*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Entradas etiquetadas como ‘Ana González Seligra’

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Un fogón de esperanzas

Mujeres quemando1

Una varieté encierra varios desafíos: el principal, bajo mi mirada, es el que exista un hilo conductor entre cada sketch representado. Hay para distintos gustos pero creo que la profundidad y compromiso del relato es lo que puede marcar la diferencia entre un teatro de variedad y otro.

En este caso, Mujeres quemando pisa fuertísimo, y utilizo este adjetivo superlativo ya que merece ser descripto de este modo. Un elenco de mujeres talentosas al que se suma un solo hombre que se viste como dama, conformando unanimidad femenina para no solo entretener y hacer reír sino, en primer lugar, para demostrar y justificar esta nueva pieza artística en un momento muy sensible de nuestra actualidad como sociedad.

Mujeres coyas que hablan de chinos, que divierten, mujer que canta al amor como una estrella, mujer que hace su propio stand up sobre el hippismo vigente -dotándolo de hipocresía, aunque sin determinarlo con esta palabra-.

Son muchos los números que se van presentando en escena y por más nota que pueda tomarse, uno no quiere perderse de contemplar el vivo.

La mujer hippie-chic que utiliza la ironía en su monólogo, haciéndonos transitar por los lugares y sensaciones más conocidas y trilladas de lo que -se supone- se debe hacer para convertirse en un ser de luz. Mudarse al Uritorco, abandonar la ropa cheta por otra más mundana y cómoda, dejar de usar muebles para conectarse más con la madre tierra y tener la propia casa de adobe con bosta de caballo. Realmente uno de los momentos más cómicos que transcurrieron a lo largo de la noche en que la sala estuvo colmada de espectadores.

¿Qué mejor que contratar a la tradicional llorona para un velatorio? Ella también está presente realizando una parodia sobre el sufrimiento, a la vez que describiendo y ejemplificando los distintos tipos de llantos.

Hasta aquí es pura risa, hasta que un video da a conocer la intencionalidad de Mujeres quemando: la lucha por nuestros derechos, la lucha contra la violencia de género y la dura batalla que se debe llevar a cabo diariamente -en el propio hogar, en la calle y en la vida en general-.

El video deja ver cómo hay ciertos mandamientos que, actualmente, se siguen respetando sin siquiera -muchas veces- replanteárselos: esperar a un marido con la cena lista, con la casa limpia, con la ropa planchada. El tiempo pareciera detenerse… ¿en qué año estamos? ¿Un esposo debe ser tratado como alguien diferente y superior?

Y la verdadera batalla sigue su curso, in crescendo, cuando otra ama de casa completamente diferente a la anterior, utiliza a los productos de limpieza para crearles personajes e informarles que se va de la casa: que se va a un congreso latinoamericano de mujeres.

Pero la apuesta sube hasta que ingresa Ana Seligra con una jaula en su cabeza, la cual la aprisiona, no la deja libre. Esa libertad que toda mujer ansía y no está siempre tras las rejas de una cárcel sino en sus propias ataduras, en las imposiciones tan fuertes que nos imponen desde niñas, en lo que se supone tenemos que hacer y todo lo que sea distinto sería considerado rebelión. Estamos en una era en que las que sentimos y accionamos somos consideradas locas y en contra del sistema. Nada de eso es real. La única verdad es que existe una unión más fuerte entre todas nosotras y que la palabra prostitución no es ya una mera palabra que suena a un adjetivo descalificativo.

Una bella canción le sirve de introducción a Ana, que se desliza por el espacio escénico muy sutilmente, muy desgarradoramente, creando una rutina de danza contemporánea que llega al corazón. Mientras una grabación dice que: ninguna mujer nace para la prostitución.

Me voy a los cerros, alto
A llorar a solas, lejos
A ver si se apuna el dolor

(Subo, subo – Mercedes Sosa).

Pero los matices de la varieté están muy bien acentuados y se manejan los climas de una manera muy buena ya que es posible aunar el dolor con la alegría, la felicidad con la tristeza. Todo es aprendizaje que no debe ser olvidado ni combatido en vano.

Hay quienes deberían ser hipnotizados con una de las rutinas surgidas, que tanta ovación tuvo.

