Una de las acepciones, según la RAE, se refiere a “obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres”.
Ese significado de la palabra novela nos puede transportar diversos mundos: el de un libro, el de la televisión, el del teatro, el de la vida misma, entre algunos ejemplos.
Pero “Imágenes de una novela” es más que eso. Es un universo en el que se conjugan tres vidas con tres historias -por momentos similares- por momentos diferentes. Esta obra de teatro nos convida con fragmentos de varias historias escritas por Luis Cano y adaptadas por Pablo Iglesias, en la que las actrices logran complementarse de una forma tan amalgamada que nos sentimos inmersos en las narraciones.
Así como en un comienzo observamos una pileta pelopincho como principal escenografía, todo lo que sucede luego se va entrelazando con dicho objeto.
Temas como la muerte, historias cotidianas y de entre casa, angustias, tristezas, alegrías; hasta desembocar de nuevo en la parca.
Pero esta parca no es la vestida de negra, con llantos desgarrantes, sino la despedida de un ser querido con el que guardamos los más bellos recuerdos y añoranzas.
La puesta en escena nos hace reflexionar hasta emocionarnos. Quien se suelte un poco logrará derramar tantas lágrimas que podrán llenar la pileta. Tal vez una de las metáforas sea que el agua cubra y purifique lo que físicamente ya no está.
Esta pieza de oro encaja de una manera ideal en cada una de sus partes. Cada fragmento se une con el siguiente sin dejar vacíos. Por otro lado, las poesías son las encargadas de relucir las historias. Claro que hay una protagonista (Clara Virasoro) -porque así la narración lo precisa-, pero las otras dos artistas (Valeria Actis y Camila Palacios) no son personajes secundarios sino sus manos, sus sentimientos, sus almas.
Las tres actrices consiguen ser una: con sus dialécticas, con sus modos de vivenciar cada rinconcito de sus vidas, de sus recuerdos, de sus infancias.
Los aromas, fragancias, olores y sentires, se huelen y vibran. Lo relatado es vivido por el público, quien se estremece de alegría o dolor según suceda en el escenario.
Cada forma de contar, precisa de un accesorio diferente, lo cual hace que se destaque la inventiva de los autores.
Por último, cabe destacar que las sutilezas implementadas durante la obra nos permiten reconocer en nuestro imaginario, cada momento, cada palabra. Las fotos colgadas en cierto momento de la obra nos dan un descanso mental y observamos con los ojos lo que nuestro corazón hizo durante los 50 minutos de esta dulce e inteligente dramaturgia.
(…) Agua que baña con aguas frescas
las costas que te acompañan.
Soy agua que fue y hoy está seca
para llover mañana.
Raíz profunda, no sabés del miedo
estás siempre acompañada (…).


Escrito
en abril 27, 2013