*** Noviembre 2019 ***

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Hasta que la sombra se proyecte

Aceite de mariposa1

Hay obras que pasan al lado nuestro mostrándonos determinadas realidades y, otras, que nos atraviesan transversalmente para generar un cambio de pensar y ver las cosas (al menos desde la óptica de la dramaturgia).

Aceite de mariposa (escrita por Thelma Demarchi y Ricardo Lago Oliveira, dirigida por este último y protagonizada por Thelma Demarchi) es una de esas historias del segundo tipo, porque de manera íntima y cercana nos narra algo tan real como certero, algo que cobra vuelo y nos moviliza tanto que conseguimos sentir lo que el personaje siente, pensar lo que dice, callar lo que su boca silencia y terminar soñando con un futuro en el que no se imponga una verdad sino muchas. Permitiendo la existencia no de una voz sino todas.

¿Quién es esta mujer que permanece sentada hablando de su pasado?

Esta respuesta podría obtener múltiples respuestas ya que todas las espectadoras somos diferentes, tenemos vivencias distintas y, por ende, nuestros recuerdos no son idénticos. Hablo en femenino no porque el unipersonal no pueda ser visto por hombres, todo lo contrario. Sino porque una de las temáticas de la pieza artística tiene que ver con nosotras, con la maternidad, con el hacerse cargo, con el no poder siempre, con el desbordar-se. 

Un hombre que se retrata como el abandono mismo, una madre que acapara, absorbe, condena y, quizás, a su manera ayude o perjudique. Una joven que busca el amor por donde sea y como sea. Que aguanta con tal de sentir cariño. Que se conforma con instantes, los cuales, posiblemente, la hundan más. 

Esta mujer que está rígidamente sentada, habla, cuenta… nos busca como testigos de su gran padecimiento que se centra, básicamente, en soportar estar viva. 

¿Cómo tolerar la existencia cuando no se hace un recorrido de auto conocimiento?

A veces los humanos pretendemos sacudir a alguien con nuestro dolor, pero este no es el caso. Ella no quiere llamar la atención, sino relatar una gran cantidad de años que la hicieron atravesar una montaña rusa tan digna como escalofriante. A quienes no sobreviven, pero ella sí. Y acá me detengo para comentarles que siempre que estemos ante la disyuntiva de tomar un camino fácil o difícil, tenemos la mayor herramienta llamada valor para hacerlo. Porque es simple tirar todo por el aire y hacer que explota, pero ella no pretende eso sino renacer como el famoso Ave Fénix, y no desde sus cenizas sino desde el dolor, el abandono, la tristeza, la creación y utilizar la razón para pegar cada partecita de su pasado… como un collage en el que todas las piezas son importantes. 

Algo muy estético y que suma es el tema de la iluminación, la cual va cambiando sus tonalidades de acuerdo a la escena que se desarrolle. Este detalle integra a la obra, uniendo la suma de las partes y manteniendo al público absorto.

Mientras tanto, la mariposa vive al máximo sus horas porque su permanencia en este mundo es breve. O, tal vez, la necesaria para exprimirla al máximo. 

Porque hay quien respira sin saber por qué ni para qué. Como si los días tuvieran que transcurrir delante suyo, como espectador de su propia vida. Pero, hay quien toma las riendas de su vida y cabalga junto a ella, sumergiéndose tanto como sus fuerzas se lo permitan.

¿Quién tiene la verdad? ¿Existe acaso?

Cuando el aceite se consuma, la oscuridad será plena y absoluta. Para ese entonces, la mujer deberá decidir si lamentarse o seguir adelante con un propósito. Por suerte, ella aprehende, se manifiesta, cobra valor y esperanza de un futuro en el que las cosas no sucederán simplemente por azar sino por un fin determinado.

Con un llanto desgarrador, seria, sonriente y tan cambiante como quien se busca; todo llega a su fin. Su recorrido también. Por suerte, el aceite de mariposa no se apaga como una vela. Permanece hasta que todo está dicho. Solo así víctimas o victimarios surgen. Cada quien juzgará u observará. Señalará con el dedo índice o guardará respecto porque aquel que no pudo y ahora puede; por quien siempre puede pero ahora decide correrse a un lado, por quien jamás se desplazará a menos que se lo ordenemos.

Aceite de mariposa es un drama que se vive a flor de piel, maravilloso, muy bien interpretado y con todo lo que una puesta en escena tiene que tener para atravesar la cuarta pared.