La genia de Yanina Frenkel hace su aparición en varios momentos de la noche, tanto en los videos proyectados como en su oficio de presentadora pero, sin lugar a dudas, su momento para representar un sketch junto a su compañero, demuestran su arte clownesco. Ella puede transformar su cara en la máscara que quiera, ser divertida o temeraria. Provocar un asalto de risas o parodiar a los cantantes de folklore. Yanina es un ícono en el mundo clown y de la actuación, un ejemplo de vocación que gira por el mundo con su espectáculo, llevando su valija de ilusiones.

Mujeres quemando es una conjunción de talentos, euforia, militancia, amor y compromiso por una sociedad más pacífica y menos interesada en el daño ajeno.

Elenco: Ana Valeria González Seligra, Alejandra Caputo, Gisela Cilia Podestá (Fuji), Julia Maria Izaguirre, Mara Ferrari, Mariana Cabrol, Mercedes Di Nápoli, Gisela Gómez (Morena), Natalia Domínguez, Paola Pretelli, Rosalía Jiménez, Valeria Maldonado, Yanina Frankel.

Mariela Verónica Gagliardi

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Danzando hasta morir

Azucena en partes1

Y como si el mundo pudiera acabarse por completo o darle una sorpresa, ella (Gimena Gutiérrez) baila.

Azucena es su nombre, como la flor tan bella que perfuma hasta un ambiente frío de hospital. Ella, tiene la peculiaridad de desdoblarse en dos personas: la que sufre y la que sueña. O en dos personajes: el que encarna y el que recuerda.

Los tiempos van y vienen. Pasado y presente se fusionan como una misma historia, su historia. La historia de una mujer que sufre, que está devastada por la soledad, por no tener un hombro sobre el cual llorar, desahogarse, refugiarse. Ni siquiera un par de brazos que la contengan ante tremenda noticia.

Sus días no está contados, y esto es sumamente importante resaltar.

Azucena, todo lo expresa con su cuerpo. Con su gran altura, consigue representar corporalmente sus andanzas, sus tristezas y pesares, como si midiera un metro cincuenta.

Increíblemente, podemos observar -durante unos cuantos minutos- cómo su cuerpo se mimetiza con cada uno de sus sentires sin haber pronunciado palabra alguna. Y esta es la magia del teatro físico: el poder representar sin hablar. Pero, cuando lo requiera, poder decir, verbalmente, sin mover sus extremidades del espacio escénico.

Un gran trabajo en equipo demuestra que tanto la iluminación, como el vestuario, la dramaturgia y dirección; se complementan para tener una “Azucena en partes” (escrita y dirigida por Ana González Seligra) realmente grandiosa.

El drama está presente de principio a fin, no pudiendo ignorar el tema argumental presente. Una enfermedad que parece ser la muerte, por la falta de información, por la infelicidad, por dolor no cicatrizado, por los sueños abandonados.

Un público atento, quieto, que no esboza más que un dolor aguantado, una angustia difícil de soportar. Un público que, al terminar la función, espera para felicitar a los artistas. Yo, como parte del público, con un nudo y una nebulosa en mis ojos como si lograra vislumbrar un hálito de paz.

Finamente escogidos, aquellos detalles ornamentales que forman e integran las escenas de la obra unipersonal. Objetos que no solo son preciosos sino que cumplen varias funciones. Un ramo de flores rojas, un perchero, varios estilos de ropa, de zapatos y otras herramientas fundamentales que le permiten a la artista componer sus personajes -tan difíciles pero excelentemente resueltos-.

Su corazón hecho pedazos, sus partecitas que no logran unirse, su sonrisa desdibujada como cuando se tira al piso -hundida en llanto-. Una etapa que quisiera borrarla de su mente, de su espacio, de su vida y que, sin embargo, debe atravesarla para estar sana y más fuerte.

La parte descriptiva del relato es la que permite que nos imaginemos -como espectadores- toda la desdicha de esta pobre mujer. Pero Azucena no es frágil. Está sensibilizada, apabullada, fuera de sí. Mientras tanto, deja que su cuerpo hable, que sus pechos consigan formas diferentes, que el sentido de su vida sea el que añore y que, jamás, se de por vencida.

Esta pieza artística debe formar parte de todo festival y movida cultural relacionada con el universo femenino, con la lucha contra el cáncer, contra la violencia de género y con todo enlace que permita que nosotras -las mujeres- nos sintamos identificadas, valoradas y resignificadas.

No hace falta pasar por la enfermedad para tener humanidad por las que sí.

Las mamas, que tanto amor deberían tener, que tantas caricias poseer… están enfermas. Solo el amor puede curarlas.

ficha Azucena en partesMariela Verónica Gagliardi