*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Viviendo al límite: un drama montado como teatro

Foto Victoria

Lo que comienza como una comedia risueña se convierte en drama y luego en policial. A lo largo de dos extensas horas, se podrá ser testigo de un film que experimenta con el talento, con la posibilidad de demostrar cómo la cámara captura diferentes situaciones, sensaciones y escenas con un rodaje en tiempo real.

Durante la primera parte del film Victoria (dirigido por Sebastian Schipper) puede verse a la protagonista madrilense en un boliche, sola, pretendiendo ser parte de un lugar tan ajeno a ella: Berlín. Allí vive hace tres meses y aún no tiene amigos ni conocidos, pero su simpatía le permite hablar en inglés y darse a entender, cautivando a varios jóvenes que la siguen en manada.

Muchos diálogos, palabras comunes en Alemania del Este, códigos, aventuras. De hecho, el cumpleaños de Fuss, un muchacho que aparece junto a sus amigos (Boxer, Sonne y Blinker) en la vía pública, será otro de los focos de atención en esta introducción al código lingüístico establecido por Schipper, dentro del cual podrá disfrutarse de la verdadera acción sin descanso ni tregua.

Luego, la música narra las acciones, silenciando a la palabra que tan presente estuvo durante casi media hora de película.

Al quedarse a solas, Victoria (Laia Costa) y uno de los chicos del grupo, comienza a producirse un nuevo rumbo en la historia. Los matices, la seducción en cada mirada, sin que pase absolutamente algo entre ellos. Ella no puede creer que sea alemán pero Sonne hace la salvedad de que los berlineses son multiculturales.

Una película que no pretende resaltar maquillajes impostados ni paisajes atractivos sino una sociedad con estilos de vida diferentes a los de España. Con una joven que desde su interior pretende comunicarse en inglés con cuanta persona se cruza sin interesarle impactar bien sino con la frescura que la caracteriza.

Las interpretaciones artísticas son excelentes permitiendo que el espectador disfrute de un cine de muy alto nivel donde no solo los primeros planos muestran detalles preciosos sino que éstos cautivan desde la naturalidad de una mirada, desde el desgaste de un cuerpo a lo largo de una noche sin pegar un ojo, desde la palidez del rostro bebiendo alcohol y recorriendo la ciudad en bicicleta como niños.

Uno de los momentos más emotivos se produce cuando Victoria toca el piano. Los valses de Mefisto (Franz Liszt) suenan y sus manos recorren los pentagramas en su memoria, sorprendiendo con una sonrisa a su nuevo amigo. Después de gracias y bromas para romper el hielo entre ambos y acercarse aún más, él menciona que sabe tocar dicho instrumento pero lo que jamás imaginó fue que ella en verdad lo sabe interpretar y muy profesionalmente.

Ella no juzga, no reprocha. Es un alma libre de prejuicios.

Pero el guión nos va llevando hacia el género policial donde lo cursi queda congelado por completo para darle espacio al mundo gangster, a la delincuencia y a los asaltos a mano armada.

En cuanto a los paneos, éstos están presentes en todo momento ya que las situaciones se dan por lo general en lugares específicos y es ahí cuando la cámara captura la acción desarrollada. Y, con respecto, los travelling acompañan los pasos, corridas y desplazamientos de los jóvenes por los diferentes lugares que recorren (escaleras, calles, veredas) al igual que los que se llevan a cabo sobre autos.

Los primerísimos primeros planos justifican la adrenalina recorrida en los cuerpos de estos personajes quienes, además, conmueven con sus movimientos precisos y cada una de las acciones desarrolladas de principio a fin.

Sebastián Schipper despliega su magia para dirigir y consigue emocionar plenamente. Mientras tanto, este grupo consolidado rueda como la cinta. Es momento de comprender que la música cumple un papel protagónico al igual que la trama. La sonorización no acompaña ni ilustra ni decora: aparece en el momento adecuado, narra cuando la voz no alcanza o cuando ésta se apaga. Angustia, desespera y nos permite conocer la vida de esta chica que se convierte en la heroína perfecta.

La vida y la muerte parecen enfrentarse y el único antídoto para sobrevivir será tomar rápidas decisiones que no siempre serán las correctas o bondadosas. Un puñal al corazón cuando de niños se trata y el ocupar aquel lugar que jamás se hubiera imaginado son algunas cuestiones que surgen, haciendo sentir que incluso el más vulnerable puede convertirse en jefe de la pandilla para ser temido por el resto.

Victoria es un canto a la vida, a la justicia por mano propia y a la devolución de favores que a veces es preferible olvidar.

Una neblina estampada en la gorra de Victoria es uno de los finales a esta gran historia que mantiene atónito a cualquier mortal. Haze. Como forma de sintetizar la cuasi total oscuridad en que giró este film que merece todo tipo de destaque, además de los premios que obtuvo y, seguramente, seguirá obteniendo.

