Archivo para enero, 2015
Mujer loba
Diferentes estilos de familias son propuestas y establecidas, por diferentes circunstancias, a la vez que historias sencillas con un trasfondo social movilizante.
El amor y la homosexualidad se unen pero para dar pie a la vida. Mujeres que se aman y buscan ser madres, indagando cómo lograrlo, soñando despiertas con ese momento, animándose a llevar adelante un plan del que no podrán arrepentirse jamás -por más que lo piensen-, intentando derribar esas barreras que no conducen a bellos lugares sino todo lo contrario.
Como si se tratara de un capricho, sus corazones se adueñarán de la doble maternidad, sorteando obstáculos y consiguiendo derribar hasta al peor diagnóstico.
Fuera de esto, las historias que se desarrollan paralelamente pasan a ocupar lugares muy secundarios. Todos los actores están en escena pero las secuencias se desarrollan según el desenvolvimiento del eje principal.
La iluminación enfoca a quienes deban continuar el relato, consiguiendo que la comedia oscile entre risas y desgracias.
«El viento en un violín» nos lleva por esas melodías románticas implantando doctrinas violentas y justificando lo más temido.
El violín como instrumento de cuerdas y de viento, como objeto sorpresivo. Paradójicamente, solo se escuchan notas graves al principio y fin de la dramaturgia, logrando plasmar lo más feroz a partir de otras acciones notables y concisas, fuertes y dramáticas.
Lo absurdo se apodera de todo con tal de evitar sufrimientos, dejando en evidencia la sobreprotección -rasgo que predomina en todos los personajes menos en el portavoz del raciocinio-.
El psicológico, a la espera de un paciente imposible de ayudar, la corrupción esbozada dentro de los lazos más íntimos; la verdad tapada, reinventada y gritada a los cuatro vientos-.
Aire en movimiento en busca de renovación, vientos de cambios, camas deshechas, desorden visible y modos de vida un tanto escalofriantes.
Análisis desafortunados, intereses desmedidos, dolores irremediables y un sinfín de situaciones que se reiteran durante la obra como foco social ya que son ejemplos reales y tangibles. Una sociedad que juzga y evita al diferente, sometiéndolo a torturas psicológicas desmedidas.
La maternidad sin necesidad de un padre pero considerándolo. La muerte ignorada. El amor que arrasa con todas las estructuras, inoportunando al ser más egoísta y manipulador. La psicología ansiosa de implantar sabidurías de libros en que se considera la igualdad como parámetro básico para encasillar y orientar.
¿Qué lugar ocupa el diferente?
La democracia como un tipo de gobierno ineficaz en que la mayoría puede avanzar en sus intereses mientras la minoría queda mirando sin saber qué hacer. La libertad de quienes aman demasiado ante cualquier adversidad, conociendo sus limitaciones pero evadiéndolas por completo.
Y con respecto a figuras maternas se logran conocer varios estilos, dejando en evidencia cuál es el mejor modelo -al menos para esta historia-.
Madres que acompañan, madres que agobian, madres que eligen por sus hijos imponiéndose y simulando ocupar un lugar que no les corresponde.
Claudio Tolcachir consigue aunar risas y llantos, otorgándole a la mujer un poder merecido, un respeto pretendido y la luz para alumbrar nuevas vidas.
Quien sea judío seguramente reirá a carcajadas por los estereotipos creados en escena. Las raíces originarán diferentes sonidos que vociferarán crueldades, necesidades y modos de ver la vida.
Con silueta femenina, sonando en su nota más grave, las adversidades se harán notar, la oscuridad aparecer y los pasatiempos distraer a quienes más desean algo con la fuerza del corazón. Y eso significa «El viento en un violín»: que las mujeres tengamos la posibilidad de gritarle al universo lo que queremos y lograrlo en algún momento. Que la ferocidad, esa loba que todas tenemos dentro, pueda imponerse ante cualquier obstáculo sin perder de vista el objetivo.
El amor, finalmente, triunfa, enseñándonos que la violencia no es el único camino posible y que, de hecho, su utilización puede traer consigo consecuencias no esperadas.
Después de reír -como si se tratara de una comedia divertida-, la trama cambia su expresión para dar lugar al fundamento de la obra: esa lucha íntima, minoritaria y aún no atendida por quienes aman de una manera no convencional.