Mariela Verónica Gagliardi

Dramaturgia: Thelma Demarchi y Ricardo Lago Oliveira
Actúa: Thelma Demarchi
Dirección: Ricardo Lago Oliveira
Funciones: Domingos, 17 hs. Hasta el 24/11
Espacio Tole Tole (Pasteur 683 - CABA)
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Ya no más

Papi

Una obra de teatro que estará vigente, posiblemente, por mucho tiempo. Desgraciadamente por mucho tiempo. Hasta que la propia sociedad se de cuenta de sus consecuencias y del dolor que tiene un grupo vulnerable. Que lo transforme y nunca más lo acepte.

Papi es una obra de teatro escrita por Carlos Gorostiza en el año 1983, marcando una época pos militar con vestigios de la misma.

Papi no es la figura paternal -propiamente dicha- sino la de un hombre o mejor dicho varón que pretende ilusionar a una mujer, manipulándola a su antojo, maltratándola física y verbalmente hasta llegar a hacerla sentir culpable de todo lo que no hace o hace, de lo que dice y calla.

El año 83´, entonces, parece ser hoy mismo y es necesario (urgentemente) cambiar nuestra manera de concebir los vínculos. 

¿Quiénes son los cuatro personajes que pululan por esta gran historia dramática? Podría ser el gran enunciado que engloba sus sentires y deseos ocultos.

Una mujer-prostituta que vive en un barrio muy carenciado, dejando relucir sus propias penas, sus sueños de artista y la confianza que intenta depositar en el hombre que le “maneja la carrera”. Este hombre podría decir que genera impotencia, bronca y total compasión porque es el que tiene la vida más miserable. Al menos como mujer, así lo percibo y siento. Un pobre tipo, se podría afirmar; que teniendo familia no es feliz. Que maltratando se siente viril y poderoso y que mintiendo piensa que llegará a “algún lado”.

A esta dupla enfermiza y tóxica se suma otra dupla de hombres interesados en quizás ser “alguien”. 

Constantemente está en la superficie ese aire superador y patético como el de ser a costa o por encima de. Sin escrúpulos, pisando cabezas, utilizando la mentira para conseguir algo. Quizás ni siquiera es aquello que se quiere con el corazón sino algo vinculado a lo material y unido a lo tangible.

Papi es una obra de teatro que resulta brillante y que tiene que estar en la cartelera porteña y del país en general, mostrando un pensamiento conservador que lo único que logra es que no exista la transgresión. Transgredir no es malo ni negativo ni avasallante. Transgredir es superar las propias limitaciones y ella (la única figura femenina) lo conseguirá cuando crea en ella misma y deje de mirar a su lamentable entorno. 

Dentro de esta maravillosa pieza teatral no todo es drama sino que existen muchísimos momentos de risas y carcajadas en que se puede relajar el cuerpo y digerir la cruda realidad.

Cada nota que hago sobre obras en las que actúa Luciana Sosa, resalto su actuación y es que hace más de una década que la veo hacer diversos personajes y es un lujo notar su grandeza como artista. Es una de las mejores comediantes que tiene nuestro teatro argentino y quizás quienes se acerquen a verla en los espacios que está, puedan descubrirla o redescubrirla. Junto a ella, tres actores que, a la par, llevan adelante un texto disparatado, versátil, auténtico y muy profundo.

Papi es un grito a que los hombres nos valoren y a que nosotras lo hagamos también y en primer lugar.

Papi es un llamado de auxilio en nombre de esas mujeres que están obsoletas de herramientas para decir. ¡basta! ó ¡no! y que así sea.

No se puede convencer a un otro si no hay autoconvencimiento de lo que se dice. Entonces, los cuerpos, no son solo eso sino energía en movimiento que acepta o se rehúsa a seguir por un determinado camino.

Esta obra tiene momentos en que parece una clase de actuación, con técnicas muy útiles. En otros instantes, una enseñanza de valores y verdades que hay que romper y resignificar entre todos. Por último, un juego de niños en que se elige el mejor argumento de identidad. Quizás esto sea lo más valioso y lo que realmente nos sirva para perseguir nuestros sueños, sin lastimar a nadie.

¿Cuántos y cuántas pueden responder a la pregunta de origen?

¿Por qué nuestra sociedad suele contestar, usualmente, con una profesión u oficio?

Tal vez, cuando se responda con el nombre o la meta o aquello que tanto se desea; nuestra sociedad deje de ser violenta y se conduzca más hacia el camino del amor.

Autor: Carlos Gorostiza
Actúan: Luciano Bolletta, Damián Ermantraut, Daniel Petrecca y Luciana Sosa
Dirección: Ariel Basaldua
Funciones: Sábados, 21 hs
Espacio Tole Tole

Mariela Verónica Gagliardi

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Hijas del silencio

La trastornada

Sí. Soy yo, sos vos, somos todas. Todas las que amamos sin fronteras, sin escrúpulos, sin dimensión, sin pensar. Porque, ¿qué es el amor? ¿Qué está bien o mal? Lo naif es bien visto y aceptado, pero lo otro siempre parece estar al borde del abismo.