Ficha Artística

Laia Costa, Frederick Lau, Franz Rogowski, Max Mauff, Burak Yigit, Nadja Laura Mijthab

Ficha Técnica

Director: Sebastian Schipper
Guionista: Olivia Neergaard-Holm, Sebastian Schipper, Eike Frederik Schulz
Productores: Catherine Baikousis, Christiane Dressler, Jan Dressler, Anatol Nitschke, Sebastian Schipper
Música: Nils Frahm
Fotografía: Sturla Brandth Grøvlen
Montaje: Olivia Neergaard-Holm

Datos Técnicos

Drama – Crimen
Alemania
Año: 2015

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«Dos vidas», un film de Georg Maas

dos vidasLa película “Dos vidas” (de Georg Mass) se desarrolla en Noruega y, permite conocer muchos detalles de un país degradado por la injusticia nazi, a la vez que combinarla con Agentes de  Inteligencia de Alemania Oriental que se inmiscuían en familias -haciéndose pasar por miembros reales-.

¿Cómo hace Katrine (Juliane Köhler) para transitar dos realidades tan diferentes?

Este film dramático está basado en la novela Eiszeiten de Hannelore Hippe. Podría tratarse de una familia problemática, sin embargo, los diálogos nos van dando, de a poco, indicios de lo que oculta la protagonista.

Cada paisaje de invierno, con nieve, lluvia, agua del mar que salpica los cuerpos de quienes se aproximan a las rocas a pensar; un paisaje que entristece y llena de melancolía a lo largo de toda la historia.

Ya de por sí una película post-bélica es fuerte y estigmatizante pero, el modo en que acontece cada escena sumado a los flashbacks -existentes en todo momento-. De este modo, presente y pasado se unen, se conocen, se reconocen, chocan, se aceptan o rechazan, se reiteran para convencer a Katrine, quien identifica a dos personajes fuertes al mismo tiempo -convenciendo sobre su ingenuidad-.

Al conocer la verdad, no soporté los primeros planos sin soltar lágrimas de dolor hacia una familia y un país que padeció tanto dolor -a la vez que tuvo gran parte de la culpa en formas de proceder y colaborar con Alemania en una de las peores masacres sufridas a nivel mundial-.

Considero que tiene dos grandes fuertes el hilo conductor: uno es la historia romántica desarrollada a nivel pareja y familia y, el otro, el contexto pos guerra, pos Muro de Berlín. Es excelente cómo, en el momento preciso, aparecen esas imágenes trágicas, tremendamente duras, sin compasión; para, luego, mostrar la otra versión, totalmente opuesta y triste.

Cada uno de los personajes principales está humanizado y lo que quiero decir con esto es que no exageran sus pasiones ni demencias. Tienen su lado oscuro como brillante y, realmente, cuesta no tener piedad teniendo conocimiento del profundo dolor por el que atravesaron algunos de ellos.

No es tan fácil odiar al culpable ni amarlo. Está ahí para ser condenado y lo cierto es que su castigo le llega de la manera más insólita. Teniendo en cuenta el desenlace de Dos vidas, se puede confirmar que no hace falta que exista una venganza planificada sino que el destino obra por sí solo.

Mientras los paneos recorren una parte indispensable de la historia, los rostros son capturados para ver cada detalle de sufrimiento. Solamente los paisajes grises consiguen ser tomados panorámicamente como una postal que marcará el dolor para siempre.

En general, las películas basadas en el nazismo, recurren a escenas violentas, a campos de concentración, a la sangre, a armas de fuego.

Georg Maas supo cómo lograr estremecer y sentir la violencia física y psicológica, de una manera menos vulgar. Se siente cada una de las palabras y versiones desarrolladas durante una hora y media de película, un tiempo que sirve para incluir lo más trascendente sin alargar situaciones para llenar espacios.

Por otro lado, el thriller psicológico se hace presente, interviniendo en nuestros cerebros y corazones, despellejándonos hasta dejarnos desnudos, sin defensas ni propósitos posibles de respirar.

Ninguno de los personajes es feliz. Ni siquiera un bebé alegra un hogar cuando todo está destruido por doquier.

Fue una época dura y conmovedora, para no olvidar y aprender.

Un orfanato que hospedó a bebés que tenían padres, un lugar que se adueñó sueños y esperanzas, las cuales se fueron, de a poco, derrumbando.

No existe lugar en el mundo donde el robo de bebés sea bien visto. No solo es ilegal sino atroz apropiarse de una vida, indefensa, ajena, imposibilitándoles a sus familias verlos crecer, cuidarlos, amarlos.

Tiene tanto esta historia de la Argentina y no porque hayan tomado un hecho histórico de nuestro país, sino porque pido permiso para tomar fragmentos que podrían transcurrir cuando nuestra sociedad decidía hablar y, a cambio de eso, era mutilada.

Maas realza cada sensación y le da la posibilidad al espectador de pensar, analizar y debatir. No durante el film sino a lo largo de la vida.

Cuando se encuentra lo que se quiere, puede ser demasiado tarde. La realidad no podrá ocultarse para siempre y perder será lo que posiblemente ocurra.

Dos vidas ficha

Mariela Verónica Gagliardi