Otra manera de amar
Los musicales de Héctor Presa tienen esa suspicacia y garantía que nos permiten disfrutar del género sin suponerlo. Estos días de verano, podemos asistir a las funciones al aire libre en el Teatro Larreta, en que la naturaleza cumple nos deleita con su aire y fragancias silvestres.
En esta ocasión, una nueva obra llamada Oxímoron, con el mismo elenco de “Amor sin barreras, lo conocí en el Roca” (2014), expone temas no solo románticos sino emblemáticos como la homosexualidad. Y por qué utilizo esta palabra? Justamente, porque, aún, nuestra sociedad evita abrirse un poco más y dejar de juzgar las elecciones de otras personas.
Por suerte, en los últimos años, los gays y lesbianas han conseguido su lugar sin sufrir demasiado la discriminación e ignorancia de quienes todavía no son capaces de amar sin condicionamientos o pruritos.
El teatro, como expresión artística y social, los albergó (desde hace muchsísimo tiempo) y dio la oportunidad de que encarnen a diferentes personajes así como que toquen temáticas recurrentemente “incómodas” para ciertos sectores.
Oxímoron es una figura lógica en que se usan dos conceptos de significado opuesto y en una misma expresión. Sobre esta terminología gira la dramaturgia de Presa, la cual divierte pero ahonda profundamente en situaciones conflictivas, tan habituales como difíciles de asumir.
Entre coreografías y canciones, la historia consigue un punto sumamente importante: lograr que los espectadores se identifiquen con al menos alguno de sus personajes. Esto lo consiguen gracias a los estereotipos de cada uno de ellos en que se esbozan las características más firmes y contundentes como para percibir a una familia tradicional en que ocurren quiebres como en cualquier otra.
La oscuridad los transforma, los deshinibe; los toca con una especie de varita mágica para que se digan todo lo que jamás se animaron. Pero, en cuanto la luminosidad los invade, la vergüenza los invade por completo sin poder remediar las palabras ya esbozadas.
Un juego de contraste en que el blanco y negro cobra su mayor protagonismo, en que los colores desaparecen y la desesperación los limita.
El statu-quo existe como regla fundamental en este clan que parece ser ejemplo de un país que intenta romper con éste no caprichosamente.
La rutina les recuerda que ninguno tiene que hacer lo mismo cotidianamente sino que es posible transformarse y continuar por otro camino. El amor, es el que triunfa, en cualquiera de sus vertientes.
Oxímoron es una obra de teatro para homofóbicos y no homofóbicos. Para quienes cuestionan, repiten modelos establecidos y consideran qué es lo que corresponde. Oxímoron confirma que nada es lo que parece, que dentro de la luz hay oscuridad y dentro de la oscuridad existe luz.
Esa claridad y penumbra que convive en toda persona terrestre, que la conflictúa, que la hace dudar sin encontrar un camino.
El miedo se demuestra, se siente, vibra en el aire, los intimida y muestra el costado más frágil de cada uno -aquel que no quiere ser mostrado-. Mientras la familia continúa con el proceso de liberación en que expresa todo sin filtro alguno, los minutos pasan y el propósito por el cual se juntaron se diluye para ser dejado en segundo plano.
Lo único que importa es la honestidad brutal y la posibilidad de decirse todo.
Oxímoron es todo lo que nos pasa a todos. Esas contradicciones que forman parte del ser humano por el simple hecho de existir.
Incoherencias obnubilantes que intentan cegar al más estructurado y darle liviandad a quien siente más de lo que piensa. Todo ocurre en esta historia que por momento te hace emocionar, reír, llorar e identificarte con situaciones cotidianas.
¿Quién no ha tenido que pasar por un momento de tensión al conocer una noticia que jamás habría querido escuchar?
Cuanto más se intente tapar la realidad, más saldrá a la luz y, las contradicciones, se harán notar. Las verdades podrán ser dichas sin tener que atravesar las miradas ultrajantes. Aunque los silencios notarán el descontento y solamente la ironía los salvará de lo ya dicho.
El aire de un abanico intentará tapar la sinceridad de una madre que lucha contra todo lo que se le oponga. Pero, su discurso se agotará, demostrando que todos tienen la posibilidad de ser quienes deseen, a pesar de las dificultades que se presenten y de cualquier tormenta que se avecine.
