¿Más papistas que el Papa?

En un pueblo de la Patagonia Argentina hay un hotel en el que se hospeda todo aquel transeúnte que visite la zona o esté de paso. Allí, hay una foto de Ceferino Namuncurá, como referencia al santo de los milagros. De hecho, todos los años, un gran caudal de personas acuden para orarle, recordando a la primera mujer que sanó de cáncer.
Nuevamente, Gonzalo Demaría, sorprende con una de sus propuestas en que el grotesco se apodera de la historia para darle un revés totalmente inesperado.
Como si se tratara de un cacique que viene a transmitir la palabra de Dios, a dar pena, a crear sentimiento de culpa y a otorgarle a cada creyente la ilusión perdida en sus vidas.
Muy al estilo de la película Nueva Reinas, todo irá in crescendo hasta que la mentira se convierta en algo imposible de sostener y le explote en la cara al más perverso.
Don´t cry Ceferino (con dirección de Alejandro Giles) es la posibilidad de convertir una realidad en ficción y de otorgarle a los más débiles un mensaje publicitario.
Se dice que la publicidad se encarga de manipular y crear necesidades que no son en verdad tales. Este vendría a ser parte del argumento de la presente dramaturgia: el pintarle lágrimas a Ceferino y, así, sentirlo más vivo que nunca.
Hay quienes solo creen en lo que ven…quizás por eso es que resultará tan verosímil esta puesta en escena y cada uno de sus diálogos.
Mientras un sacerdote y un médico se alojen en este hotel del interior, todo podrá suceder y la última acción hará cambiar el comienzo.
Ya no habrá, entonces, más víctima que la ignorancia y rifle que pueda matarla.
Habrá quien se enamore de lo fugaz, quien elucubre con tal de llenarse los bolsillos de dinero y quien trame historias por doquier.
En cuanto la música se haga presente, una ola de frescura podría apoderarse de los más ingenuos y despertar la conciencia de los adormecidos.
¿Qué decir del elenco?
Realmente vale la pena prestarle atención a artista, a su alto nivel de actuación y a la esencia que consiguen interpretar de comienzo a fin.
Con respecto a este género, sabemos que no abunda y que lo bueno es mínimo en el teatro.
Es como si ingresáramos de lleno a un sitio detenido en el tiempo, en el que la quietud es lo primordial, al igual que la serenidad y, de un momento a otro, la locura y cada exabrupto le darán un sacudón de bienvenida.
Los habitantes pasarán de conformarse con poco a ponerle pimienta a sus días. Así, el regocijo y la satisfacción los harán notablemente distintos, al menos por un tiempo.
En cuanto al motor que mueve toda la historia, como mencioné anteriormente, se basa en la fe. Esta necesidad de pedirle a un superior, se torna más importante que cualquier bien material. Entonces, Demaría viene a demostrar que realmente el vil metal sigue predominando por sobre todo acto de suplicio a Dios.
Así, el deseo sobrepasará a cualquier copa de alcohol y el ser buen anfitrión ya no será tan frecuente como solía serlo.
Un ser superior a otro y la cura en manos de depredadores. Esto será el nuevo motor de cambio que, como se sabe, no siempre será lo mejor y más positivo. ¿Revolución?

El dramaturgo y actor Rolo Sosiuk decide llevar al teatro la vida de Auguste Rodin pero desde la mirada de su amante Camille Claudel. Es entonces cuando tendremos la oportunidad de ingresar en la intimidad de este escultor que no siempre fue reconocido por sus creaciones. El hombre de la nariz rota (dirigida por )es uno de dichos ejemplos en que el arte (y no su perfección) son dejados a un lado por parte de la sociedad.



En 1884 se Enrik Ibsen estrena la obra Vildanden (traducida como El pato salvaje ó silvestre). El dramaturgo, de origen noruego, es considerado uno de los creadores del teatro moderno con una impronta que entremezcla el drama, los conflictos psicológicos en el ser humano y su tinte realista circundándolos. Así, es como resulta cautivante poder presenciar obras de Ibsen, leer sus libros y conmoverse, al mismo tiempo que conseguir identificarse con las temáticas y situaciones por las que van transitando los personajes de sus historias.

No suele abundar en teatro el género de thriller, menos aún en un musical. Por eso es que el Teatro Border nos sorprende una vez más con su programación innovadora y le da la posibilidad a estos talentosísimos artistas que ya todos conocemos en las artes escénicas. Así es como El Pacto, un thriller musical (Thrill me, el título original) llega por primera vez a los escenarios de nuestro país para dar mucho que hablar y convertir en hielo cada masacre.
En el año 1996, Javier Daulte estrena la obra de teatro Criminal en el Payró. Desde ese entonces la dramaturgia, cargada ironía, exageración, realismo y pasión, se fue apoderando de los espectadores -quienes hallaban un lugar en que sentirse identificados-.
Ver a Leticia Torres actuar es un placer y no solamente por su carisma innato sino porque es capaz de interpretar a personajes tan pero tan diversos que dan cuenta de su excelencia como artista.
¡Qué grato resulta comenzar la semana viendo una comedia musical súper entretenida y con sus protagonistas que arrasan con todo!
Escrito
en noviembre 2, 2016