*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Archivo para septiembre, 2017

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Entrevista a Meri Hernández de «Quién retiene a quién»

Ella es una de las actrices de «Quién retiene a quién» (Hereafter, de Vinnie Favale y Frankie Keane), la obra que acaba de estrenarse,  y, a su vez, es quien consiguió los derechos de este musical que es oriundo de Broadway y que tuvo la suerte de ser llevado a la pantalla grande años atrás.

Meri Hernández nos cuenta varios detalles del proceso creativo y del mundo de los muertos, de las despedidas, de ese duelo que tan difícil resulta y que, muchas veces, no sabemos cómo procesar.

Desde que nacemos, tenemos la certeza que algún día moriremos. ¿Cómo surge la idea de llevar adelante este musical con una de las temáticas que más preocupan al ser humano?

La verdad es que el musical Quién retiene a quién, me encontró de casualidad. Esas casualidades que por algo suceden. Buscaba material para Espacio Lemos , donde dicto clases, y me enamoré de la canción «Waiting». Y como no encontraba la partitura para enseñar el arreglo, Melu (hoy parte de la producción) escribió a los autores y ellos mandaron todo el material. Leí la obra entera y escuche el resto de las canciones ¡y fue amor a primera vista! Por otra parte , pienso que es un tema sensible del cual todos tenemos algo por decir. La muerte de los seres vivos es inevitable y las preguntas que esto genera son sinfín. De todas maneras, la obra tiene mucho humor, no recae solamente en lo solemne acerca de la muerte. Creo que el musical aborda la muerte de una manera muy humana y natural. De manera que te podés identificar con el material.

¿Cómo se logra el duelo perfecto?

Creo que no hay duelo perfecto. Las personas tienen tiempos y maneras distintas de encarar la muerte y el duelo es algo muy personal. ¿Tener un duelo perfecto es creer que no hay más que bellos recuerdos de la persona que ya no esta viva? ¿Es no tener pendientes? No lo sé. En la obra hay un personaje que está esperando reencontrarse con su hijo después de 30 años. ¿Serían 30 años de duelo? ¿Tiene las heridas abiertas aún 30 años después? ¿Es mucho? ¿Es poco?. Creo que no hay un tiempo limite para el dolor, tiene que ver con las personas que lo sufren. Por eso creo que no hay duelo perfecto. Hay emociones varias, para cerrar una historia o recordar a una persona que hoy ya no está en este plano. Creo que la pregunta me trae más preguntas. 

¿Cómo fue el proceso actoral desde el primer contacto con el texto? ¿Existió un momento en que el espíritu de la muerte ya se había apoderado de estos personajes?

El proceso con el texto  fue muy natural. Juan Álvarez Pardo (nuestro director) trabajó con nosotros para no caer en lo obvio con respecto a la muerte y sacarnos del lugar solemne y llorón que por ahí a veces el tema «muerte» pide.  La verdad que fuimos dejando que los personajes aparecieran, que los lazos y vínculos se formaran. Las tres historias que se cuentan son sobre madres e hijas/os que necesitan volver a verse para poder cerrar su historia en paz. Lo mismo pasa con el personaje del médium ( Fabian Vena), quien también tiene una historia personal por resolver. En la obra, los espíritus son quienes finalmente tienen que decidir si hacen contacto o no con sus seres vivos ya que en la trama se plantea que, una vez hecho el contacto, pasarán al más allá. Tratamos de trabajar el texto desde la verdad de estos 8 personajes. 

¿»Quién retiene a quién» podría decirse que es una jugada doble como para concientizar sobre el más allá en caso de que exista?

La muerte es una incertidumbre. ¿Qué nos pasa después? Nadie sabe… y ahí es interesante poder pensar que pasa lo que cada uno crea que tiene que pasar. Hay gente que es feliz pensando que se va a reencontrar con sus seres queridos. Hay gente que piensa que se revive en otra vida para aprender aquello que hicimos mal en la anterior. Hay gente que cree que se apaga la luz y no pasa nada más, eso es muy personal . Yo creo que la obra te deja preguntas, o te deja reflexionando. Pero no entrega respuestas. 

