*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Archivo para octubre, 2019

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Distintas formas de extinguirse

En pie de Esperanza

En pie de Esperanza (escrita y dirigida por Leonel Dolara) es un poema a la vida. Una enseñanza amorosa que empieza desde algo tan simple como un vínculo inesperado y culmina con lo más increíble de la vida como lo es el compartir -desde el corazón-.

Lorena Szekely es quien lleva adelante el personaje protagónico de Esperanza, luciéndose como es habitual cada vez que sube a escena. Su experiencia y pasión por la actuación le permiten interpretar a una mujer anciana sin necesidad de caer en determinados artilugios ridículos. Hago hincapié en esto último porque resulta interesante cómo dolara elige a una actriz joven teniendo por delante el desafío de adquirir todo lo necesario para que desde las butacas sintamos que una señora de tercera edad está frente a nosotros.

Admirable su trabajo que se confabula exitosamente con el de su nueva pedicura, haciendo volar sus diálogos por esta casa en la que tanto se contiene y retiene.

Siempre el hogar de una persona grande aloja muchos sentimientos, aromas, fragancias y pasados sin resolver. Esta historia no escapa de eso sino que lo hace relucir como oro brillante. 

Una molestia en un dedito del pie abre el portón (porque puerta quedaría muy diminuto) a un universo en el que estas dos mujeres se sienten reflejadas. Sí, como el famoso espejo en el que pueden mirarse, juzgarse y, en definitiva, terminar hablando de ellas mismas.

Hasta acá podrán creer que es una obra un tanto espiritual, profunda, sensible y no se equivocan. Esto y más. Mucho más. Porque En pie de Esperanza consigue indagar sobre esos amores ultrajados, soñados, perdidos, tapados con la alfombra; sobre la soledad y su padecimiento, sobre lo que se desea y no se tiene. Sobre la muerte y sus propósitos y un bagaje que llega directo al corazón como la flecha de Cupido. Esa flecha que lastima y agrada a la vez. Que nos sacude y permite llevar a la reflexión.

Otro de los grandes temas que se tocan en la obra es el del vínculo de madre e hija, aquél que parece ser en ellas y en la mayoría como conflictivo, insano, tóxico y recurrente. Una parece saber lo que necesita la otra pero, la otra, no permite que se le otorgue. Quizás por capricho u orgullo. 

Y, como otro de los puntos importantes de la historia, surge un personaje imaginario que podría ser Esperanza misma reencarnada en otro ser, trasladándonos al presente y, por qué no, al futuro.

Un pie que sin salud no puede sostener la totalidad del cuerpo, con todo lo que eso implica. Que no logra tolerar la infinidad de sentires de esta mujer que transita la vida a su manera pero que encuentra constantes trabas de parte de su hija. Porque no siempre se piensa, en esta sociedad, qué es lo que necesita la persona adulta mayor sino que se pretende hacer lo que “corresponde”. Pero, ¿si Esperanza desea sumergirse en su enfermedad y perderse en la calle y esfumarse como vemos en las películas? ¿O acaso existe un modo de hacer las cosas? ¿Se respeta lo que desea el otro? ¿Qué lugar ocupa la culpa en este comedia dramática? ¿Cuándo va a ser el día en que se respete la decisión ajena por más que estemos en contra por miedo?

Esperanza lucha contra sus propios fantasmas, aquellos que su mente crea por diferentes motivos. Ella, necesita ser y no permanecer. 

Cuando las energías estén en la misma sintonía, lo inesperado ocurrirá y todo pesar ya no tendrá sentido de ser llevado a la mesa. Esa mesa con mantel que aguantó tanto o más que el pie en cuestión. 

La hermosa señora pudo andar a pesar del dolor (externo e interno), del cansancio, del qué dirán y de su total convencimiento sobre los personajes televisivos. La compañía no da igual y su ausencia tampoco. Por eso, el mensaje de esta pieza artística es enorme y cada quien podrá llevarse una parte consigo o la totalidad (aquella que su apertura de alma le permita abrazar).