El amor es tiempo y el tiempo no existe
Carolina Papaleo y Rubén Stella protagonizan “Tuya es mi vida” (escrita por Guillermo Camblor y dirigida por Julio Baccaro), también conocida como Yo adivino el parpadeo, dentro de la que se puede vivenciar una comedia dramática con el formato de sitcom.
Este formato que en las últimas décadas ha captado a un gran público televisivo, por suerte, también, tuvo su oportunidad en el teatro.
Ambos títulos rescatan frases de la canción Volver (Carlos Gardel), sobre la que se mantiene el espíritu de lo que fue, de lo que es y de lo que quizás podría ser.
La sala de teatro del Picadilly, fue testigo del debut de esta dramaturgia durante una noche muy especial en que la actriz cumplió años desarrollando su vocación, esa vocación que desde chica llevó en sus venas.
Durante la velada, los espectadores disfrutamos de una puesta en escena en que se recreó la casa de Delia -una mujer que, de un momento a otro, recibió a Pacha, su amor del pasado-. De esta manera, la temática de la obra se centra en el amor, en el resentimiento, en aquellas heridas no cicatrizadas, en el desarraigo y en las oportunidades no vistas con los ojos abiertos por predominar el egoísmo.
No hace falta aclarar que los dos artistas se lucieron ya que es una obviedad y los personajes les calzaron a la perfección. Ella, una profesora y bailarina de tango, débil pero que, actualmente, valora a cada persona. Él, un bailarín de tango que viene con una propuesta de trabajo, supuestamente, inquietante. Se suman al elenco dos personajes secundarios que deleitarán con pasos arrabaleros y el sabor de esta danza tan porteña.
Así, la lucha de intereses ocupará un espacio central y cada uno argumentará lo que sienta, por más que la razón sea dejada de lado.
El tango, como eje social y de comunicación, le permitirá a Pacha rememorar su tierra natal deseando, de cierta forma, no haberla dejado nunca.
Secretos ocultados, tapados y tratados de mantener en la clandestinidad, también tendrán oportunidad de ser dichos, así como aquellas respuestas o planteos irrisorios, ridículos e inclusive no atractivos.
El argumento de la historia tiene la posibilidad de ser visto de dos maneras: por un lado, nos encontramos con una trama tradicional de novela en que surgen situaciones graciosas, románticas e inverosímiles; pero, por otro lado, la profundidad de temas que no son juzgados ni por ellos ni por la dramaturgia -simplemente se plantean superficialmente-.
Considerando estas cuestiones, la ex pareja narra vicisitudes de la vida cotidiana, conflictos que posiblemente a mucha personas le han ocurrido, tragedias inevitables, sinsabores de un romance y alegrías cautivantes.
“Tuya es mi vida” no es otra cosa que el reflejo de una persona en otra, la posibilidad de cambiar y la oportunidad de lograrlo.
Aquellos días en que todo se vuelve oscuro, siempre existirá la luz de la luna que abrace al más débil, otorgándole una confianza absoluta en sí mismo.
Lo que debo resaltar, sin lugar a dudas, es que se puede disfrutar de dos grandes actores, interpretando diálogos interesantes, con muchísimos gags y evitándonos el dolor profundo de un drama tradicional.
El verano en Buenos Aires es desolador en cuestiones artísticas ya que casi todas las obras retoman las tablas en marzo. Por eso, Tuya es mi vida marca la diferencia, junto a otras propuestas vigentes.
Tuyo es lo que quiero y me atrevo a dártelo, tuya es la nobleza que se abre durante la adolescencia dejándola al desnudo. Tuyo es lo que me queda cómodo, lo que me sobra y lo que no sé cómo sobrellevar.
Pero, al transcurrir la historia, sucede un acontecimiento, un quiebre inesperado que entristece y nos hace repensar nuestra vida, la vida de ellos y esas señales emitidas suponiendo que el otro las entendería.
Cuando el mal se avecina, el humano suele cambiar su perspectiva, disculparse e intentar buscar protección. No es momento para cursilerías. El tiempo es otro, la gente cambió, se transformó obligada y ya no podrá borrar el pasado para cambiar el presente.
Una pareja que por momentos parece vivir en el aquí y ahora, atosigada por malas elecciones. Una pareja que intenta confiar en aquello que, sabe, no podrá.
Cada beso y abrazo tienen sus significados, esos que podrían conmover o sanar aquellas heridas en carne viva.
¿Tienen sentido las segundas oportunidades?