¿A dónde van esas almas que no supieron exprimir sus vidas?

En la obra las almas no están ahí retenidas  como castigo por no haber aprovechado sus vidas, sino que acompañan a sus seres queridos mientras viven. Van a un lugar… pasan a otro plano, pero no dicen a dónde… supongo que depende de cada persona dónde el alma termina.

¿Es más fácil digerir la angustia con canciones y música?

Yo creo que la música es de gran ayuda. Genera momentos y climas hermosos, en el piano Hernán Matorra nos guía con calidez por cada canción. Claro, también, con las palabras que Marcelo Kotliar supo encontrar para cada una. Creo que la música acompaña, pero no aliviana. Hay veces que la música eleva lo dicho, refuerza. Es redondo el intercambio entre la palabra y la canción. Y entre las voces nuestras guiadas por Florencia Carchak. Pero no sé si es más fácil, la angustia es angustia. 

¿Se puede estar muerto en vida?  

No lo sé. Yo soy una entusiasta de la vida, del hacer, no me imagino siendo una persona apática a la que las cosas le sucedan sin capacidad de reacción o disfrute. Nunca digo nunca, pero no me pasó. En la obra se toca un poco este tema, uno de los personajes dice que puede esperar toda la vida hasta hacer contacto con su ser querido. Y el personaje con más experiencia en el tema del duelo, le dice que tiene que tener cuidado… y prestar atención a los que quedan vivos, al aquí ahora. Porque sino va a perder mucho mas que un ser querido. Supongo que tiene que ver con esto de estar muerto en vida. 

Los vivos podemos reflexionar. ¿Y los muertos, qué queda para ellos?

En la obra todos reflexionan. Los vivos tratando de cerrar cuentas pendientes, empatizando con las pérdidas de los demás personajes. Y los muertos tienen esperanza -me parece o así me gusta pensarlo a mí-, que en la obra ellos se van adonde cada uno soñó. Y también reflexionan sobre lo que vivieron, sea mucho, poco o el cómo lo vivieron. 

Nuestra cultura no es muy amiga de mantener una conversación con alguien que ya no está físicamente. ¿Después de ver esta propuesta cambiarán de idea?

Yo creo que la muerte es un tema que genera mucha intriga. Genera algo de miedo, mezclado con ganas de saber. Vértigo a lo desconocido. ¿Quién no conoce a alguien que fue a una bruja, a una astróloga , a una armonizadora? El futuro es un misterio y a la gente lo desconocido le da miedo y a la vez ansiedad. Lo que está fuera de mi control, me puede asustar. Pero todos fantasean con poder saber. Por ahí no lo llevan a cabo, pero seguro se les cruzó por la cabeza. ¿Quién no jugó al juego de la copa de chico ? Uno imagina que será como en las películas. La verdad no sé si va a cambiar por ver la obra, pero supongo que algunos del público lo pensarán.

¿Por qué habría que ir a ver este musical?

Tienen que venir a ver Quién retiene a quién, porque es una obra que te deja pensando. Que te invita a transitar por diferentes emociones. Pasás de reír a carcajadas, a llorar, a emocionarte. Y cuando uno genera algo en el otro haciendo teatro es una sensación maravillosa. Ver la reacción inmediata del público es hermoso. Como público también es hermoso estar sentado en una butaca y meterse en una historia que me provoque millones de sentimientos.

La música es increíblemente bella y, por sobre todo, es una historia que habla sobre las relaciones humanas, las cosas no dichas y el hacer las paces con uno mismo. Porque tenemos un elenco que la rompe y un equipo de trabajo que lo deja todo en el escenario.

 

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Fanático hasta la muerte

La pasión de Toto

La pasión es pasión. Y aquí podría terminar la nota, sin embargo, recién comienza…

Todos los humanos tenemos devoción por algo. Al menos quienes sentimos con el Ficha Totocorazón, quienes, a veces, dejamos de lado la razón y decidimos jugarnos por algo más grande.