Dramaturgia y Dirección: Leonel Dolara
Actúan: Rosella Bosco, Gabriela Del Mar, Stella Minardi y Lorena Szekely
Funciones: Viernes, 20 hs
Teatro Andamio 90 (Paraná 660 - CABA)

Mariela Verónica Gagliardi

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Agonía

Brotherhood

A veces siento que el arte no tiene sentido y, otras, recapitulo y ordeno los pensamientos: el único sentido en la vida es el arte. Porque podremos tener días mejores o peores, podremos abrir la ventana y ver la lluvia mojar todo, o el sol rajar la tierra.

No siempre pasan las cosas que queremos que pasen, pero, podemos estar seguros que hay algunas (como la muerte) inevitables.

Brotherhood (escrita y dirigida por Anahí Ribeiro) me llegó al alma. Desde que la vi no puedo dejar de recordar algunos de sus retazos. Es una obra que amé desde la proyección de una montaña rusa. Sentí cada frase, la música, las actuaciones tan realistas y sencillas.

El eje central de esta propuesta podría decirse que es el desapego. No me atrevo a decir la muerte porque lo que más conmueve no es la despedida física sino ese hueco vacío que nunca más podrá ser llenado. Porque la persona ya no volverá. Porque el duelo será breve o prolongado pero no traerá al ser querido. Entonces es como una despedida de la que importa el lugar en el que nos ubicamos.

Anahí tiene una facilidad para componer personajes, para realzarlos, dormirlos, hacerlos aguardar, explotar en masa y volver a caer de golpe. Los diálogos que escribe son comparables con la montaña rusa, por sus vaivenes. Por el impulso y fluidez.

¿Qué le ocurre a cada uno de estos siete hermanos cuando tienen que involucrarse con sus padres desde el lugar del adiós?

La enfermedad los atormenta, los hace vulnerables, fríos, distantes, cálidos, empáticos, violentos… todo.

Hermanos que son opuestos pero consiguen complementarse. Que coordinan desde la tecnología, que se abrazan sin quererlo o se insultan por angustia.

La sensación vertiginosa de este juego de parque de diversiones es completamente eficaz ya que no es posible desatender la imagen, sino que es parte fundamental para construir y reconstruir a esta familia.

Con respecto a la parte psicológica de la pieza artística podría subrayar el alto grado de negación que tienen algunos personajes, la impotencia de quienes más se involucran y el desinterés de quien muchas veces más sufre y no logra canalizarlo desde el amor.

Es una obra de teatro maravillosa. De esos textos que generan todo tipo de sentires en el espectador, de una coordinación exquisita entre la parte visual, sonora y actoral, con la dirección impecable que pareciera orquestar en vivo.

Si alguna vez perdiste a un ser amado (no necesariamente por el factor muerte) acercate a ver Brotherhood para poder analizar tu postura frente al mundo, al amor, a los vínculos y a lo que realmente importa. Porque si bien los valores son fundamentales, ¿quién determina cuáles tienen más alto rango?

Lo que dice una, es contradicho por otro y lo que en un momento parece ser una batalla campal, luego se consolida como un todo equilibrado. Porque si los polos opuestos se atraen, la acción y reacción pareciera ser que también.

Se puede vislumbrar un constante apoyo de los débiles sobre los fuertes cuando lo que se muestra superficialmente es todo lo contrario. El enojo les hace hervir la sangre, aquella que no siempre los vincula como parientes sino más bien como enemigos.

A la vez que las escenas se transitan a lo largo de la historia, todo va concluyendo sin permiso y lo inevitable se hace presente. 

Brotherhood le hace cosquillas al público pero, también, lo incomoda. Es necesario que lo haga. Al menos para cumplir con su cometido -el cual es presentar situaciones típicas de la vida cotidiana, posibles maneras de afrontarlas y el avance del tiempo que (velozmente) suele jugar malas pasadas.