¿Qué decisión deberá tomar cada uno?
¿Existe manera de remediar el dolor, esa angustia que te atraviesa de punta a punta?
Tuya es mi vida nos invita a la reflexión sin llegar a deprimirnos, solamente dándonos esa oportunidad de abrir los corazones para conocernos más y hacer el bien.
Maestra de primera línea
Ser titular otorga una firmeza y poder que de otra manera no sería posible sentir ni palpitar en el cuerpo.
Tener la certeza de que un puesto es propio y no ajeno, saber que no podrá ser desplazado porque se cuenta con la autoridad para ocuparlo sin tener esa amenaza o incertidumbre.
“La suplente” (escrita y dirigida por Mariano Moro) es una obra de teatro tragicómica que viene a mencionar esos temores, esas sensaciones que se tiene al no tener el puesto de titular y luchar por un espacio de segunda categoría.
María Rosa Frega, interpreta Azucena Marchitte -una maestra que dará una clase muy especial- de la cual formaremos parte pero no como público sino como alumnos; motivo por el cual ocurrirán situaciones cómicas, dramáticas, inimaginables y súper creativas.
Esta docente, ahí, sola, ocupando un espacio escénico que tiene los detalles ornamentales necesarios como para recrear un aula tradicional de antes, con varios accesorios que le servirán a la actriz para montar diferentes cuadros.
La obra se viene llevando a cabo desde el 2001 y siempre fue un éxito, lo cual no es sencillo que ocurra dentro del teatro independiente porque llega un momento en que el público se agota y la cartelera artística de Buenos Aires, agobia y avasalla con sus propuestas.
Cantidad no es calidad y este es uno de los casos. No solamente la dramaturgia es excelente sino que la actuación de María Rosa nos deleita y conmueve durante toda la función. Si bien existen detalles que datan del año de su creación, casi la totalidad de la obra es atemporal.
Mariano Moro logra que redactar un texto bellísimo, inteligente, suspicaz y con el gran desafío de que solamente pueda resultar grandioso al hallar a la actriz indicada para llevarlo a cabo.
Considero que al leer la sinopsis de La suplente, no podrán entender la magnificencia de la dramaturgia. ¿Cuántas señoritas maestras vienen a reemplazar a otras y son burladas por la clase, por los niños?
Azucena tiene la certeza de que ella es mejor que la docente a la cual reemplaza, sin embargo, no puede decirle nada a la cara ni desenmascararla ya que se encuentra de luna de miel, disfrutando de unas regias vacaciones junto a su marido.
Azucena está despechada, envidiosa, se viste como mujer grande, con el pelo recogido, tirante y diciendo las palabras supuestamente correctas. Aunque al no estar presente su competencia, llega un momento de la ficción en que se anima a decirnos todo lo que sufre y, evidentemente, cómo le gustaría mostrarse frente a la sociedad. Para esto se disfraza e interpreta a: Sor Juana Inés de la Cruz, Salomé, Fedra, Tosca, Quevedo y Cervantes, citando a algunos de los personajes más representativos de la historia.
Toda la trama es una pieza artesanal en que frases, versos y acontecimientos son conjugados de tal modo que se puede disfrutar de la literatura en todo su esplendor, de la ópera y de una docente que se descubre como persona y mujer.
Cada expresión que esboza la convierte en esa persona que desearía ser. Pero no deseando ser otro ser, sino ella misma. Transformando su mentalidad, dejándola a la misma en reposo, para sentir abiertamente su esencia. Claro que la energía contenida se expresa de una manera no tan equilibrada pero, al menos, somos su sostén, sus alumnos -aquellos que desea tener para siempre-, sus confidentes y quienes seguramente desearía que ataquemos a la titular.
Con respecto a la titular, no significa que pretenda ser como ella sino lograr ciertas cosas que ésta sí pudo.
Todo su odio es desmedido, atroz, exagerado y poco redituable para su equilibrio mental, un desequilibrio que es mostrado a través de la palabra, la actuación y la danza -en que se satirizan determinadas canciones relacionadas con el hilo conductor principal-.
Sin embargo, gracias a esta primera clase (probablemente la última), logre hacer un click en su vida y cambie ciertos parámetros y rutinas para siempre.
