*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Una medida contra el narcotráfico

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Las drogas son, sin lugar a dudas, portadoras de uno de los negocios más grandes del mundo: el narcotráfico. Este negocio que recluta, actualmente, alrededor de 50 mil menores de edad en México, que los obliga a dejar la infancia, repentinamente, para convertirse en adultos, en sicarios, en vigiladores, en cárteles y, lo más penoso, en criminales.

Al igual que ocurre en nuestro país, los menores son inimputables y, por ello, los “salvadores” en cierta forma del universo delectivo. Estos niños que tienen 17 años los más grandes, y que llevan a cabo operativos inentendibles para su corta edad, que su grado alto de analfabetismo es manipulado por los superiores para hacerles hacer cosas que, quizás, si fueran concientes y contaran con las herramientas necesarias para analizar, no harían.

Dentro de este panorama -que ocurre no solo en el país mexicano sino en otros territorios de latinoamérica- surge la obra Anna (escrita, protagonizada y dirigida por Tania Mayrén), con una puesta en escena sencilla y contundente a la vez. La actriz interpreta a una joven que, junto a una cámara filmadora, recorre kilómetros y kilómetros en busca de su hermano menor. Esta búsqueda nos llega al alma de una manera tan cruda como real, permitiendo que conozcamos una historia ficcionada pero repetida diariamente en diferentes hogares.

Un día como cualquier otro, el adolescente desaparece de su casa y, sin imaginarlo, es secuestrado por una banda de narcotraficantes. Anna solamente cuenta con una foto de él que irá mostrando a cuanto desconocido se cruce para aunar fuerzas y seguir adelante. Ella, en algún lugar de su corazón, sabe que probablemente nunca vuelva a reunirse con él, pero la esperanza es lo último que abandona.

Como un camino sinuoso y empantanado, Anna atravesará momentos trágicos, delicados y desesperantes. Se quedará sin dinero, sin el poco que tenía, pero dormirá en las calles, dejará de comer y respirará para ganar aliento y continuar.

Este gran unitario es un mensaje explícito a toda la sociedad, al mundo entero, es un grito desgarrador en el que se pide paz, serenidad y una mente fría. Amor, unión y conciencia. Conciencia para respetar a los niños, a su infancia, a las familias que menos dinero tienen y que por eso se convierten, muchas veces, en vulnerables y en focos para que hagan con ellas cualquier cosa.

Pero Anna no solo tendrá como objetivo encontrar a su hermano sino narrar una biografía llena de personajes que irá conociendo a lo largo de esta travesía, personas que le irán aportando fe y dolor, cosas buenas y cosas malas para convertirla en una mujer cada vez más íntegra y bondadosa.

Ella sola, en el espacio escénico del Teatro Corrientes Azul, hará las voces de cada personaje, haciendo que la dramaturgia cobre un valor cada más alto. Convirtiendo a Tania en la portadora de un mensaje difícil de pronunciar y no sentir miedo. Sin trastabillar en ningún momento, con una prolijidad extenuante y una mirada profunda; convence con sus argumentos, con cada palabra, con cada mirada y esa valija llena de nostalgia.

Atravesando también temas como la prostitución y la trata de blanca -solo como una ráfaga- Anna se convierte en una pieza teatral que debe ser vista. Y lo digo como obligación hacia la moral de cada uno. Desde su país ha llegado a la Argentina para decir lo que siente, cómo se vive, cuáles son sus preocupaciones y compartir con nosotros su talento actoral. El drama real y el ficticio, nos abrazan y los escalofríos nos escoltan imperiosamente.

Mientras mis lágrimas se apoderan de todo mi cuerpo no paro de reflexionar sobre la temática, una temática que no siempre se tiene presente pero en cuanto alguien la menciona es imposible no comprometerse.

Vino a ofrecer su obra unipersonal y -convertida en una andrajosa, con botas de lluvia, ropa así nomás y un bolso de tela-; se llevó aliados pero aliados en este caso para una buena causa, aliados informados que solo desean convertirse en parte de una búsqueda mundial: el hallazgo de cada niño perdido que está muy lejos de su familia.

Mariela Verónica Gagliardi

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Acompañame a estar solo

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Una historia narrada y protagonizada por Inés Juárez y Diego Sánchez, nos cuenta cómo dos jóvenes se hacen compañía mientras esperan. Son adolescentes, frescos y con ganas de conocer al amor de su vida… o simplemente a ese ser especial que se la modifique.

Sol (Inés Juárez) y Tarios (Diego Sánchez), nos harán recorrer sus mejores y peores momentos, capturados a partir de sketchs -ligados unos con otros a partir de la trama de la obra- y canciones que narran lo que les pasa, lo que sienten y todo lo que sufren por no poder estar con alguien.

Pasar el día de San Valentín, juntos, en un bar y hablando de sus penurias y fracasos. Ir a bailar, juntos, pero solos. Que llegue el fin de semana y no tengan planes… y tantas otras cosas más.Solitarios3

Ellos sienten que necesitan a su media naranja y se ponen ansiosos, muy ansiosos. Ella, aceleradísima, simpática y calculadora, intentará tomar los consejos de su mejor amigo para cuando llegue su gran momento. Él, que siente que todo o casi todo está perdido, no hará más que revolver su pasado e intentar conformarse con sus ex.

De esta manera, “Solitarios”, a partir de la risa, nos da a conocer la cruda realidad: el estar a la espera de “algo”. Pero ellos saben que no todo lo que tarda llega. A veces puede suceder que nunca aparezca.

Después de varios vaivenes muy ocurrentes y graciosos, llegan a darse cuenta de que las cosas pasan en el momento preciso y que por más estrategias que tracen, de nada les servirán.

La puesta en escena es muy fresca y específica, siendo que de ese modo nos podemos centrar en el ambiente en que se desarrolla la acción.

Con respecto a los recursos que utilizan, puedo destacar un paralelismo que hacen con una pareja “perfecta” -la cual cumple con los cánones socialmente correctos-. Dicho amor tan ideal les da bronca o amor, dependiendo del estado en que se encuentren.

Por otro lado, ambos actores tienen sus momentos independientes para hacer monólogos centrados en sus personajes, peripecias, aciertos y desaciertos; tornando la obra muy ágil y entretenida.

En estos momentos en que la sociedad está cada vez más violenta y agresiva, es excelente que exista una propuesta de esta índole, cumpliendo con la función de espectáculo. Hacía rato que no escuchaba a un público reír durante casi dos horas y aplaudir cada uno de los cuadros musicales, tanto.

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Es que cuando el mensaje que se desea transmitir está claro, no hay dudas del resultado. Miedos puede haber por tratarse de una primera función, pero eso es lógico por tratarse de dos personas en escena muy comprometidas con su producto.

“Solitarios”, es una comedia musical que encaja justo en el rubro y respeta cada una de sus definiciones. Hay canto, baile y actuación. Hay energía muy positiva y ganas de superar los problemas que a diario se les plantean.

“Solitarios” es una obra como para dejar de sentirse solo y saber que uno mismo es su principal compañía.

Mariela Verónica Gagliardi