Si estás preparado para la aventura, abrochate el cinturón que está a punto de empezar…

Dramaturgia y Dirección: Anahí Ribeiro
Actúan: María Forni, Julia Funari, Bárbara Majnemer, Carlos Marsero, 
Ingrid Mosches, Mariano Sacco, Gerardo Scherman
NÜN TEATRO BAR
Entrada: $ 400 y $ 350 
Funciones: miércoles, 21 hs
A partir del 12/02

Mariela Verónica Gagliardi

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Una muerte en silencio

En esta casa no pasa nada1

Excelente propuesta para ver en familia sin distinción de edad ni de género, porque de eso se trata: de ser libre, lo más que se pueda, yendo a favor de nuestra propia corriente y no de un timón manipulado por mandatos añejos sin importar nada y en contra de todo.

Con un vestuario de época que se transforma con el correr de los días, canciones que expresan junto a los cuerpos en movimiento todo lo que no se les permite en palabras; así es que podemos conocer a: Angustias, Magdalena, Amelia, Martirio y Adela; cuatro hermanas que en la presente puesta consiguen hacerse oír. Unidas a otros personajes muy bien representados. 

En esta casa no pasa nada es una obra de teatro performática basada en relatos del libro “La casa de Bernarda Alba” (de Federico García Lorca).

Lo grandioso del título es que resume, perfectamente, la ideología de la historia, a dónde apunta y cuáles son sus consecuencias.

Por un lado, el personaje principal interpretado por un hombre (Tomás Almandos) que refleja un quiebre de la época de antes y de ahora. Una sociedad conservadora, que aún sigue vigente, pero menos que antes; una madre que no tiene por qué ser mujer (con todo lo que eso conlleva).

Esta pieza artística es una ventana al mundo occidental, una búsqueda de identidad personal y colectiva, un progreso de la juventud versus el témpano de quien lleva adelante un hogar. Las cadenas invisibles que sujetan aquello que ya no tiene peso real sino simbólico.

El amor en todas sus formas y maneras, que oscila de un paso a otro, de un estiramiento corporal a otro, de la quietud de un cuerpo hasta que ensambla con otro.

En esta casa no pasa nada es el pedido absoluto de silencio por parte de una sociedad, replicada en cada familia. El pedido de que los sentires se oculten bajo llave y se viva con la angustia y temor constantes.

¿Recuerdan al galán Pepe el romano?

Aquí podrá conocerse más de una versión del mismo ser. No se trata de un Sherlock Holmes sino de varias personalidades que conviven dentro de un mismo ser, para justificar (de alguna manera) el no engaño de eso hombre a su prometida, Angustias (Shushu)

Es un acierto la selección de canciones que ayudan a darle un vuelo aún más alto a la obra. Las mismas, en idioma inglés nos permiten no distraernos de lo que ocurre en escena, de no mezclar el decir de un tema con lo que un cuerpo evoca y plasma.

Vestidas de negro, con las ventanas completamente cerradas, de luto eterno. Sí, porque una de ellas solamente contraería matrimonio y lo que la motiva es salir, respirar aire puro… pero sus hermanas desean lo mismo. Abandonar ese sentimiento de culpa que no debería existir hacia un difunto. Hacia un padre que ya no existe físicamente.

Mientras el tiempo transcurre, los cuerpos se contraen y expanden, lucha contra su madre, la aborrecen.

Una juventud que no parece tal, Desprovista de fragancias silvestres, de aroma a campo, de besos y abrazos. Hasta que un buen día, todo vuela por los aires, como un volcán en erupción. Ahí, recién ahí, se impone el corazón de cada una, sus deseos más profundos, el auto descubrimiento, la bondad, lo simple y el tesoro de estar respirando con un fin muy parecido a un tesoro que brilla cada vez que se mueve.

Dicen que la vida es movimiento. Así que en esta casa pasa todo lo que tiene pasar sin desear dañar a nadie. Una víctima siempre habrá y eso es irremediable, al menos en esta historia que tiene mucho de todo. De ternuras y silencios. De tragedias y sinsabores, de entendimientos y revolución.

Con el arma más poderosa llamada amor y su opuesto llamado represión es que se oscila de un extremo a otro. Como un péndulo muy a flor de piel. 

Autoría: Federico García Lorca. 
Versión: Florencia Laval y Julieta Varela
Funciones: Martes, 20.30 hs
Patio de Actores (Lerma 568 - CABA)

Mariela Verónica Gagliardi