Mientras la interacción con el público se establece como un lenguaje más, la unión de distintos autores se presenta para justificar un estilo de pensamiento y la experiencia de utilizar al teatro como herramienta de comunicación ideológica, suspicazmente -demostrando que una dramaturgia es capaz de contener diferentes lenguajes expresivos para abordar temáticas sociales interesantes, en crisis y ejemplificar a través de esta flor que, marchitándose, envejecía minutos tras minuto.
Pasional como ninguna
Para ser una grande hay sentirlo, actuar con convicción y pisar firme.
Allá por los años 20′, una argentina decidió migrar para España, ese país tan similar al nuestro en varios aspectos. Desde ese entonces, se enamoró de dichas tierras y las puertas se le abrieron una tras otra.
Su éxito pudo ser debatido, discutido o envidiado pero, lo único cierto, es que Celia Gámez fue y sera una divina del teatro musical, de revista, de la zarzuela, del tango y de cada melodía desencadenante que penetraba en los corazones aventureros.
Argentina y Española, realmente no importa su nacionalidad sino la trayectoria que tuvo, su pasión por la música, el baile y el canto. Impuso modas como el pelo corto en una época monárquica, los colores y vestuarios, y la valentía por seguir adelante sin dejarse abatir.
Causalmente, el Maipo Kabaret le abre las puertas a esta obra (escrita y dirigida por Emilio Sagi) que no es ni más ni menos que un viaje por el tiempo, recordando los momentos más importantes de su vida personal, artística y varias anécdotas que se entrelazan durante la dramaturgia. Causalmente, el mismo teatro en el que estuvo actuando Celia, brillando como siempre lo hacía.
No es fácil hacer de ella, interpretarla ni encarnarse en su piel sin quedar en ridículo. Para esto, Ivanna Rossi aparece en escena junto a cuatro baiarinas-coristas (Jimena González, Virginia Kaufmann, Virginia Módica y Pilar Rodríguez Rey), transitando un camino realmente conmovedor, perfecto y suspicaz. Contextualizan cada escena, tres grandes músicos (Santiago Rosso en piano, Juan Pablo Togneri en contrabajo y Natacha Tello en violín), que en vivo logran introducirnos en esta historia que mezcla la intimidad con el arte absoluto.
Un café concert es mucho más íntimo que una sala de teatro, motivo por el cual resulta emocionante estar allí en el público, aplaudirla, lagrimear y sentir como al resto de los espectadores les pasa lo mismo.
La Celia, nuestra Celia, allí, tan cerca y tan lejos. En otro continente y en el nuestro, intentando decidir su suerte, intentando no equivocarse, pretendiendo ser feliz.
“A media luz” abrió el show, trayendo la nostalgia sin anestesia. Así, el climax fue preparándose para un musical excelente en el que se lució todo: vestuario, iluminación, escenografía, actuaciones, coreografías y cantos.
Quiero tu amor solo para mí esbozaba una de las letras, haciendo dando el puntapié para el tema siguiente (La novia de España).
Como las frases y dichos que suelen comentarse, quien tiene dinero no tiene amor. Y, podría decirse que ella no contó con mucha suerte para lo segundo, si bien su propósito no fue enriquecerse sino hacer lo que amaba.
Tuvo muchos enamorados y uno de ellos fue Don Alfonso XIII -rey de españa-. Pero, ni siquiera cuando creyó conocer al hombre de su vida le duró para siempre, siendo engañada de una manera tristísima, no teniendo el valor como para separarse de ella sin hacerla sufrir una humillación.
Todas las canciones que interpretó tuvieron un tinte diferente, aunque siempre girando en torno al romanticismo. Así presenciamos performances graciosas, trágicas, tristes, dramáticas, cómicas.
Una actriz de esta categoría puede hacer el rol que quiera, no tiene que esperar un casting sino, simplemente, presentarse.
Un beso de amor no se lo doy a cualquiera (El beso), decía Celia, confirmando su dulzura y respeto de su corazón.
Tuvo la posibilidad de tocar con Carlos Gardel, en España, y quedar atrapada en ese sentimentalismo en que se supone hay que decidirse entre una u otra patria.
Quiero que mi novio sea portero de un equipo de fútbol (canción representada dentro de la zarzuela Las castigadoras)
“Pichi” y “Los nardos”, fueron sin lugar a dudas sus canciones más exitosas a lo largo de su carrera, marcando un antes y un después. Así como Las Leandras se erigió como una obra de gran prestigio.
