armonía se apodere de cada uno.

Pareciera ser que el arbolito, sus regalos y cada tradición alrededor de esta celebración, es considerada una ridiculez junto a su comida pesada y calórica de norteamérica -trasladada a nuestras tierras en que las temperaturas van en aumento-.

Noche de paz (escrita por Juan Ignacio Bruzzo, con música original de Damián Mahler y dirigida por Damián Iglesias) es un reflejo de este sentimiento que se expresa en obra de teatro musical, generando la pronta identificación con los espectadores.

¿Qué sucede con los miembros de la familia que no se invitan para el festejo, los secretos que se ocultan, las rispideces que pretenden ser disimuladas y la poca o nada de tolerancia que se suceden horas antes al brindis por un nuevo día?

Esta comedia tienen tintes de humor negro, que permiten acercar al absurdo en su máxima potencia. De hecho, a lo largo de la dramaturgia, se hace constante hincapié en éste, explicando -de manera explícita- qué es absurdo y qué es ironía. Como para que no queden dudas del significado que quiere darse a entender.

Ni noche de paz ni noche de amor. Nada de eso ocurrirá. La comedia estará dividida en dos escenarios: el montado con mobiliario y decoración en que la Noche Buena se esperará y, el otro, generado simplemente al cerrar el cortinado del teatro para que la brecha entre una sensación y otra sea marcada y logra tenazmente.

En la casa de Santino, quien querrá presentar a su nueva novia Paloma, ocurrirán todas las discusiones típicas de una cena de esa especie. La paz se verá abruptamente interrumpida por un acontecimiento que dará espacio a lo que se quiere contar en esta historia. Serán dos los personajes que más resalten en la obra, por sus antítesis y talentos: Diego Bros y Ana Victoria De Vincentiis. Sin desmerecer el trabajo del resto del elenco, quien se encarga de contextualizar cada escena e intervenir oportunamente, son estos dos artistas los que cobran un vuelo diferente. Un Diego Bros que interpreta a tres personajes y que el más homenajeado es el de la madre de familia; despertando las carcajadas, constantes, y la originalidad de cada uno de sus movimientos. Por momentos recordé a Mrs. Doubtfire (film interpretado por Robin Williams), donde el protagonista consigue manipular los lazos familiares para conseguir sus objetivos. En la película una de sus metas era recuperar la relación con sus hijos que, a raíz de su separación, se vio afectada. Si bien en Noche de paz no es la misma situación, sí existe una estrecha semejanza en que los vínculos se ven afectados por malos entendidos y personalidades que chocan.

Con respecto al personaje encarnado por De Vincentiis, no es sorpresa que canta y vocaliza de una manera emocionante, lo cual es difícil de hallar en comedias musicales; pero considero que es necesario hacerlo en cada nota referida a su participación.

Noche de paz es una propuesta para pasarla bien, escuchar buena música y letras totalmente entretenidas para descontracturarse un jueves. En cuanto a la duración de la pieza artística, es de un poco más de una hora, tiempo exacto como para que la historia no sea redundante y todos tengan su momento de esplendor. Entre diálogos picantes, una trama redonda y mucho carisma actoral, Noche de paz llega a su desenlace en que sorprende con el toque final. Como una percusión que se fusiona con villancicos y campañitas para demostrar la ironía de toda hipocresía navideña.

La mesa está servida y que pase lo que tenga que pasar.

Dramaturgia: Juan Ignacio Bruzzo. Música original: Damián Mahler. Elenco: Ana Acosta, Sebastián Holz, Diego Bros, Patricio Witis, Ana Victoria De Vincentiis, Martín Repetto, Joan Ramis, Federico Aquilano, Florencia Spinelli. Dirección: Damián Iglesias. Funciones: jueves 21 hs. Teatro Del Globo.

Mariela Verónica Gagliardi