La trastornada (escrita y dirigida por Ariel Gurevich) es un claro ejemplo de esto. Dentro de esta gran puesta escénica, dramatúrgica y musical podemos notar cómo una mujer atraviesa la peor crisis eterna de su vida. Pero no es la única. Y esto es lo más interesante de propuesta.

Para analizar esta obra tuve que guardar mi sentimentalismo y amor profundo por la vida de Ada Falcón y pensar de modo objetivo. Entonces vislumbro una atmósfera que genera nostalgia, humor y una mirada en tono de melodrama. Aquí es donde me centro.

La trastornada plantea un universo femenino exageradamente brutal, con personajes antagónicos pero idénticos entre sí. Se puede ver a Laura Esses (protagonista de la historia) deambular por el lugar en que está internada hace tiempo. Una mujer que no habla con palabras sino con silencios, que está muerta en vida, que camina y cae a la vez, que recupera fuerzas en cuanto aparece el incentivo más grande -a nivel artístico- que es la música.

En cuanto ella vuelve a entonar las estrofas de los tangos que más siente, sus ojos se agrandan, sus pestañas toman forma de danza y su cuerpo se convierte en puro talento.

La pasión ha vuelto a su vida y lo genial de la trama es cómo va contagiándola a ambas empleadas del lugar -quienes también parecen estar en un estado de no vida, cumpliendo tareas por inercia-.

Esta pieza artística está narrada como novela, entonces los capítulos van ordenando cada escena a lo largo de la función. La decisión de organizar la obra de esta manera le otorga dinamismo pero no aceleramiento, motivo por el cual se puede disfrutar cada momento representado por las actrices, quienes son acompañadas por el propio Ariel Gurevich -en piano e interviniendo en algunas de las situaciones-.

Existen muchos matices de parodia que, junto al melodrama. se conjugan para volar hacia otras dimensiones.

Dejando a un lado a la protagonista, nos encontramos con las empleadas que son nada más ni nada menos que hermanas (Marcela Ferradás y María Inés Aldaburu). Y, las clásicas, las que pelean, se reprochan, traen el pasado para continuar discutiendo y ventilando todas sus intimidades de antaño.

Las tres actrices hacen un trabajo excelente, se fusionan creativamente y lo tienen ahí a su “salvador”. No por hombre solamente, sino por lo que representa.

Resulta increíble cómo el silencio se corrompe con la palabra verbal y nuestra Ada de la obra cobra vida a partir de cantar La desgracia. Luego continúa “Miseria, que es odio y es llanto porque sé quién eres”.

La música les permite reencontrarse con ellas mismas, descubrirse nuevamente (o por primera vez), soltar sus sentires, dejar los miedos por ahí y danzar la vida. ¡La vida! Que no es solo romance sino valentía y perseverancia.

Intentan interpretar todo, uniendo fragmentos de poemas y canciones de distintos ritmos. Así se suceden aquellas auto adjetivaciones que parecen interminables y que, sin embargo, tienen un desenlace.

(…) “Envidia que grita y llora (…). La exageración magníficamente expresada, retratrada, mezclada con frases de, incluso, San Agustín: “El rencor es como tomar veneno y esperar que el otro se muera”.

En lo que respecta a la escenografía, realmente es acogedora, con paredes empapeladas, la foto de Canaro en un lateral, y algunos pocos adornos para no cargar por demás.

Se puede observar cómo las luces tintinean en ciertas ocasiones para darle mayor tensión a la trama.

Mientras el clan femenino va de aquí para allá en busca de diversas cosas, el pianista evoca su sentimiento, su invisibilidad. Pero, su función es más que notoria (no solamente por su destreza con este instrumento de percusión) porque acompaña el “dolor ajeno”. Acompañar sin dar consejos, sin juzgar… Acompañar. Hasta ir transformando la realidad que parecía tan quieta y que fue y es posible modificar.

¿Para qué?

Para poder tener esa adrenalina en el cuerpo que nos hace sentir que tenemos la misión más importante del mundo: ser feliz.

¿Y la locura?

¿Quién dice que amar desmedidamente es perder la razón?

Mariela Verónica Gagliardi

Dramaturgia y dirección: Ariel Gurevich.
Actúan: Marcela Ferradás, María Inés Aldaburu, Laura Esses y Ariel Gurevich.
Dirección musical: Diego Vila.
Funciones: Domingos, 16 hs.
Centro Cultural 25 de Mayo (Av. Triunvirato 4444 - Villa Urquiza).

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