“¡Viva Madrid!”, “¡Tabaco y cerillas!”, “Mírame”, “La estudiantina portuguesa”, “La luna de España», “¿Me voy o no me voy?”, fueron algunas de las canciones que sonaron durante la encantadora velada en que el público adulto –en mayor parte grande– se entregó al viaje propuesto por el elenco.
Frases como Tienes más humos que el tren (¡Tabaco y cerillas!) o Me voy o no me voy por ser la que yo soy (¿Me voy o no me voy?), le otorgaron a Celia Gámez su personalidad, su portación de artista pasional como todo lo que miraba y tocaba.
Toda su vida fue intense y el año 1937 (durante plena Guerra Civil Española), decidió volver a la Argentina, huyendo con lo puesto, desesperada, buscando encontrar algo de paz. Aunque, tiempo después su corazoncito le dictó que debía retornar a Europa. Solo escogió la Argentina como lecho de muerte.
La florista viene y va, y sonríe descará, por la acera de la calle de Alcalá (Los nardos).
Fría como el viento
Canciones, frases, dichos populares y toda una cuestión de mitos que giran en torno a esa hormona masculina, que también tenemos las mujeres, la cual supuestamente dota de valor y ciertos rasgos valientes a las personas.
Siempre, y de esto no cabe dudas, nosotras salimos desfavorecidas dentro del mundo empresarial, gubernamental y es que la testosterona no convierte los débiles en fuertes sino que los diferencia a unos de otros.
Es imposible no asociar al título de esta obra con sexo y seducción aunque teniendo en cuenta a sus protagonistas, sabemos a ciencia cierta que el argumento no será superficial sino todo lo contrario.
Testosterona (escrita por Sabina Berman y dirigida por Daniel Veronese) es una dramaturgia que crea la sensación de novela, de estar viéndola a través de una pantalla chica, con cada detalle escenográfico, con unos diálogos atrapantes, retorcidos en un punto y que persiguen un objetivo que no sabrá hasta el desenlace.
Son solamente dos actores (Osmar Nuñez y Viviana Saccone) quienes contarán con un solo espacio para narrar cada momento con una tesitura diferente. Estos grandes intérpretes podrían prescindir de decorados, de sonidos y montar una obra tan solo con ellos mismos. Pero, al contar con los detalles, la historia se realza creando distintos ambientes a pesar de que todas las acciones se desarrollan en el mismo lugar: una oficina.
Una oficina, común y corriente, con escritorio, sillas giratorias y un diván que se hace cama. Como en una novela, como en una película, como en cualquier oficina de categoría en que un directivo pasa horas y su vida.
Es navidad, una fecha importante que marcará un antes y un después en estos personajes tan singulares. Ellos parecen quererse como amigos, seducirse, cuidarse hasta que el poder los desenmascara. Cuando eso ocurre ya no es posible hacer marcha atrás y el cariño se desvanece como espuma. Como esa espuma del champagne que beben sin moderación, como sus palabras que no tienen filtro alguno y que corren sin cesar.
Afuera cae granizo, nieva y la ciudad se torna de color blanca impidiendo el paso de cualquier transeúnte. Están atrapados entre cuatro paredes y parece ser que es algo que esperaban, que deseaban. Durante esas horas la tensión estará presente, saltando del humor al drama en breves instantes.
La mentira como herramienta fundamental de la manipulación hará que todo lo acontecido hasta entonces cambie su rumbo. Así, la historia se convertirá en dos piezas teatrales y contradictorias hasta que un acontecimiento determina que cierta incoherencia no existía.
Como espectadores podemos ir sacando conclusiones sobre la marcha, escuchar susurros, pensamientos y pretendiendo acertar; aunque la realidad nos sorprenderá a todos los presentes.
El dinero y el poder cambia rotundamente a uno de los personajes y las sensaciones de amor-odio, aparecen y desaparecen fugazmente. Pareciera vital el tener que detestar a uno de los dos, sin embargo, cuando todo llega a su fin parece esfumarse ese sentimiento.
Una empresa capitalista busca jefe. Ese podría ser un titular, pero son imposibles de imaginar todas las vicisitudes, lágrimas, pasión y ternura que se suceden constantemente.
Dos universos parecen enfrentarse: el femenino y el masculino. Como Venus y Marte, como antagonistas, como diferentes propósitos para un mismo objetivo.
Como caprichosos que se adulan para conseguir aquello que anhelan y como monstruos que se erigen para destruir al otro.