Muchos dirán que el fútbol es ver correr a 22 boludos detrás de una pelota. Si fuera sólo eso…

El fútbol, pero el fútbol de verdad es una comunión de sentimientos, de fetiches, de cábalas, de reuniones frente a una pantalla o en el estadio, de una alegría y tristeza inexplicables, de estar -pase lo que pase- alentando a nuestro equipo. De sentir que todo se acaba o todo empieza. De ganar o perder.

En «La pasión de Toto» (escrita por Eduardo Grilli y dirigida por Maximiliano Cesto) puede sentirse, plenamente, la pasión. A través de una historia muy conmovedora, se podrá ir conociendo lo que significa tener raíces en un barrio como La Boca y sentirse identificado.

Porque, antes, se era del equipo de fútbol de su barrio, no del que ganaba o del que tenía los mejores jugadores comprados del extranjero. Se era más coherente, más auténtico.

Hay quienes afirmarán que ser hincha de obnubila y no permite actuar y pensar coherentemente, racionalmente. Y es que para todo no hace falta pensar. Porque cuando un corazón late no lo hace sólo por una camiseta o por un jugador sino por el símbolo, por lo que representa.

Es como cuando una persona sonríe al hablar del lugar en el que vive. Así como existen seres que se mudan de un espacio a otro, hay quienes necesitan pertenecer a un mismo sitio siempre. Dejar huella, impregnarse de los olores, de las fragancias. Ya que esto no tiene que ver con un perfume que se compra. Porque bien podría tratarse del Riachuelo o del Río de La Plata como se narra en la presente historia.

Y podrá pretenderse que un anciano venda su tierra, su casa pero no su pasado. Esto terminaría por matarlo. Por hacerlo desaparecer.

Me gustan mucho las narraciones que no sólo cuentan sino que vivencian al mismo tiempo, aquellas que nos permiten a los espectadores indagar, buscar adentro nuestro, sentirnos parte. Por eso es que La pasión de Toto será para mí como aquella estampilla que se pega en un sobre y se acerca al corazón antes de enviar a su destinatario.

Porque están las raíces que fueron componiendo al Barrio de La Boca, a la ola de inmigrantes que se atrevieron a venir a Argentina en busca de un futuro prometedor, de apostar sus días en la construcción de un mañana. De pintar con lo que fuese los colores que componen este lugar tan fascinante, tan bien representado.

Desde que ingresé a la función me sentí ahí. Me olvidé que existía un escenario y me trasladé al conventillo, al tango, a esos pasos arrabaleros, a la picardía de un niño, a las travesuras de los más grandes y a la nostalgia de pensar que un día podrían irse.

Con respecto a la escenografía, desde ya que el equipo ha indagado en el estilo, ha ensayado en el barrio mismo y eso se nota. Son muchos artistas en escena, podrían existir algunos detalles a corregir a nivel técnico pero eso no importa en este caso. Y digo esto no por pasarlo por alto sino porque hay cosas que se aprenden y otras que se traen desde la cuna. Y este colectivo de actores nació para expresarse, para sacar desde las tripas una lágrima o una sonrisa, para emocionarse y, así, emocionar. Para demostrar que con amor y pasión es posible transformar y brindar un espectáculo -con música y canciones en vivo- de alta calidad.

Al mismo tiempo que los colores nos atrapan, las cánticos boquenses nos invitan a formar parte y a seguir soñando por lo que más nos importa: aquello que no se compra con dinero.

Ganando o perdiendo, la azul y oro representa el amor por un club, por un lugar, por los de afuera y los de adentro, por quien se juega, por quien se pierde y por quien decide pertenecer para siempre. En este sentido, creo que el amor por el fútbol es más grande que por la política.

¿Imaginan a un hincha cambiándose de camiseta?

Mariela Verónica Gagliardi