Con suaves modos no siempre se llega al poder, con determinismo y convicción sí.
Testosterona es la suma de todo esto y más. Es una realidad global y efímera. Es una historia que no deja matices para la especulación del público pero sí de sus personajes.
Cuando la bronca se apodere de ellos, la luz iluminará incansablemente la ciudad diciéndoles que el juego terminó. Para ello tuvieron que utilizar todas sus armas, su intelecto y una poción “mágica”. El poder no se toca, se siente, como la seducción innata, como la imaginación y ese gusto a triunfo.
Sus ropas importadas, en tonos oscuros, habitando un piso 35 en que no es posible dejar entrar el viento de afuera, en que todo el ambiente es artificial, en que las cámaras los detectan, los desnudan, los supervisan y dejan en evidencia.
Testosterona no es inteligencia, simplemente es una hormona que los hombres tienen en mayor proporción que las mujeres. Solo será cuestión de encontrar la fórmula exacta que le permita apoderarse del sillón, dejando de lado los motivos de la convocatoria.
El hallazgo del presente
Nada tiene que ver Fito Paéz con esta historia, en que tres comediantes revelan sus preocupaciones sobre: el sexo, el amor y las relaciones humanas.
“Brillante sobre el mic” (protagonizada por Pau Farías y Pali Donato), se suben al escenario para decir sus verdades y, para ello invitan en esta ocasión a Juan Barraza.
Habrá amantes del genero stand up que ovacionarán este tipo de espectáculos y quienes desearán exterminarlo. Debo asumir que no es de mi preferencia pero cuando aparece una propuesta así, intento no prejuzgar al respecto.
Paula Farías tiene una gracia tan especial que demuestra, durante su actuación, la ductilidad de su palabra, dándonos una clase de improvisación en poco tiempo. Ella hila frases suyas, inventadas en el momento, con otras dichas por espectadores. Viene y va, baila y sonríe, sobresaliendo de una manera trascendente.
La sala The Cavern (Paseo La Plaza) es un lugar en que podemos relajarnos y entregarnos a pasarla bien sin esperar ver una obra de teatro ya que no es la temática.
Lo que diferencia a este show de otros es la utilización de recursos más clownescos que permiten les permiten reírse de sí mismas y no ridiculizar a los demás. Si bien emiten ciertas “malas palabras”, no agreden a nadie y eso es más que rescatable.
Tres artistas haciendo tres sketchs diferentes que conforman universos distintos. Dejando esto en claro podríamos cuestionar el título del espectáculo, el cual esboza valentía demostrando que el pudor no existe en sus vidas.
Paula logra hablar sobre la maternidad, sobre sus no ganas de traer un bebé al mundo y su deseo por ser madre de un nene a partir de los tres años. Hilando fino y teniendo en cuenta que se trata de un stand up, es ideal tener en cuenta la posibilidad de adoptar sin traer a colación pretextos o justificaciones que dejen de lado el deseo.
A la vez que Pali se erige como la ex gorda que desea arrasar con todo hombre que pretenda, demuestra cómo es posible reírse de sí misma sin sufrir. Existen muchos temas sobre discriminación que surgen a lo largo de la noche y, además de pintarnos una sonrisa en la cara podemos llevarnos un aprendizaje.
Nadie está exento de nada y ambas se respetan de una manera impresionante, se presentan, se dan los pies necesarios para lucirse y, como gusto personal, traen a un hombre que no habla de machismo sino del cariño que siente hacia su perro.
La humanidad está presente, el humor también y es grata una noche con estas características.
Contar el contenido de sus monólogos no tendría sentido ya que los chistes no surtirían efecto.
Lo que sí les puedo confirmar es que Brillante sobre el mic es una caricia, un modo de ver la vida y a la humanidad. Una manera de respetarse y respetar.
(…) Yo vi tu corazón, brillante sobre el mic en una mano, y ausente de las cosas pensaste en dejarlo y tirarlo junto a mí (…) es uno de los versos que todos recordamos de la canción del rosarino y quienes hayan visto o piensen en acudir a este espectáculo tienen que aceptar que estarán frente a todo lo opuesto a cursilerías y nostalgias. Una parodia sobre el amor y una manera de hacerle frente a esas circunstancias o soledades no siempre elegidas.


















Escrito
en enero 25, 2015